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miércoles, 21 de enero de 2026

La persona, un valor universalmente aceptado

Vivimos en una sociedad plural; los criterios morales y de todo tipo son muy variados. Pero hay un valor, originariamente moral y que fundamenta los restantes ámbitos de la vida humana, que es aceptado, en la actualidad, por todas las éticas occidentales: la persona.

1. Origen del concepto de persona

Aunque entre los estoicos (griegos y romanos) aparece cierta idea de igualdad entre todos los seres humanos dotados de razón, el concepto de persona, tal como nosotros lo concebimos, se incorpora a nuestra cultura de mano de la tradición judeo-cristiana.
En el judaísmo, todos los seres humanos hemos sido creados por Dios a su imagen y semejanza, con lo que se amplía el horizonte estoico, si bien no se utiliza todavía la palabra "persona".
Será en el cristianismo, al intentar los primeros teólogos explicar la revelación del Dios Trinitario, cuando el concepto de persona haga su irrupción en la historia: todos los seres humanos somos personas, pues hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios, que es tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; además, y puesto que Dios es Padre, todos los hombres son hermanos.


  Etimología 

La palabra persona traduce el mismo término latino, el cual, a su vez, proviene del griego πρόσωπον (prósopon), con el que los griegos designaban la máscara que los actores utilizaban en el teatro para representar a sus personajes y para dirigir adecuadamente la voz hacia los espectadores. Esta significación casi nada tiene que ver con la que nosotros le damos en la actualidad, solvo si la entendemos en els entido de que todas las personas "representamos un papel" (el carácter que nos vamos forjando) a lo largo de nuestra vida.

2. Desde la antigüedad hasta nosotros

La primera definición de persona la da Boecio (Anicius Manlius Torquatus Severinus Boethius, 480-525 d.C.): "Sustancia individual de naturaleza racional". Dicha definición se mantiene, con ligeras variaciones formales, hasta la Ilustración, siendo entonces reformulada por Kant, para quien la persona es un fin en sí misma, dado que es un ser autónomo (capaz de darse a sí mismo normas morales); por esto precisamente, porque las personas somos autónomas y, por tanto, fines en nosotras mismas y dignas de respeto, es posible que la razón halle en la ética un imperativo moral incondicionado, es decir, que ha de ser cumplido por todos y siempre, si queremos que nuestra conducta sea moral. Esta norma moral incondicionada se fundamenta y justifica en el valor absoluto de todas y cada una de las personas, y Kant enuncia así la segunda reformulación que da de ella en Fundamentación de la metafísica de las costumbres:

Obra de tal modo que trates la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio.


  La persona en el judaísmo 

Y dijo Dios:
- Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles.
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo Dios:
- Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los vivientes que reptan sobre la tierra.
Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno.

Génesis (adaptado)

 La persona en el estoicismo   

¡Oh Tú, el más glorioso de los inmortales, de numerosos nombres, siempre omnipotente, Zeus, principio soberano de la naturaleza, que todo gobiernas de acuerdo con la ley, te saludo! Pues es lícito a todos los humanos invocarte de viva voz. Porque somos de tu estirpe, y somos los únicos que recibimos la imagen de la razón divina de todos cuantos seres viven y se mueven sobre la tierra. Por eso te celebraré en mi himno y tu poder siempre cantaré.
Cleantes de AsoHimno a Zeus

 La persona en el cristianismo 

Ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón y hembra, pues vosotros hacéis todos uno, mediante el Mesías Jesús.
Gálatas

Dejad de mentiros unos a otros, ya que os despojasteis del hombre que erais antes y de su manera de obrar y os vestisteis de ese hombre nuevo que por el conocimiento se va renovando a imagen de su Creador; y aquí no hay más griego ni judío, circunciso ni incircunciso, extranjero, bárbaro, esclavo ni libre.
Colosenses 

 La persona en Immanuel Kant 

Los seres racionales llámanse personas porque su naturaleza los distingue ya como fines en sí mismos, esto es, como algo que no puede ser usado meramente como medio, y, por tanto, limita en ese sentido todo capricho (y es un objeto de respeto). Éstos no son, pues, meros fines subjetivos, cuya existencia, como efecto de nuestra acción, tiene un valor para nosotros, sino que son fines objetivos, esto es, cosas cuya existencia es en sí misma un fin, y un fin tal, que en su lugar no puede ponerse ningún otro fin para el cual debieran ellos servir de medios, porque sin esto no hubiera posibilidad de hallar en parte alguna nada con valor absoluto; mas si todo valor fuere condicionado y, por tanto, contingente, no podría encontrarse por la razón ningún principio práctico supremo.
I. KantFundamentación de la metafísica de las costumbres

 La persona en Emmanuel Mounier (Filósofo francés, 1905-1950)  

La aventura de la persona es una aventura continua desde el nacimiento hasta la muerte. Así pues, la consagración a la persona, el amor, la amistad, sólo son perfectos en la continuidad. Éste no es un despliegue, una repetición uniforme como los de la materia o de la generalidad lógica, sino un continuo resurgir. La fidelidad personal es una fidelidad creadora.
El acto de amor es la certidumbre más fuerte del hombre, el cógito existencial irrefutable: "Amo, luego el ser es y la vida vale la pena de ser vivida."
E. Mounier, El personalismo (adaptado)

jueves, 5 de octubre de 2023

El ser humano como persona

El concepto de persona reúne, en cierto modo, los rasgos más importantes del ser humano en sus aspectos individuales y sociales. Por eso, se establece una diferencia esencial entre el mundo de las "cosas" y el mundo de las "personas". Consideremos algunas cuestiones que permitan analizar este concepto central de la antropología filosófica.


1. Un concepto complejo: la unidad de la máscara


El término persona tiene un curioso origen. Persona es un término latino que, a su vez, se corresponde con el significado del término griego prósopon. Era el nombre que se daba a la máscara que los actores del teatro llevaban para identificar el personaje que representaban, evitando su confusión con otros. Así, persona era la máscara que daba unidad al personaje. De ahí que el término personalidad quiera decir el modo propio de ser de cada uno, y que un sujeto humano posea siempre una personalidad propia.

El tránsito desde el concepto de máscara al de persona posee una larga historia que resalta el valor del individuo humano frente a las cosas. Sócrates señaló que uno de los rasgos esenciales del ser humano era poder "conocerse a sí mismo". Su discípulo Platón, por su parte, afirmó que el ser humano tenía valor porque poseía un alma inmortal. Pero fueron el derecho humano y el cristianismo los que dieron un extraordinario impulso al concepto de persona:

1) En la antigua Roma se reconocía a sus ciudadanos una existencia civil como individuos concretos, que se traducía en la posesión de una serie de derechos. Los esclavos no tenían esos derechos y, por eso, no eran considerados personas, sino simples cosas. Por ello, en el derecho romano se encuentra la raíz del concepto jurídico de persona como sujeto de derechos y deberes.

2) En el cristianismo se piensa que cada ser humano es una criatura de Dios que posee un alma capaz de recibir premios o castigos según sea su actuación. Y además se cree que la vida se prolonga más allá de la muerte. Todo ello no hace sino subrayar el valor de la persona como una entidad autónoma, con identidad propia y, sobre todo, con una permanencia y continuidad que no termina en esta vida.


2. La persona, sujeto de derechos y de responsabilidad moral


Hay dos elementos fundamentales del concepto de persona que es preciso destacar: es sujeto de derechos y de responsabilidad moral. Consideremos lo que ello representa:

1) El derecho romano, como ya hemos comentado, identificaba el concepto de persona con la posesión de una serie de derechos. Claro que, en la antigua Roma, las "personas" eran solamente los ciudadanos romanos: los esclavos, que eran una parte importante de la población, no tenían esta consideración y valían lo mismo que las cosas y los animales.

La expansión del cristianismo supuso el progresivo reconocimiento del valor del ser humano, pero durante muchos siglos, los derechos solo se les reconocerían a los nobles y a las clases privilegiadas.

La Revolución Francesa supuso un cambio fundamental, al terminar con los privilegios del Antiguo Régimen y proclamar, en 1789, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Por primera vez en la historia se reconocía que el ser humano, por el mero hecho de ser tal, era sujeto de derechos.

2) Pero la persona no es sólo sujeto de derechos. Una persona es capaz de actuar libremente y de "responder" de sus acciones frente a los otros seres humanos. Es decir, es "responsable" de sus actos. Por ello, no sólo tiene derechos, sino que también tiene deberes. Y es que tener derechos propios supone tener también deberes hacia los otros. Ambos aspectos se unen en el concepto de persona.

Kant vio con suma claridad que la diferencia fundamental entre las cosas y las personas era que éstas podían actuar de modo libre y, por ello, dar cuenta de sus actos. En el núcleo de la persona se encuentra la fuente de la moralidad: no precisa que nadie le diga cómo debe actuar. La persona es la fuente del deber y de la moralidad, y se encuentra en la base del concepto de ciudadanía.

Muchos filósofos del siglo XX, desde Scheler a Habermas o Levinas, han desarrollado esta misma perspectiva. Derecho y deber son dos aspectos del valor de la persona que no pueden olvidarse nunca.


3. Una filosofía de la persona: el personalismo y el existencialismo


En el siglo XX, dos escuelas filosóficas han subrayado el valor de la persona como uno de los temas esenciales de la filosofía:

1) El existencialismo: es una escuela filosófica inspirada en el pensamiento de Heidegger y en el de Sartre. Para estos pensadores, la tarea más importante de la filosofía es dilucidar el sentido de la existencia humana y, sobre todo, advertir que el sujeto humano es tal porque debe enfrentarse a un mundo de posibilidades y necesita elegir entre ellas y construir su vida como un proyecto.

A veces, las conclusiones del existencialismo no son optimistas, pues la existencia humana no siempre es agradable, pero en ella y en sus rasgos trágicos es donde debe encontrarse el sentido de la persona.

2) El personalismo: Emmanuel Mounier, influido por la tradición cristiana, cree que la persona es la única fuente de los valores verdaderos.

Una persona no es una sustancia cerrada, sino un principio de esfuerzos y proyectos que nunca puede ser dominado. Es la fuente de la libertad y de la creatividad. Por ello, defender el valor de la persona es el verdadero remedio contra todo totalitarismo. El auténtico concepto de persona, además, debe tener en cuenta la comunidad en la que vive el individuo, de modo que resalte los valores sociales.

Otros filósofos del siglo XX, como Scheler, Buber o Ricoeur, han desarrollado tesis cercanas al personalismo, y han hecho del concepto de persona un elemento esencial de reflexión.