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domingo, 25 de enero de 2026

Kant y el destino de la razón humana

Kant, I.Crítica de la razón pura (1781)

La razón humana tiene el destino singular [...] de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades.

La perplejidad en que cae la razón no es debida a culpa suya alguna. Comienza con principios cuyo uso es inevitable en el curso de la experiencia, uso que se halla, a la vez, suficientemente justificado por esta misma experiencia. Con tales principios la razón se eleva, cada vez más (como exige su propia naturaleza), llegando a condiciones progresivamente más remotas. Pero advirtiendo que, de esta forma, su tarea ha de quedar inacabada, ya que las cuestiones nunca se agotan, se ve obligada a recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico [...]. Es así como incurre en oscuridades y contradicciones. Y, aunque puede deducir que estas se deben necesariamente a errores ocultos en algún lugar, no es capaz de detectarlos, ya que los principios que utiliza no reconocen contrastación empírica alguna por sobrepasar los límites de toda experiencia. El campo de batalla de estas inacabables disputas se llama metafísica.

sábado, 24 de enero de 2026

La existencia de tres ámbitos de realidad según Popper

Sin tomar los términos "mundo" o "universo" demasiado en serio, podemos distinguir los siguientes tres mundos o universos: primero, el mundo de los objetos físicos o de los estados físicos; segundo, el mundo de los estados de conciencia o de los estados mentales, o quizás de las disposiciones para actuar; y, en tercer lugar, el mundo de los contenidos objetivos de pensamiento, especialmente el mundo compuesto por los pensamientos científicos y poéticos y el de las obras de arte. [...] Desde un principio quiero confesar que soy un realista: pienso, de modo semejante a un realista ingenuo, que hay un mundo físico (mundo 1) y un mundo de estados de conciencia (mundo 2) y que ambos mundos interactúan entre sí. También creo que existe un tercer mundo [...]. Entre los componentes de mi "mundo 3" se encuentran los sistemas teóricos, así como los problemas y las situaciones problemáticas. Y mantendré que los más importantes componentes de este mundo son los argumentos críticos [...] y, por supuesto, el contenidos de revistas, libros y bibliotecas.

Popper, K.Conocimiento objetivo

martes, 6 de enero de 2026

Los dos "mundos" de Ortega y Gasset

Hay, pues, toda una parte de la realidad que se nos ofrece sin más esfuerzo que abrir ojos y oídos: el mundo de las puras impresiones. Bien que le llamemos mundo patente. Pero hay un trasmundo constituido por estructuras de impresiones, que si es latente con relación a aquel que no los es, por ello, menos real. Necesitamos, es cierto, para que este mundo superior exista ante nosotros, abrir algo más que los ojos, ejercitar actos de mayor esfuerzo; pero la medida de este esfuerzo no quita ni pone realidad a aquel. El mundo profundo es tan claro como el superficial, solo que exige más de nosotros.

Ortega y Gasset, J.: Meditaciones del Quijote

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El problema de la religión y la existencia de Dios

Uno de los temas clásicos de la metafísica es el problema de la religión y de la existencia de un ser supremo, así como el análisis de las relaciones entre Dios y el mundo. Estos problemas tienen su origen en la consideración de la finitud humana y de la contingencia del mundo.

1. La religión

Todas las culturas han desarrollado diferentes formas de religión como respuesta a los problemas últimos de la realidad y de la existencia. La metafísica pretende realizar un análisis racional de la religión.

Mediante la religión, el ser humano y las sociedades se "unen" (religare significa "unir") a realidades trascendentes que explican la contingencia de la existencia y de la realidad. Así, la religión posee dos funciones:

1) Establece la comunicación del ser humano con un ámbito que le trasciende y explica los misterios de su existencia.

2) Tiene un componente social: une a quienes comparten las mismas creencias religiosas e influye en las formas de organización social.

2. Lo sagrado y el hecho religioso

En el núcleo de toda religión se encuentra el fenómeno del hecho religioso, entre cuyos rasgos comunes cabe señalar los siguientes, como apuntan Rudolf Otto y Mircea Eliade:

1) El reconocimiento de un ámbito que trasciende la vida humana y la existencia física contingente.

2) Este ámbito trascendente es sagrado: está separado de lo contingente, de lo profano, pero influye sobre ello.

3) Lo sagrado tiene dos rasgos fundamentales: a) Inspira miedo por su poder, y ante ello sólo se puede mantener una actitud de sumisión y de piedad; b) Es un misterio fascinante que inspira admiración.

4) Lo sagrado se expresa en símbolos y en manifestaciones misteriosas. En muchas ocasiones, la interpretación de los símbolos queda en manos de una casta o grupo social determinado, que tiene privilegios sociales y es objeto de temeroso reconocimiento por la sociedad.

La religión es un hecho cultural siempre presente en la historia. Tras ella se encuentra el problema del sentido de realidades que nos superan, como es la muerte, la posible realidad del "más allá" o la trascendencia.

Para algunos filósofos, la religión es un hecho de importancia indiscutible. Así pensaron Tomás de Aquino o Kierkegaard, entre otros. Para otros, aun cuando no hay un fundamento racional para admitir la religión, ésta fundamenta una acción correcta, como decía Kant.

Sin embargo, la religión ha sido también objeto de críticas negativas. Así, para Marx es una forma de adormecimiento ante la injusticia social. Nietzsche pensaba que surgía del resentimiento y era propia de quienes no aceptan la vida. Freud afirmaba que sólo es una ilusión.

3. Ateísmo y agnosticismo

El ateísmo afirma que Dios no existe y que, por tanto, no tiene sentido mantener una discusión sobre Dios y los problemas religiosos.

El agnosticismo sostiene que sólo se puede conocer aquello que se encuentra dentro de los límites de la razón y es acorde con los resultados del conocimiento científico: por ello, entiende que no es posible mantener un juicio fundamentado acerca de los problemas religiosos y de la existencia de Dios.

4. Dios y el mundo

Podemos distinguir tres conjuntos de problemas metafísicos que se ocupan racionalmente del problema de Dios:

1) El concepto de Dios: Dios es considerado un ser autosuficiente que existe eternamente por sí mismo. Es el ser supremo y representa la máxima perfección. En cierto modo, es el contrapunto a la finitud y a la contingencia.

2) La prueba de la existencia de Dios: La metafísica analiza la posibilidad de una prueba racional de la existencia de Dios. Tres han sido los tipos de argumentos utilizado para probar la existencia de Dios mediante el mero empleo de la razón humana:

a) El argumento ontológico: Puesto que Dios es el ser perfecto, no puede no existir, pues sería una imperfección.

b) El argumento cosmológico: Es necesario que exista una causa última del cosmos o universo.

c) El argumento de la finalidad: El orden del mundo exige admitir la existencia de un ser ordenador supremo, que es Dios.

3) Las relaciones entre Dios y el mundo: Dos son las posturas fundamentales que la metafísica clásica admite ante estas relaciones:

a) La creación: Reconoce a Dios como creador de un mundo que tiene leyes propias. Pero una vez creado, el universo sigue sus propias leyes, sin que Dios intervenga en él.

b) La providencia: Mantiene que, tras la creación, Dios ejerce una labor providente sobre el mundo.

En ambas posturas se reconoce el papel creador de Dios y su existencia como ser trascendente al mundo.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Metafísica: La crítica a los grandes sistemas

Ninguna reflexión sobre la metafísica y sus pretensiones de totalidad puede resultar completa sin analizar la crítica a la capacidad de la razón para responder a los problemas que la metafísica se plantea.

1. Kant: las ilusiones de la razón

Kant era consciente de la importancia de las investigaciones físicas de Newton y de las aportaciones de la ciencia experimental. Asimismo, estaba impresionado por la filosofía de Hume, que criticó la validez de los grandes conceptos metafísicos, porque no se basan en los datos de la experiencia. Pero Kant también deseaba saber por qué las ciencias habían avanzado espectacularmente en el conocimiento de la naturaleza y la metafísica seguía planteándose los mismos problemas.

Kant pretendía analizar los límites de la razón y estudiar cuáles son las bases de un conocimiento racional fundamentado. Para ello, afirmaba que todo conocimiento debe ser una combinación de los datos de la experiencia y de las categorías del entendimiento. Las matemáticas y la física avanzan porque en ellas se da esta combinación. Sin embargo, la metafísica no se apoya en los datos de la experiencia. Se deja guiar únicamente por la razón, sin contenido empírico alguno. Por eso no avanza y sus conocimientos son ilusorios: las grandes ideas de la metafísica son ilusiones de la razón. No son conocimientos ciertos ni seguros. Es decir, la metafísica no es una ciencia.

A pesar de todo, pensaba Kant, las grandes "ilusiones metafísicas" tienen validez como guías de la acción humana. Y, lo que es más significativo, Kant afirmaba que la razón humana siempre se planteará esas cuestiones generales, aunque sepa que no pueda responderlas adecuadamente.

El trabajo de Kant destronó las pretenciosas ambiciones de la razón teórica, pero también constató que el destino del ser humano era soportar la perplejidad de plantearse preguntas sin una respuesta cierta.

2. Marx: materia, trabajo y sociedad

Marx advirtió la necesidad de pensar la nueva sociedad surgida de la Revolución Industrial, y su revisión del idealismo de Hegel desembocó en una crítica de la naciente sociedad capitalista.

A diferencia de Hegel, Marx pensaba que la realidad fundamental no es la razón ni la conciencia, sino la materia.

Los presupuestos esenciales de la crítica de Marx son tres:

1) Solo existe la materia.

2) Esta se transforma mediante el trabajo humano.

3) Las relaciones humanas tienen una evolución histórica determinada.

La realidad material y la fuerza de la naturaleza son la base de lo real. Pero ante esta realidad se encuentra el ser humano, que transforma la naturaleza mediante su trabajo. Ahora bien, esta transformación sigue una evolución determinada a lo largo de la historia, en la que se distinguen diferentes modos de producción, caracterizados por el modo de trabajo: el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo.

En todas estas etapas históricas se mantiene una diferencia esencial: la que existe entre los trabajadores y los propietarios, que tiene su origen en la propiedad privada. Aquellos son cada vez más pobres. Estos son cada vez más ricos. Por eso, analizar lo que sean la realidad y el ser humano supone analizar las formas de trabajo y propiedad, así como la evolución histórica de la sociedad.

3. Nietzsche: la vida y la voluntad

Nietzsche desarrolló un pensamiento de extremada originalidad y gran brillantez de estilo que critica muchas de las aportaciones de la metafísica occidental. Considera que la metafísica ha pretendido encontrar un "mundo real" y seguro frente al "mundo aparente", lleno de imperfecciones, que transmitían los sentidos.

La historia de la metafísica es, en realidad, la "historia de un inmenso error" que supone minusvalorar la vida y los sentidos.

Frente a lo que dicen los grandes sistemas metafísicos, es necesario aceptar radicalmente la vida, que es siempre inseguridad y ensayo, frente a toda seguridad. Este mundo de la vida no puede ser conocido mediante códigos morales ni mediante conceptos abstractos. Debe ser aceptado como tal, y conocerlo supone defender el "instinto de la vida". Toda otra abstracción engaña a la vida.

La aceptación de la vida conlleva el surgimiento de un nuevo tipo de sujeto humano, que no acepte los antiguos códigos morales, la imposición de los dioses o la necesidad de una seguridad más allá de toda apariencia. Este nuevo tipo de sujeto será el superhombre, que reconoce el valor de la vida y la fuerza de su propia voluntad.

4. El positivismo: la metafísica como saber sin fundamento

Comte estaba fascinado por las excelencias de la civilización industrial del siglo XIX. En su obra, planteó la necesidad de la sociología como una ciencia que debía dar cuentra de la nueva situación, que la filosofía no podía explicar. Esta nueva ciencia debía sustituir a la metafísica, que se perdía en abstractas especulaciones, sin proporcionar un conocimiento adecuado de la realidad.

La sociología debía tener un carácter "positivo", es decir, exigía emplear la observación y analizar las leyes que rigen las relaciones entre los fenómenos observables. Las afirmaciones o enunciados de esta nueva ciencia debían referirse siempre a hechos positivos.

La teoría de Comte adolece de muchas imprecisiones, pero apunta una crítica importante: la metafísica no es válida porque no parte de la observación y de los hechos positivos. Fue el origen del llamado positivismo clásico.

A comienzos del siglo XX, se planteó una nueva crítica a la metafísica. Procedía del llamado Círculo de Viena, que reunía a un grupo de físicos y de filósofos que pensaban que la única realidad aceptable era la que mostraba la física. Los pensadores del Círculo de Viena inauguraron el movimiento denominado neopositivismo.

Para los neopositivistas, la metafísica clásica es una actividad intelectual sin sentido. El único modo adecuado de hacer filosofía es hacer filosofía de la ciencia y proponer afirmaciones que puedan someterse al principio de verificación empírica.

5. Wittgenstein: el análisis del lenguaje

Frente a las pretensiones de la metafísica, Wittgenstein afirma que la filosofía debe reducirse al análisis del lenguaje. Y es que el lenguaje es la realidad fundamental humana, y solamente podemos abordar aquello sobre lo que podemos hablar con un lenguaje significativo.

Para Wittgenstein, la filosofía es una actividad que consiste en el análisis y la clarificación lógica de los pensamientos. Como éstos se expresan en el lenguaje, la filosofía deberá pretender alcanzar la claridad máxima en las expresiones lingüísticas. Siempre que hay un problema filosófico es porque hay algo que "anda mal" en el lenguaje.

La filosofía debe clarificar el lenguaje para que los problemas se expresen adecuadamente. En realidad, la única manera de hacer metafísica es convertirla en análisis del lenguaje.

Wittgenstein es el punto de partida de la filosofía analítica, que ha dominado parte de la filosofía del siglo XX. Su interés fundamental es analizar el significado de los enunciados de la metafísica. Como dice Strawson, solo hay dos formas posibles de hacer metafísica:

1) Una metafísica "revisionista", que revisa los problemas filosóficos tradicionales, criticando su sentido.

2) Una metafísica "descriptiva", que describe los límites conceptuales de nuestro lenguaje.

6. El siglo XX: a pesar de todo, un siglo postmetafísico

En el siglo XX solo parecía quedar un lugar para la metafísica: ejercer una labor de clarificación lingüística o bien reflexionar sobre la ciencia. La muerte de la metafísica se había anunciado de formas muy diferentes. Sin embargo, esta muerte no se ha producido, y a lo largo del siglo XX han aparecido propuestas metafísicas de carácter muy diferente.

Muchas de ellas tienen en cuenta las críticas que hemos señalado en esta entrada, pero no renuncian a seguir planteando cuestiones fundamentales acerca de la estructura de lo real y de los principios de las cosas. Siguen compartiendo el impulso esencial de radicalidad que se encuentra tras la investigación metafísica, y continúan haciendo real la sospecha de Kant: la razón humana parece constituida de forma tal que siempre se plantea cuestiones a las que no puede dar una respuesta segura.

Como ha afirmado Habermas, nuestra época es, en cierto modo, un tiempo postmetafísico; sigue pensando algunos de los problemas clásicos de la metafísica, asumiendo las críticas contra las pretensiones exageradas de la razón. Y de un modo más cauto, pero no menos radical, seguimos preguntándonos por el sentido de la realidad. Basta con pensar en los trabajos de Heidegger, de Ortega, de Derrida o de Levinas para advertirlo.

jueves, 4 de septiembre de 2025

Los grandes sistemas filosóficos y la interpretación de la realidad


La metafísica se ha concretado, a lo largo de la historia de la filosofía, en una serie de sistemas de pensamiento. Algunos de ellos son idealistas, piensan que solo existe una realidad de tipo ideal o espiritual. Otros reivindican la materia como única realidad posible.
Asismismo, unos sistemas admiten un único principio de la realidad: son monistas. Otros creen que el núcleo de la realidad se compone de varios elementos: son pluralistas.
Y todos pretenden elaborar una visión general de la realidad y del mundo: son verdaderas cosmovisiones que han ejercido una gran influencia histórica en Occidente.

1. Platón: la realidad de las ideas

En el siglo IV a.C., Platón propone uno de los más importantes sistemas metafísicos. Su pensamiento tiene en cuenta las reflexiones de filósofos anteriores, la filosofía oriental y, en especial, las matemáticas.

Platón es dualista, piensa que existen dos tipos de realidad diferentes. Por un lado, la realidad material que nos muestran los sentidos, y que se encuentra sometida al cambio. Por otro lado, la realidad de los objetos de la razón y de las matemáticas, que no cambian nunca. Según Platón, la verdadera realidad se encuentra en el mundo de las ideas. Las ideas son formas abstractas, eternas e inmutables. Entre ellas hay una gradación que culmina en la idea de bien.

Las realidades materiales, propias de la experiencia sensible, son simples copias de las ideas. Así pues, conocer una realidad equivale a conocer la idea de la que esa realidad es una copia. Y el verdadero conocimiento será el conocimiento de las ideas.

2. Aristóteles: la sustancia de los seres individuales

Aristóteles fue discípulo de Platón, y realizó una completa síntesis del saber de su tiempo. Poseía una extraordinaria curiosidad intelectual y sus primeros estudios se dedicaron a analizar el mundo de los fenómenos naturales y los seres vivos. Desde esos análisis, se planteó un problema esencial: cuál es el principio de la realidad. Su obra ejerció una extraordinaria influencia, especialmente en la Edad Media.

Para Aristóteles, la realidad esencial es la sustancia. La pregunta por el ser de la realidad se traduce en la pregunta por el sustancia de cada cosa. Que algo posea una sustancia supone decir que algo tiene una naturaleza propia que es la causa de su movimiento y evolución. Esto implica la aceptación de la realidad de las cosas particulares que se encuentran en la experiencia sensible, a diferencia de lo que pensaba Platón.

La teoría de la sustancia es muy compleja, y Aristóteles centra en ella su visión del mundo. Pero para explicar el cambio y el movimiento de las distintas sustancias, Aristóteles introduce los conceptos de "acto" (lo que es realmente) y de "potencia" (lo que todavía no es, pero puede llegar a ser). Así, cuando algo cambia, pasa de la potencia al acto. Estos dos términos han tenido una gran influencia a lo largo de la historia de la filosofía occidental.

Aristóteles distingue varios tipos de sustancias y postula la existencia de una sustancia superior que es la referencia de todos los cambios y movimientos: el motor inmóvil, que es eterno, la causa del movimiento y que se encuentra alejado del mundo. En la filosofía cristiana de la Edad Media, este motor inmóvil será identificado con el Dios creador.

3. El atomismo antiguo: el principio material de la realidad

Leucipo y Demócrito (siglo V a.C.) crearon un sistema metafísico muy diferente a los de Platón y Aristóteles: el atomismo. Según estos filósofos, el principio de la realidad son los átomos, que son materiales. El suyo fue el primer sistema metafísico de carácter materialista.

Según los atomistas, cuanto es real se compone de partículas materiales indivisibles llamadas átomos. Los átomos se distinguen por su forma, su situación y las relaciones que establecen entre sí. Los átomos se desplazan y chocan entre ellos, y su movimiento se rige por una ley ciega, que no se explica por una realidad exterior al mundo material.

Los seres concretos se componen de diferentes combinaciones de átomos. Y toda la realidad, desde el conocimiento hasta el alma, se explica gracias al movimiento de los átomos y a sus diferentes combinaciones. Nada queda fuera de la realidad material de los átomos.

4. Tomás de Aquino: Dios y las "creaturas"

Tomás de Aquino es el más importante filósofo de la Edad Media cristiana occidental, y su influencia en la cultura occidental ha sido extraordinaria. En su obra combina los principios de la filosofía de Aristóteles con la fe cristiana.

Los principios esenciales de los que parte Tomás de Aquino para explicar la realidad son dos: la necesidad de postular la existencia de un Dios creador y la necesidad de combinar la fe cristiana y la razón de tal modo que pueda ofrecerse una explicación de la realidad acorde con las exigencias de la revelación cristiana.

Al inicio de su pensamiento, Aquino destaca un hecho fundamental: la diferencia que existe entre Dios y las "creaturas". Para explicar la distinción entre Dios y las "creaturas", Aquino plantea la diferencia entre esencia y existencia:

1) Todos los seres tienen esencia, pero no tienen por qué existir. Dios es el único ser cuya existencia es un rasgo de su propia esencia. Por eso, tiene que existir necesariamente.

2) La existencia de las cosas particulares proviene de la acción creadora de Dios. Por ello, analizar el ámbito de las "creaturas" exige buscar el principio de su creación, es decir, exige considerar a Dios, el único ser cuya esencia incluye la existencia. Él es el único ser necesario, todos los demás son contingentes.

5. Hegel: el gran sistema idealista. Espíritu, razón y realidad

A comienzos del siglo XIX, Hegel desarrolló un complicado sistema metafísico. La obra de Hegel era, en cierto modo, una respuesta a las nuevas exigencias históricas representadas por el triunfo de la Revolución Francesa y el auge de la sociedad burguesa. Dos son los conceptos esenciales que nos interesa destacar en el sistema de Hegel:

1) La razón: Es el valor supremo de la realidad. Hegel piensa que la verdadera realidad se encuentra articulada según las exigencias de la razón. Y la máxima realidad no es más que el triunfo de la razón. Todo aquello que sea real, deberá ser también racional.

2) El espíritu: Ahora bien, la razón no es algo que se encuentre en forma aislada, al modo de las ideas platónicas; es un producto del espíritu, que es el nuevo sujeto que Hegel construye.

Tradicionalmente, el sujeto humano era pensado en forma individual. Pues bien, el espíritu es la combinación de los aspectos objetivos y subjetivos, particulares y universales, del ser humano. Hegel lo definió como "un yo que es un nosotros y un nosotros que es un yo". En cierto modo, el espíritu es la misma humanidad que piensa y actúa a lo largo de la historia humana.

La razón es la característica más relevante del espíritu. Cuando triunfe la razón, nada de lo que sea real resultará extraño al ser humano. Entonces, el ser humano podrá reconocerse a sí mismo en todo lo que es real.

Hegel extendió los principios de su sistema a todos los ámbitos del conocimiento y la acción humanos, así como a la historia y a la naturaleza. Fue el última gran sistema metafísico de la Modernidad.

martes, 8 de julio de 2025

Un saber radical: la Metafísica

 El estudio de los rasgos de la realidad y del ser se llama metafísica. Éste es un nombre de curioso origen. En el siglo I a.C., los discípulos de Aristóteles ordenaron sus obras, y situaron los libros que trataban del ser y la realidad tras los dedicados al estudio de la naturaleza (physis): los llamaron "los libros que están más allá de los libros de la física".

1. La metafísica como filosofía primera

Aristóteles advirtió que "más allá" de los problemas que planteaba el estudio de los fenómenos naturales era necesario analizar los aspectos comunes de todo lo real. Este análisis era el objeto de la filosofía primera, que fue el primer nombre de lo que hoy llamamos metafísica.

El objeto de la filosofía primera era el estudio de los principios fundamentales de la realidad y de todo cuanto existe.

Como afirma Aristóteles, la filosofía primera analiza los rasgos de "ser en cuanto ser", del ser de "lo que es", también llamado "lo ente", y quería identificar sus primeros principios y sus causas. Para ello, debía tener en cuenta las realidades concretas, pero no se quedaba en ellas: analizaba las cuestiones más generales que permiten explicar por qué una cosa es lo que es y cuáles son los principios que la constituyen.

También se conoce esta rama más general de la filosofía con el término ontología, que significa "ciencia del ser". Para Aristóteles, era la forma suprema de filosofía. Por eso, la llamó filosofía primera.

2. La metafísica clásica

Durante muchos siglos, la metafísica se identificó con la filosofía y con la ciencia. Las demás ramas de la filosofía se derivaban de ella.

La metafísica clásica, caracterizada por un elevado nivel de abstracción, pretendía describir el denominador común de la realidad. Para ello, debía desarrollar la máxima generalidad, pues los rasgos de lo real estaban "más allá" y "trascendían" los aspectos concretos de los seres particulares. Era un saber de tipo trascendental.

Empleaba conceptos complejos, como esencia y existencia, sustancia y accidentes, atributos y propiedades, objetos reales y objetos ideales, necesidad y posibilidad, etc. Asimismo, creó categorías que servían para distinguir formas diferentes de realidad y clasificar las entidades en grupos.

El discurso metafísico es un discurso argumentativo: es un saber racional, con argumentos que deben estar fundamentados. Está presidido por ciertos principios o exigencias. Dos de ellos, ambos principios lógicos que orientan el discurso metafísico, tenían especial importancia:

1) El principio de no contradicción, que afirma que es imposible que, al mismo tiempo, un ser determinado tenga una propiedad y no la tenga.

2) El principio del tercero excluido, que afirma que cuando un objeto posee una propiedad determinada, posee esa y no otra.

Pero el avance de la ciencia experimental y las aportaciones de la física de Newton limitaron las pretensiones explicativas de la metafísica, cuyos problemas aparecían como cuestiones sin sentido. Kant intentó dar respuesta a las ambiciones de la metafísica clásica.

3. La actitud metafísica y sus rasgos

Hay una serie de rasgos generales que caracterizan lo que puede denominarse la actitud metafísica. Indicaremos cuatro especialmente importantes:

  1. Es siempre un saber de principios: Pretende analizar los primeros principios de la realidad, aquellos de los que se derivan todos los demás y que permiten comprender lo que queremos decir cuando pensamos que algo "es".

  2. Posee un carácter radical: Analiza la "raíz" de la realidad y trata de encontrar lo que constituye el ser de las cosas concretas. Obviamente, esto le permite ejercer una crítica de tipo radical, que no se detiene nunca.

  3. Tiene una pretensión de totalidad: Desde esta perspectiva, pretende superar las diferencias de las cosas particulares. No se contenta con soluciones parciales ni con una especialización limitada. Quiere analizar el conjunto de la realidad para encontrar su sentido. Muchas de las grandes concepciones metafísicas desembocan en una imagen del mundo determinada, que explica lo que se considera real.

  4. Considera la realidad humana una referencia fundamental: Todos los problemas que analiza tienen como referencia el universo del ser humano. Y es que, al intentar comprender la realidad, el ser humano pretende comprenderse a sí mismo; es decir, pretende hallar el sentido de su realidad y de su existencia.

sábado, 28 de junio de 2025

Metafísica

Todos sabemos que existen objetos y seres individuales. Para conocerlos, disponemos de nuestra capacidad de conocer, del uso del lenguaje y de los datos científicos. Sin embargo, hay una pregunta esencial para el ser humano: ¿qué es la realidad?

El análisis del problema de la realidad es el objeto de la metafísica, la más abstracta y compleja disciplina filosófica.

1. Introducción

Una de las más importantes preguntas que se hace la filosofía tiene por objeto comprender los rasgos comunes que posee todo aquello que "es", es decir, comprender el sentido de la realidad y de la trascendencia. Esa es la tarea de la metafísica.

La respuesta a este problema ha llevado a la construcción de grandes sistemas filosóficos que pretenden interpretar el conjunto de la realidad.

2. La ciencia y la realidad

A comienzos del siglo XXI, la ciencia ofrece la imagen generalmente admitida de eso que llamamos realidad. Pero los descubrimientos y los logros de la ciencia abren la puerta a enigmas cada vez más complejos.

En la Antigüedad, todo lo que hoy denominamos conocimiento era atribuido a la filosofía, considerada la máxima forma de saber racional. Pero el progreso científico hizo que muchos conocimientos siguieran un camino independiente de la filosofía. Estos conocimientos se convirtieron en ciencias especializadas, y la suma de todas ellas ofrece una imagen cabal del mundo que nos rodea.

Sin embargo, hay cuestiones comunes a todas las ciencias que no se resuelven en un laboratorio. Son problemas muy generales, que se encuentran más allá de toda especialidad y que afectan a todas las ciencias. Señalemos algunos: ¿cuál es el origen de las cosas?, ¿hay diferencia entre ser y existir?, ¿cuáles son los principios básicos de la realidad?, ¿hay algo que permanece en medio de los cambios y modificaciones de las cosas? Y, sobre todas ellas, una muy difícil de responder: ¿qué es la realidad? Todas son preguntas que se encuentran "más allá" de la ciencia.

3. ¿Qué es lo que hay?: La pregunta por la realidad

Ante la variedad de cosas que nos rodean, se plantean dos preguntas importantes. Parecen sencillas, pero su respuesta es compleja:

1) Heidegger se preguntaba "¿por qué hay algo y no más bien hay nada?"; es decir, ¿qué supone el que "haya" cosas?

2) La otra pregunta se expresa de este modo: ¿cuáles son los rasgos de "lo que hay"?; es decir, ¿qué queremos expresar cuando decimos de algo que es "real"?

4. Lo real y la ilusión

Eso de la realidad parece sencillo, pues nosotros somos reales y vivimos entre cosas reales que nos afectan. Ahora bien, algunas de estas cosas existen y otras no. Y ambas, curiosamente, "son". Es decir, forman parte de "lo que hay". Consideremos tres ejemplos:

1) Mi bolígrafo, mis vaqueros y mis amigos son reales y existen. Es decir, poseen una realidad concreta, que puedo ver, tocar y sentir. Pero hay muchas otras cosas que son reales y no tienen esa existencia tan inmediata. Por ejemplo, mis sentimientos, mis miedos, mi pasado; todos ellos son reales, pero no tienen la misma existencia que los objetos materiales.

2) El asunto se complica más si pensamos que hay algunas cosas que no son reales, pero lo parecen y tienen influencia en nuestras vidas. Pensemos en un juego de la consola, en lo que aparece en la pantalla de nuestro ordenador o de nuestra televisión, en lo que hemos visto cuando visitamos un parque temático. Todas esas cosas no tienen existencia material, pero "son" de alguna manera. Es decir, forman parte de la realidad. Las llamamos realidades virtuales.

3) Por último, sabemos que hay ilusiones, alucinaciones, engaños. Algunos son positivos, como los deseos o las esperanzas. Otros son negativos, como las alucinaciones, que nos ocultan la realidad verdadera y nos hacen creer que ellas son la realidad. Pero ambos tienen relación con la realidad: son producidos por ella. Y muestran hasta qué punto la realidad puede ser fuente de engaños.

5. La realidad del mundo externo

Los problemas que se derivan de los ejemplos indicados han ocupado durante siglos el trabajo de los filósofos. Pueden ordenarse en una serie de posturas que permiten situar nuestra relación con la realidad. Mencionemos las más importantes:

1) Realismo del sentido común: Hay un mundo real y exterior a nosotros que es captado por los sentidos y analizado por la ciencia. Esta postura es la más habitual y extendida.

2) Escepticismo: Nuestros sentidos no nos proporcionan una imagen fiable del mundo externo; muchas veces nos engañan y nos hacen ver u oír cosas que no son reales. Por tanto, es preciso dudar de los datos que nos proporcionan los sentidos acerca del mundo exterior.

3) Idealismo: Cuando analizamos el mundo real, sólo contamos con nuestras ideas acerca de ese mundo. Por tanto, sólo existe el universo de nuestra mente y de nuestras percepciones. Es decir, únicamente existen nuestras "ideas" del mundo exterior. El mundo sólo existe cuando lo percibo.

4) Fenomenismo: No es posible ofrecer una imagen general del mundo. El mundo real no es más que el conjunto de "fenómenos" sensoriales y percepciones que de él podemos tener.

Estas posturas se encuentran en el origen de las discusiones acerca de la realidad y del conocimiento del mundo exterior. La pregunta por la realidad es el objeto de una rama especializada de la filosofía denominada metafísica.