No hay filosofía sin una especie de asombro
Historia del pensamiento: autores, textos y problemas filosóficos
domingo, 4 de octubre de 2026
José Ortega y Gasset (1883-1955)
viernes, 2 de octubre de 2026
Aristóteles: Ética y política
Al estudiar la Ética, Aristóteles, siguiendo sus propios criterios, atendió a las exigencias de la naturaleza (physis), en este caso concreto, a los de la naturaleza humana, y de acuerdo con ésta constató que todos los seres humanos tienden por naturaleza a la felicidad (eudaimonía).
Ahora bien:
... respecto a lo que es la felicidad ya no se hallan todos de acuerdo y el vulgo no la define de la misma manera que los sabios, porque el vulgo juzga que la felicidad consiste en cosas como el negocio o en las riquezas o en los honores.
Aristóteles, Ética a Nicómaco
Por tanto, ¿en qué consiste la felicidad? Y, ¿cómo alcanzarla? La felicidad de los seres humanos guarda una intrínseca relación con las actividades propias de los seres humanos. Mas, ¿cuáles son las actividades propias de los seres humanos? Las actividades propias de éstos dependen de sus facultades propias y esenciales.
Por tanto, para averiguar cuáles deben ser aquéllas debemos determinar, de modo previo, éstas. A este respecto, vemos que los seres humanos poseen multitud de facultades, de las cuales unas (comer, correr, sentir, recordar, etc.) las poseen en común con el resto de los animales, mientras que otras (pensar, querer) son propias y exclusivas de ellos. Por tanto, a éstas habrá que atender. Las facultades propias de los seres humanos son el entendimiento y la voluntad y, en consecuencia, la auténtica felicidad de los seres humanos habrá de consistir en el ejercicio correcto de dichas facultades. Pero, ¿en qué estriba el ejercicio correcto de éstas? Primeramente, en averiguar qué es el bien (esfuerzo intelectual) y, en segundo lugar, en tratar de alcanzarlo: o, expresado de otro modo, en averiguar qué debemos hacer y en hacerlo correctamente, esto es, en comportarnos adecuadamente.
Así pues, cumpliendo nuestro deber alcanzamos la felicidad, pero ¿en qué consiste ésta? A esta pregunta Aristóteles nos respondía que en conseguir el fin más alto que al ser humano le es posible. Y, ¿cuál es este fin? Oigamos su respuesta:
Tanto, pues, se extiende la felicidad cuanto la contemplación, y los que más participan del contemplar, también participan más de la felicidad y esto no accidentalmente, sino por razón de la misma contemplación, porque ella, por sí misma, es cosa valiosa.
Aristóteles, Ética a Nicómaco
La felicidad, pues, consiste en contemplación. Para Aristóteles, la facultad más alta de los seres humanos es el intelecto, y su actividad propia la contemplación (entender), de ahí que concluya afirmando que la felicidad ha de consistir en contemplar (entender, en griego contemplar se dice theoría); pero, ¿contemplar qué? La belleza y el orden del cosmos, la auténtica realidad de las cosas.
Resulta evidente, por una parte, que este filósofo permanece en el intelectualismo y el elitismo griego: sólo los sabios pueden ser felices, pues sólo éstos tienen acceso a cierta comprensión del cosmos y, en consecuencia, se excluye de la felicidad a la persona corriente y común, es decir, a la inmensa mayoría de los seres humanos, pues éstos ni suelen ser sabios ni pueden dedicar su tiempo a la contemplación, ya que la tarea cotidiana de lograr el sustento, el vestido y la vivienda suele llevarles casi todo su tiempo. Pero, por otra parte, dicha concepción, en manera alguna, posee un carácter ascético, pues si la felicidad depende de modo fundamental de la contemplación, ésta por sí sola no basta y debe venir acompañada de la amistad de ciertas personas, del placer proporcionado por el sexo y la compañía de los hijos, de cierta disponibilidad de bienes materiales, una aceptable salud, etc. En este aspecto, este autor parece más sensible a los sentimientos y a las necesidades comunes de las personas que la mayoría de los filósofos de su tiempo.
La virtud
La virtud es un hábito selectivo que consiste en un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón tal y como lo determinaría un hombre prudente. El término medio lo es entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto... mientras que la virtud encuentra y elige el término medio. Por eso desde el punto de vista de su entidad y de la definición que enuncia su esencia, la virtud es un término medio: pero desde el punto de vista del bien y de la perfección es un extremo.
Pero no todo hecho ni todo afecto admite el término medio, pues hay algunos cuyo mero nombre implica la maldad; por ejemplo: la malignidad, la desvergüenza, la envidia, y entre las acciones el adulterio, el robo, el homicidio. Todos estos casos y los semejantes a ellos se llaman así por ser malos, no por sus excesos o defectos.
Aristóteles, Ética a Nicómaco
En el comportamiento moral desempeñan una función fundamental los hábitos. Entendemos por hábito una disposición a obrar de una manera determinada que se adquiere mediante la repetición de actos; por ejemplo, si reiteradamente estudiamos, adquirimos el hábito de estudiar, y si reiteradamente fumamos, el de fumar. Cuando los hábitos son buenos o positivos, se denominan virtudes, cuando son malos o negativos, vicios. Los vicios nos alejan de nuestro deber y de nuestra felicidad; las virtudes, en cambio, nos ayudan a conseguirlos. En este sentido, como indicamos anteriormente "la virtud es un hábito selectivo que consiste en un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón como lo determinaría una persona prudente".
La virtud, por una parte, en tanto implica una elección (o una determinación) supone una dimensión intelectual: es la razón la que debe elegir de un modo "prudente" (por tanto, los ignorantes difícilmente sabrán elegir); pero, por otra, es necesario, además, poseer la fuerza de voluntad suficiente para superar la pereza y las inclinaciones negativas, es decir, es preciso estar habituado (poseer el hábito) de comportarse del modo debido. Así, tenemos que desde el punto de vista moral, una conducta correcta conlleva tanto un esfuerzo intelectual como un esfuerzo volitivo, pues si la virtud es un término medio, resultará difícil acertar y muy fácil equivocarse, ya que existirán muchas formas de ser malo (vicioso) y sólo una de ser bueno (virtuoso); pero, además, resulta también que en el vicio caemos fácilmente, en cambio, en la virtud nunca caemos, sino que a ella sólo llegamos mediante un constante esfuerzo.
De modo análogo al arquero, que sólo tras intensos entrenamientos logra acertar en el centro de la diana -y no siempre-, la virtud, en tanto en cuanto comportamiento correcto y adecuado de las personas, constituye también un hábito que se forma tras reiterados esfuerzos, porque "es muy fácil equivocarse y muy difícil acertar", ya que en el vicio caemos, pero en la virtud nunca se cae, sino que a ella sólo se accede con el esfuerzo cotidiano.
Ninguna de las virtudes morales se adquieren por naturaleza... Antes bien, las virtudes se engendran en nosotros obrando como en las otras artes; porque lo que sólo podemos hacer si lo hemos aprendido, lo aprendemos haciéndolo, por ejemplo, nos convertimos en albañiles construyendo edificios, en tañedores de cítaras tañendo. Del mismo modo, haciendo actos justos nos hacemos justos, viviendo templadamente templados y haciendo actos valerosos en valientes, lo cual se prueba cotidianamente en las ciudades, porque los que hacen las leyes pretenden que los ciudadanos se hagan buenos; y esto es lo que persigue la voluntad de cualquier legislador; y quienes no lo hacen así lo yerran todo. Y en esto difiere la buena de la mala república. Asimismo, cualquier virtud y cualquier arte del mismo modo que se alcanza se destruye, porque tañendo la cítara se hacen los buenos tañedores, pero también los malos y algo semejante sucede con los albañiles y los demás casos, porque edificando bien se harán buenos albañiles y edificando mal malos... Y de la misma manera sucede con las virtudes, porque obrando de modo contrario unos de otros nos hacemos unos justos y otros injustos; y ante el peligro unos se hacen valerosos y otros cobardes; y lo mismo sucede en las codicias y en las iras, unos se convierten en templados y mansos y otros en lujuriosos e iracundos... Por tanto, conviene declarar cómo deben ser los actos, pues los hábitos nacen conforme a la diversidad de los actos. No es pequeña, en consecuencia, la importancia de acostumbrarnos desde pequeños de esta o de la otra manera.
Aristóteles, Ética a Nicómaco
La política
El pensamiento político de Aristóteles difiere sustancialmente del de Platón en varios puntos esenciales; así, por una parte, Platón intentó formular sus concepciones políticas partiendo exclusivamente de principios teóricos, y Aristóteles, por el contrario, procuró informarse de las realizaciones concretas; en este sentido, se le atribuye el análisis de más de 150 Constituciones y formas políticas de diferentes países; y, mientras que Platón intentó diseñar un estado ideal que superase las tendencias negativas de los seres humanos y los condujera hacia su perfección, Aristóteles, en cambio, pretendió adaptar el estado a las circunstancias concretas, a las condiciones sociales e históricas particulares de la sociedad en que se realiza.
Según este filósofo, a diferencia de las bestias y de los dioses, el ser humano es social por naturaleza, de tal modo que sólo puede llegar a alcanzar su calidad de ser humano conviviendo en sociedad; por tanto, la ciudad (la polis) es anterior al individuo.
La forma de organización social ideal es la polis o ciudad-Estado, compuesta de un núcleo urbano y de varias aldeas próximas. En cuanto a la organización del gobierno, distinguió entre formas puras o correctas y formas corruptas o degeneradas. Entre las primeras, señaló la monarquía o gobierno de una persona, la aristocracia o gobierno de unos pocos y la democracia o gobierno del pueblo y como formas degeneradas, la tiranía, la oligarquía y la demagogia.
De acuerdo con su tendencia a considerar las particularidades y las circunstancias concretas, no estableció ninguna preferencia por una determinada forma política, sino que vino a concluir que la mejor forma de gobierno está dada en cada caso concreto por las necesidades, el grado de desarrollo y la idiosincracia de los pueblos; no obstante, con cierta frecuencia parece que sugería que Atenas era oligarquía moderada, sometida a cierto control del pueblo.
Consta, pues, que el hombre es por naturaleza animal social en mayor medida que las abejas y que ningún otro animal que viva agrupado; porque, como ya hemos dicho, la naturaleza no hace nada en vano, y entre todos los animales sólo el hombre tiene uso de razón y de lenguaje; porque la voz es indicio de la pena o del deleite que se siente; y así pueden hacer uso de ella otros animales, porque la naturaleza de los mismos se extiende hasta experimentar penas y deleites y comunicárselos entre sí. Mas el lenguaje sirve para mostrar lo que es provechoso y lo que es perjudicial y, por la misma razón, lo que es justo y lo que es injusto. Y estas capacidades son propias y peculiares de los hombres y de ellas carecen el resto de los animales, pues sólo aquéllos tienen conocimiento y sentimiento de lo que es bueno y de lo que es malo, de lo que es justo y de lo que es injusto y de otras cosas similares.
Aristóteles, Política
jueves, 10 de septiembre de 2026
El trabajo
1. De la contemplación a la acción
El trabajo no es una actividad sin más ni una actividad como otra cualquiera, como pasear, contemplar las estrellas o leer un poema. Tampoco ha tenido siempre el mismo significado ni se le ha atribuido el mismo papel social, político o religioso. En general:
El trabajo es la acción mediante la que el ser humano se procura lo que necesita. Descubre, así, su capacidad de invención y el poder transformar la naturaleza.
La filosofía griega concibe al ser humano como Homo sapiens, como un ser que conoce, que anhela contemplar la verdad. Cuando alguien se veía obligado a realizar alguna actividad para sobrevivir, se consideraba que llevaba una vida servil. Era el caso de los enemigos vencidos, a los que se esclavizaba para atender a su propia vida y a la de su amo. A éstos, Aristóteles les negaba la denominación de "hombres".
Desde esta premisa, los griegos diferenciaban dos tipos de vida:
1) La privada: le corresponde atender a las necesidades de la vida y debe permanecer oculta.
2) La pública: se relaciona con los asuntos humanos; es la única digna de ser vivida. Es una vida sin trabajo. El trabajo se reserva para los esclavos y las mujeres, sometidas a los quehaceres de la vida privada.
Esta idealización contemplativa en el mundo griego se vio reforzada en el mundo medieval cristiano. Con el advenimiento de la sociedad industrial, se rescató el concepto de Homo faber, llegándose a afirmar como dimensión fundamental humana.
2. Los rasgos del trabajo humano
Hannah Arendt realiza un análisis pormenorizado de las diferencias entre los conceptos de labor y trabajo.
Llamamos labor a una actividad orientada a la obtención de bienes de consumo inmediato.
El trabajo es la actividad dirigida a producir cosas artificiales y útiles de carácter más duradero.
Además, el trabajo posee estas otras características:
1) Es una violencia ejercida sobre la naturaleza: El material sobre el que el Homo faber trabaja es un producto que ha sido arrancado de la tierra, aislado y separado de su lugar propio.
2) El trabajo se rige por un modelo que guía la fabricación, precede al proceso de trabajo y perdura tras él.
3) La actividad del Homo faber convierte al ser humano en diseñador e inventor de un mundo de útiles e instrumentos.
4) El trabajador percibe una remuneración -su salario- por un tiempo limitado y predefinido de trabajo. Esta salarización del trabajo -la traducción del trabajo a unidades de tiempo y dinero- es un elemento diferencial clave para definir el trabajo.
3. El trabajo en la sociedad industrial
La revolución industrial transformó radicalmente el concepto de trabajo. Hay seis consecuencias que merecen destacarse:
1) Surge un nuevo ámbito de trabajo, la fábrica: la invención de la máquina de vapor y la consiguiente automatización de la producción permiten que muchos operarios trabajen juntos de forma coordinada. Se multiplican las funciones, actividades y niveles. El trabajo queda fragmentado y se crean nuevas relaciones.
2) Se organiza la distribución del tiempo de un modo diferente: de estar regidos por el sol, hombres y mujeres pasan a ser regidos por el reloj y la sirena de la fábrica.
3) La producción se localiza en las ciudades, originando el urbanismo. En estas ciudades industriales se desarrollan unas formas familiares más reducidas y un modelo social, en general, más distante y anónimo.
4) Aparece un nuevo tipo de propiedad distinto al tradicional basado en la tierra: las acciones y los bonos. Con ellas aparece el propietario burgués capitalista.
5) Paralelamente, las duras condiciones de trabajo y de vida en el medio urbano dan como resultado el nacimiento del proletariado.
6) La mujer empieza a vincularse al proceso productivo y con ello inicia la larga marcha hacia su liberación.
Marx analizó este cambio de tan grandes dimensiones y buscó las claves para dar una respuesta justa y humanizadora. Una de ellas es la recuperación del valor del trabajo. Según el materialismo marxista, el trabajador pierde su ser en el trabajo. Al vender su fuerza de trabajo, es considerado una mercancía, pierde su valor como sujeto activo.
Al trabajador también se le expropia el fruto de su trabajo que pasa a engrosar el capital del propietario. En ello consiste la alienación del trabajador, que se hace otro, es absorbido por el capital.
Esta ruptura entre trabajadores y propietarios se transmite a la sociedad en forma de clases sociales enfrentadas. Una tensión que en determinados momentos de la historia estalla en forma de revolución. Superada la lucha de clases, el trabajo recuperará su valor esencial para el ser humano.
4. Modelos de organización de la producción
El primer modelo puede denominarse artesanal. En él, unos obreros altamente cualificados con una maquinaria especializada crean uno a uno cada producto.
El segundo, introducido por General Motors en la década de 1920, es el modelo multidivisional de producción, que se conoce como producción en masa.
El tercero, introducido por Toyota después de la Segunda Guerra Mundial, se ha denominado producción racionalizada. Se trata de fundir en un único modelo las ventajas del artesanal y de la producción de masa.
5. El trabajo en la sociedad actual
La sociedad que surgió de la Revolución Industrial se escindió en poseedores y desposeídos, y entró en una fuerte crisis en el primer tercio del siglo XX, caracterizado por las revoluciones sociales.
La Segunda Guerra Mundial marca el fin de una época y la aparición de una nueva sociedad, basada en la democracia política, el crecimiento económico sostenido y la igualdad educativa.
El proyecto tuvo, en principio, un éxito sin precedentes en los países desarrollados: pleno empleo, extensión de la educación a todas las capas sociales, seguridad social, etc.; en definitiva, el Estado del Bienestar.
Para ello, fue necesario que las personas, además de ciudadanos, se convirtiesen en "capitalistas" y "consumidores". Capitalistas porque la formación obtenida a través de los sistemas educativos es un bien preciado para la empresa, es "capital humano". Consumidores por la necesidad del sistema de mantener un nivel de demanda adecuado.
El consumo es el motor de la economía, y el trabajo es el medio para acceder a él y para obtener un cierto estatus social.
Paralelamente al incremento del consumo se va dando un proceso constante de tecnificación y automatización de la producción por la incorporación de las nuevas tecnologías. Todos los análisis muestran el surgimiento de una nueva civilización. Este conjunto de cambios se llama con muchos términos: sociedad postindustrial, sociedad de servicios, sociedad de la información, sociedad del conocimiento, etc.
La tecnología invade todos los ámbitos de la nueva sociedad, no solo la economía y la política. Las relaciones humanas: familia, ocio, trabajo, actividades sociales y religiosas, etc., están influidas por los medios tecnológicos.
Para algunos, las nuevas tecnologías mejoran las condiciones de trabajo eliminando las tareas repetitivas y tediosas. Son una fuente constante de nuevos empleos y de extensión de la riqueza. En suma, la tecnología es totalmente positiva.
Otros sostienen que solo unos pocos puestos de trabajo, y en los países desarrollados, mejoran sus condiciones, pero, para la mayoría, el trabajo es precario, inestable y, poco a poco, dejará de existir.
Es difícil saber qué va a pasar, pero algunos hechos parecen claros. El viejo esquema de clasificación por sectores productivos (primario, secundario y terciario) debe abandonarse. Hoy, la estructura del trabajo es mucho más compleja. Nuevos empleos emergen de forma constante; el paro se alterna con tiempos de trabajo y de formación, y cada vez es más necesario readaptarse a los nuevos perfiles de trabajo.
Sin una clara delimitación del perfil del trabajo, el empleo se convierte en una realidad inaprensible, los sujetos se desorientan y se desmotivan. Junto a algunos que poseen un trabajo satisfactorio, cada vez más personas y durante más tiempo viven el trabajo como la negación de la vida. Vivir es consumir, es no trabajar, y el trabajo, un tiempo de no vida.
martes, 8 de septiembre de 2026
El pluralismo como proyecto ético
1. Unos mínimos morales compartidos
Las exigencias mínimas de justicia en las que ya están de acuerdo las distintas concepciones morales de vida buena, son unas exigencias que hemos aprendido históricamente porque, como dice Jürgen Habermas, las sociedades no sólo aprenden técnicamente, sino también moralmente. Ese aprendizaje es similar al que realiza un niño que, aunque al principio le parece justo aquello que le conviene y más tarde lo que conviene a su sociedad, acaba considerando como justo lo que conviene a cualquier persona. Por eso, para juzgar si una norma es justa, intenta ponerse en el lugar de cualquier otro.
Esto ha ocurrido también en las sociedades occidentales, que en realidad, cuando hablan sobre lo que es justo e injusto, consideran justas aquellas normas que favorecen a todos los afectados por ellas aunque después las infrinjan frecuentemente. Con lo cual hay unos mínimos de justicia con respecto a los cuales ninguna sociedad quiere retroceder, al menos verbalmente. Esos mínimos componen lo que Adela Cortina denomina una ética cívica.
2. Valores mínimos de la ética cívica
a - La libertad entendida:
Como autonomía moral. Cada persona es muy libre de querer unas cosas u otras, siempre que no dañe a los demás. La sociedad está obligada a ayudarle a descubrir qué es lo que realmente quiere y a no impedirle llevarlo a cabo.
Como autonomía política. Cada ciudadano está legitimado para participar activamente en su comunidad política.
b - La igualdad, que es:
Eliminación de la dominación. Ningún individuo ni grupo de individuos puede poseer un "bien dominante", es decir, un tipo de bien tal que, si se posee, se poseen con él todos los demás. Por ejemplo, que mediante el poder político se pueda poseer también el económico, el cultural, incluso la belleza, o que el bien dominante sea el poder económico. La igualdad exige que cada persona pueda disfrutar de una cantidad razonable de cada uno de los bienes y además destacar en algunos de ellos. Prohíbe que algunas personas se apoderen de todos los bienes en grado máximo.
Cada persona ha de tener el mínimo material, social y cultural para desarrollar una vida digna (un ingreso digno, educación, vivienda, asistencia sanitaria, ayuda en la enfermedad y la vejez).
Igualdad de oportunidades de ocupar cargos y empleos, disminuyendo las desigualdades naturales y sociales en que nacemos.
La sociedad ha de procurar que todas las personas tengan un razonable nivel de autoestima: que tengan una valoración positiva de sí mismas como personas que pueden llevar adelante con éxito proyectos de vida.
c - La solidaridad. En un mundo de desigualdades naturales, que se pueden paliar pero no eliminar del todo (siempre hay enfermos, débiles), es imposible que todas las personas sean libres e iguales sin solidaridad. Pero la solidaridad exige dos tipos de acción:
Apoyar al débil para que alcance la mayor autonomía y autoestima posibles.
Explotar al máximo los propios talentos en provecho del grupo y de la sociedad.
d - La tolerancia o el respeto activo de aquellas concepciones de felicidad que no compartimos.
e - Una actitud dialógica para resolver los problemas.
Son sociedades pluralistas aquellas en las que exigimos moralmente unos mínimos y respetamos activamente unos máximos.
Nos referimos con "máximos" a los ideales de vida buena, a los proyectos de felicidad que ofertan las distintas concepciones morales, es decir, los distintos modos de concebir al ser humano, su historia y su realización. Estas concepciones, que han ido "haciéndose" históricamente en convivencia, han llegado ya a compartir los mínimos de una ética cívica en lo que John Rawls llama un "consenso solapante", pero los fundamentan desde premisas diferentes. Es esencial entonces potenciar esos mínimos que ya unen a todos y les permiten construir su mundo juntos y respetar activamente las premisas que dan vida a cada concepción.
jueves, 2 de julio de 2026
Hannah Arendt (1906-1975)
Pensadora alemana de origen judío, perseguida y emigrada a Estados Unidos. Discípula de Heidegger, fue una de las mejores analistas de la naturaleza del poder en el siglo XX. Para Arendt, la acción humana, además de labor y trabajo, es acción política. Mediante ella el ser humano nace a la vida propiamente humana, algo negado por el fascismo y el comunismo.
domingo, 14 de junio de 2026
La acción humana
La razón teórica trata del conocimiento. Pero el ser humano no solo conoce, también actúa. Y de la acción se ocupa la razón práctica.
El ser humano conoce, es inteligente, pero también actúa. Precisamente por su inteligencia siente la necesidad de actuar ante diferentes alternativas. Pero la acción no es solo la posibilidad de reaccionar de diversos modos ante las situaciones cambiantes de la vida. Es mucho más.
La acción es la capacidad de imaginar, organizar, planificar y hacer realidad deseos, proyectos, planes e ilusiones.
Es la posibilidad de trascender el ámbito de lo estrictamente necesario para recrear nuevos mundos, para idear una realidad más justa y más bella. El ser humano se representa siempre su acción de forma simbólica y de ahí nace su carácter creador.
Tres rasgos definen la acción humana:
a) Intencionalidad (intención): Aristóteles la entendía como el modo en que el sujeto actúa moviéndose hacia el mundo como realidad externa. Según él, dos son los modos de dirigirse al objeto: la intencionalidad teórica, que expresa la voluntad humana de conocer, y la intencionalidad práctica, orientada a cubrir las necesidades humanas.
b) Finalidad: Medios y fines definen una acción. Alcanzar un fin supone elegir los medios necesarios y llevarlos a la práctica. Los medios son nuestras herramientas. A veces son apropiadas, otras no tanto. Los medios se subordinan al fin que se quiere alcanzar.
c) Flexibilidad: Un mismo fin se puede alcanzar por distintos medios. La acción es abierta: ni los fines ni los medios están predeterminados. La acción humana puede innovar.
2. La razón práctica
Conocer y actuar están indisolublemente unidos. No se conoce primero y se actúa después. Tampoco ocurre lo contrario, que primero se actúe y luego se conozca.
La razón tiene varios usos. Kant distingue entre una razón que conoce, la razón teórica; una razón que guía la acción, la razón práctica, y una razón, también práctica, que se ocupa de las acciones bellas, la razón estética.
Estas distinciones estaban ya presentes en Aristóteles, quien diferenciaba en la intencionalidad práctica entre la técnica o producción de objetos y la acción moral y política. Por tanto, podemos establecer estos usos en la razón práctica: la razón instrumental (el trabajo y la técnica), la razón moral y política, y la razón estética.
El ser humano es un animal simbólico. Su pensamiento y su acción son el resultado de su capacidad de representarse la realidad en ausencia de ésta y de recrearla. Por eso, también fabrica e inventa instrumentos, crea símbolos bellos y construye modelos de humanidad más justos.
lunes, 8 de junio de 2026
Cirenaicos y cínicos
El intervencionismo político de Filipo II de Macedonia, que se venía incrementando desde mediados del siglo IV, culminó en el año 338 a.C. con la batalla de Queronea. Tras ella desapareció para siempre la autonomía de las polis-estados griegas y surgió el Imperio Macedonio. Posteriormente, Alejandro Magno extendió el imperio por Egipto y por una gran parte de Asia, introduciendo en la cultura griega aportaciones bárbaras. A su muerte, en el año 323, Grecia trató de recobrar su anterior estructura política; pero los reyes macedonios continuaron imponiendo su dominio hasta el siglo III a.C., prácticamente hasta la llegada de los romanos.
- Desde el punto de vista epistemológico, influidos por los sofistas, adoptaron una postura fenomenista, relativista y escéptica, en virtud de la cual rechazaban el valor objetivo de los conocimientos científicos y, en consecuencia, negaban a los seres humanos la capacidad de conocer la realidad.
- Desde la perspectiva moral, perseguían la consecución de la autarquía, es decir, la autosuficiencia, o lo que es lo mismo, conformarse con poco y no dejarse arrastrar por los bienes materiales: el auténtico camino hacia la felicidad consiste en ser dueño de sí mismo, en necesitar lo menos posible.
- En política predicaban el cosmopolitismo y el rechazo de todas las normas y convenciones sociales (contra la polis y las leyes de la ciudad). Desde esta posición merece resaltar que los representantes de estas escuelas, como algunos sofistas, propendieron a rechazar la esclavitud y otras muchas discriminaciones y segregaciones sociales.
-
1. Del monólogo al diálogo En ética, la tradición dialógica arranca de Sócrates (siglo V a.C.) y pasa por el personalismo de autores como ...
-
Si entendemos la "democracia" como sinónimo de "regla de la mayoría", ¿deben las minorías obedecer las leyes dictadas po...
-
El humanista Giovanni Pico della Mirandola expresó en su Oración por la dignidad del hombre , escrita en 1485, una de las descripciones más...

.jpeg)


