martes, 8 de septiembre de 2026

El pluralismo como proyecto ético

1. Unos mínimos morales compartidos

Las exigencias mínimas de justicia en las que ya están de acuerdo las distintas concepciones morales de vida buena, son unas exigencias que hemos aprendido históricamente porque, como dice Jürgen Habermas, las sociedades no sólo aprenden técnicamente, sino también moralmente. Ese aprendizaje es similar al que realiza un niño que, aunque al principio le parece justo aquello que le conviene y más tarde lo que conviene a su sociedad, acaba considerando como justo lo que conviene a cualquier persona. Por eso, para juzgar si una norma es justa, intenta ponerse en el lugar de cualquier otro.

Esto ha ocurrido también en las sociedades occidentales, que en realidad, cuando hablan sobre lo que es justo e injusto, consideran justas aquellas normas que favorecen a todos los afectados por ellas aunque después las infrinjan frecuentemente. Con lo cual hay unos mínimos de justicia con respecto a los cuales ninguna sociedad quiere retroceder, al menos verbalmente. Esos mínimos componen lo que Adela Cortina denomina una ética cívica.

2. Valores mínimos de la ética cívica

a -  La libertad entendida:

b -  La igualdad, que es:

c -  La solidaridad. En un mundo de desigualdades naturales, que se pueden paliar pero no eliminar del todo (siempre hay enfermos, débiles), es imposible que todas las personas sean libres e iguales sin solidaridad. Pero la solidaridad exige dos tipos de acción:

d -  La tolerancia o el respeto activo de aquellas concepciones de felicidad que no compartimos.

e -  Una actitud dialógica para resolver los problemas.



3. Unos máximos activamente respetados

Son sociedades pluralistas aquellas en las que exigimos moralmente unos mínimos y respetamos activamente unos máximos.

Nos referimos con "máximos" a los ideales de vida buena, a los proyectos de felicidad que ofertan las distintas concepciones morales, es decir, los distintos modos de concebir al ser humano, su historia y su realización. Estas concepciones, que han ido "haciéndose" históricamente en convivencia, han llegado ya a compartir los mínimos de una ética cívica en lo que John Rawls llama un "consenso solapante", pero los fundamentan desde premisas diferentes. Es esencial entonces potenciar esos mínimos que ya unen a todos y les permiten construir su mundo juntos y respetar activamente las premisas que dan vida a cada concepción.    


jueves, 2 de julio de 2026

Hannah Arendt (1906-1975)

Pensadora alemana de origen judío, perseguida y emigrada a Estados Unidos. Discípula de Heidegger, fue una de las mejores analistas de la naturaleza del poder en el siglo XX. Para Arendt, la acción humana, además de labor y trabajo, es acción política. Mediante ella el ser humano nace a la vida propiamente humana, algo negado por el fascismo y el comunismo.

domingo, 14 de junio de 2026

La acción humana


La razón teórica trata del conocimiento. Pero el ser humano no solo conoce, también actúa. Y de la acción se ocupa la razón práctica.


1. Los rasgos de la acción humana

El ser humano conoce, es inteligente, pero también actúa. Precisamente por su inteligencia siente la necesidad de actuar ante diferentes alternativas. Pero la acción no es solo la posibilidad de reaccionar de diversos modos ante las situaciones cambiantes de la vida. Es mucho más.

La acción es la capacidad de imaginar, organizar, planificar y hacer realidad deseos, proyectos, planes e ilusiones.

Es la posibilidad de trascender el ámbito de lo estrictamente necesario para recrear nuevos mundos, para idear una realidad más justa y más bella. El ser humano se representa siempre su acción de forma simbólica y de ahí nace su carácter creador.

Tres rasgos definen la acción humana:

a) Intencionalidad (intención): Aristóteles la entendía como el modo en que el sujeto actúa moviéndose hacia el mundo como realidad externa. Según él, dos son los modos de dirigirse al objeto: la intencionalidad teórica, que expresa la voluntad humana de conocer, y la intencionalidad práctica, orientada a cubrir las necesidades humanas.

b) Finalidad: Medios y fines definen una acción. Alcanzar un fin supone elegir los medios necesarios y llevarlos a la práctica. Los medios son nuestras herramientas. A veces son apropiadas, otras no tanto. Los medios se subordinan al fin que se quiere alcanzar.

c) Flexibilidad: Un mismo fin se puede alcanzar por distintos medios. La acción es abierta: ni los fines ni los medios están predeterminados. La acción humana puede innovar.

2. La razón práctica

Conocer y actuar están indisolublemente unidos. No se conoce primero y se actúa después. Tampoco ocurre lo contrario, que primero se actúe y luego se conozca.

La razón tiene varios usos. Kant distingue entre una razón que conoce, la razón teórica; una razón que guía la acción, la razón práctica, y una razón, también práctica, que se ocupa de las acciones bellas, la razón estética.

Estas distinciones estaban ya presentes en Aristóteles, quien diferenciaba en la intencionalidad práctica entre la técnica o producción de objetos y la acción moral y política. Por tanto, podemos establecer estos usos en la razón práctica: la razón instrumental (el trabajo y la técnica), la razón moral y política, y la razón estética.

El ser humano es un animal simbólico. Su pensamiento y su acción son el resultado de su capacidad de representarse la realidad en ausencia de ésta y de recrearla. Por eso, también fabrica e inventa instrumentos, crea símbolos bellos y construye modelos de humanidad más justos.

lunes, 8 de junio de 2026

Cirenaicos y cínicos

El intervencionismo político de Filipo II de Macedonia, que se venía incrementando desde mediados del siglo IV, culminó en el año 338 a.C. con la batalla de Queronea. Tras ella desapareció para siempre la autonomía de las polis-estados griegas y surgió el Imperio Macedonio. Posteriormente, Alejandro Magno extendió el imperio por Egipto y por una gran parte de Asia, introduciendo en la cultura griega aportaciones bárbaras. A su muerte, en el año 323, Grecia trató de recobrar su anterior estructura política; pero los reyes macedonios continuaron imponiendo su dominio hasta el siglo III a.C., prácticamente hasta la llegada de los romanos.

La nueva situación afectó profundamente a la vida de Atenas y de otras ciudades griegas. Si hasta entonces, los ciudadanos, integrados en la pólis, participando en los asuntos públicos y próximos a sus gobernantes, se sentían insertos en la vida política, tras el establecimiento del imperio y la disolución de la polis comenzaron a percibir su insignificancia ante las nuevas autoridades y las nuevas instituciones; de este modo surgió una ética pesimista, resignada e individualista que predicaba la indiferencia con respecto a los asuntos sociales y la autosuficiencia (la autarquía) individual en relación a las normas morales.
Estas manifestaciones comenzaron en el siglo IV a.C. con los filósofos cirenaicos y cínicos y alcanzaron su máximo exponente con los epicúreos y los estoicos en los siglos posteriores.

1. La evolución del Liceo
A la muerte de Aristóteles, le sucedió en la dirección del Liceo su discípulo Teofrastro de Lesbos; durante su mandato se multiplicó el número de discípulos, pero el aumento cuantitativo supuso un rápido descenso cualitativo y, mientras que en lo intelectual vio eclipsada su influencia por las escuelas epicúreas y estoicas, en lo que se refiere a su doctrina, surgió una cultura ecléctica que pesó enormemente sobre la tradición científica posterior. Atenas dejó pronto de ser el centro cultural de los siglos anteriores y aparecieron en la periferia del helenismo numerosos centros de investigación científica, entre los que destacaron Antioquía y Pérgamo en el Asia Menor, Siracusa en Sicilia, Rodas en el mar Egeo y, sobre todo, Alejandría en Egipto, con su célebre Museo, en donde durante los siglos III y II a.C. la investigación científica alcanzó altas cotas por obra de matemáticos, como Euclides, Aristarco de Samos, Erastóstenes de Cirene, Hiparco de Nicea... físicos como Herón de Alejandría, Arquímides de Siracusa... médicos, como Herófilo de Calcedonia y Erasistrato de Quíos, etc., y se realizaron numeroso trabajos geográficos y astronómicos.

2. Arquímides de Siracusa
Arquímides de Siracusa (287-212 a.C.), uno de los sabios griegos más destacados de la época helenística y de todos los tiempos, sobresalió en Física y Matemáticas: descubrió el principio que lleva su nombre (el principio de Arquímides), inventó el tornillo sinfín, la rueda dentada, la palanca, numerosas fórmulas matemáticas, como la del área del cilindro y la de la esfera, perfeccionó el sistema numérico griego, etc.

3. Las escuelas morales socráticas: cirenaicos y cínicos
Tradicionalmente se considera a la Academia de Platón y al Liceo de Aristóteles como las escuelas socráticas mayores; frente a ellas, las corrientes seguidas por otros discípulos de Sócrates reciben el nombre de escuelas menores, entre éstas destacan la escuela cirenaica, fundada por Aristipo de Círene, y la escuela cínica, fundada por Antístenes de Atenas. Dichas corrientes, que, por su carácter resignado y por su visión negativa del mundo y de la sociedad, pueden ser consideradas como precedentes de la filosofía epicúrea y estoica, surgieron en Atenas a comienzos del siglo IV a.C., en el seno de una sociedad inestable, sacudida por numerosas guerras tanto civiles como exteriores, con grandes desigualdades económicas entre pobres y ricos y notables diferencias en las capacidades jurídicas y políticas entre los esclavos, los extranjeros y los atenienses de pleno derecho.
Por encima de sus aspectos divergentes, los cirenaicos y los cínicos presentaban gran cantidad de puntos en común:
  • Desde el punto de vista epistemológico, influidos por los sofistas, adoptaron una postura fenomenista, relativista y escéptica, en virtud de la cual rechazaban el valor objetivo de los conocimientos científicos y, en consecuencia, negaban a los seres humanos la capacidad de conocer la realidad.
  • Desde la perspectiva moral, perseguían la consecución de la autarquía, es decir, la autosuficiencia, o lo que es lo mismo, conformarse con poco y no dejarse arrastrar por los bienes materiales: el auténtico camino hacia la felicidad consiste en ser dueño de sí mismo, en necesitar lo menos posible.
  • En política predicaban el cosmopolitismo y el rechazo de todas las normas y convenciones sociales (contra la polis y las leyes de la ciudad). Desde esta posición merece resaltar que los representantes de estas escuelas, como algunos sofistas, propendieron a rechazar la esclavitud y otras muchas discriminaciones y segregaciones sociales.
En cuanto a las diferencias más significativas, los filósofos cirenaicos adoptaron una postura predominantemente hedonista, mientras que los cínicos concedieron especial relieve al ascetismo. 

4. El hedonismo de los cirenaicos
Según el hedonismo (hedoné = placer) de la escuela cirenaica, el bien humano consiste en el placer, y éste es originado por una experiencia o sentimiento positivo producido por las sensaciones. Si dichas sensaciones son violentas sentimos dolor (por ejemplo, si recibimos un puñetazo); pero si es suave experimentamos placer. En consecuencia, el objetivo de la vida ha de consistir en huir del dolor y en buscar el placer. Ahora bien, debemos saber dominar el placer, sin permitir que él nos domine a nosotros, pues, en el primer caso, seremos autárquicos y felices, mientras que en el segundo esclavos y desgraciados.

5. El ascetismo de los cínicos
Los cínicos (kýon = perro, en alusión a que los seguidores de esta corriente amaban la fidelidad y la naturalidad de este animal) insistían en que la auténtica virtud humana consiste en permanecer fieles a uno mismo, fieles guardianes de la imperturbabilidad o eliminación de toda preocupación. En este sentido, para vencer las veleidades de la fortuna o del destino es necesario adaptarse a la naturaleza y conformarse con sus restricciones y sus inclemencias: conformarse con escasos alimentos, beber únicamente agua, soportar impasibles el sofocante calor en verano y el lacerante frío en invierno, dormir en cualquier lugar y, en último término, aceptar el sufrimiento y la muerte.
En cuanto al contacto con la naturaleza, como los perros, los cínicos arremetieron contra las convenciones y el sentido de la estética ateniense, comían, dormían y realizaban sus diferentes necesidades en cualquier parte, vestían pobremente, con andrajos y ropa sucia y provocaban a sus enemigos mediante sarcasmos, burlas o insultos. 

Diógenes se dio a una vida frugal y parca, sin buscar lecho, no temía la oscuridad ni anhelaba ninguna de las cosas que servían para vivir regaladamente. Según algunos, fue el primero que utilizó el manto doble, con el fin de tener con él lo necesario y servirse de él para dormir. Proveyóse también de zurrón, en el cual llevaba la comida y para satisfacer sus necesidades se servía de cualquier lugar.

Diógenes Laercio, Vidas de los más ilustres filósofos griegos

miércoles, 11 de febrero de 2026

Saber analizar

Uno de los más importantes presupuestos a la hora de aprender filosofía es desarrollar la capacidad de realizar análisis. El término "análisis" procede del verbo griego analúo, que significa "desatar". Y este sigue siendo su significado más notable. Analizar quiere decir desplegar y desatar lo que se encuentra concentrado, atado, unido entre sí; es decir, elaborar un análisis exige separar y dividir algo determinado en sus componentes.

Hay otro significado del término analizar: "estudiar o considerar algo atentamente y con detenimiento". Pero esta consideración se hace siempre intentando descomponer lo que estudiamos en sus partes fundamentales para conocer su estructura.

Tras el concepto de análisis hay una gran cantidad de problemas, y muchas de las más importantes creaciones filosóficas lo han sido por ejercer determinadas formas de análisis. Sin embargo, todo análisis riguroso exige un método preciso y debe cumplir unas normas.

Por otra parte, el análisis es una condición de la actividad crítica. Por eso, una de las tareas de las filosofía estriba en la capacidad de realizar análisis precisos que no admitan, sin más, lo que aparece unido a primera vista.

Sugerencias para "aprender a analizar"

A continuación, proponemos unas sugerencias para aprender a realizar análisis precisos:

1) Antes de analizar algo es necesario situarse ante ello y observarlo atentamente. Cuando mejor observemos el objeto y mejor describamos su estructura, mejor lo analizaremos.

En esta primera observación cuidadosa, veremos cómo el objeto de nuestro análisis tiene una unidad determinada y se compone de elementos diferentes.

2) Tras considerar la unidad del objeto de análisis, es necesario dividir y separar sus componentes más importantes en niveles diferentes.

3) Tras separar los componentes de nuestro objeto, conviene analizar los rasgos propios de cada uno de estos componentes, así como las relaciones que se establecen entre ellos.

4) El último paso de un análisis consiste en volver a analizar el objeto desde la estructura de sus componentes y de las relaciones que se establecen entre ellos.

Advertiremos entonces que lo hemos conocido mejor y que hay aspectos de ese objeto en los que no habíamos reparado en su consideración inicial. Con ello, no solo hemos ampliado nuestro conocimiento, sino que podemos realizar una crítica debidamente fundamentada.

domingo, 25 de enero de 2026

Kant y el destino de la razón humana

Kant, I.Crítica de la razón pura (1781)

La razón humana tiene el destino singular [...] de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades.

La perplejidad en que cae la razón no es debida a culpa suya alguna. Comienza con principios cuyo uso es inevitable en el curso de la experiencia, uso que se halla, a la vez, suficientemente justificado por esta misma experiencia. Con tales principios la razón se eleva, cada vez más (como exige su propia naturaleza), llegando a condiciones progresivamente más remotas. Pero advirtiendo que, de esta forma, su tarea ha de quedar inacabada, ya que las cuestiones nunca se agotan, se ve obligada a recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico [...]. Es así como incurre en oscuridades y contradicciones. Y, aunque puede deducir que estas se deben necesariamente a errores ocultos en algún lugar, no es capaz de detectarlos, ya que los principios que utiliza no reconocen contrastación empírica alguna por sobrepasar los límites de toda experiencia. El campo de batalla de estas inacabables disputas se llama metafísica.

sábado, 24 de enero de 2026

La existencia de tres ámbitos de realidad según Popper

Sin tomar los términos "mundo" o "universo" demasiado en serio, podemos distinguir los siguientes tres mundos o universos: primero, el mundo de los objetos físicos o de los estados físicos; segundo, el mundo de los estados de conciencia o de los estados mentales, o quizás de las disposiciones para actuar; y, en tercer lugar, el mundo de los contenidos objetivos de pensamiento, especialmente el mundo compuesto por los pensamientos científicos y poéticos y el de las obras de arte. [...] Desde un principio quiero confesar que soy un realista: pienso, de modo semejante a un realista ingenuo, que hay un mundo físico (mundo 1) y un mundo de estados de conciencia (mundo 2) y que ambos mundos interactúan entre sí. También creo que existe un tercer mundo [...]. Entre los componentes de mi "mundo 3" se encuentran los sistemas teóricos, así como los problemas y las situaciones problemáticas. Y mantendré que los más importantes componentes de este mundo son los argumentos críticos [...] y, por supuesto, el contenidos de revistas, libros y bibliotecas.

Popper, K.Conocimiento objetivo