lunes, 8 de junio de 2026

Cirenaicos y cínicos

El intervencionismo político de Filipo II de Macedonia, que se venía incrementando desde mediados del siglo IV, culminó en el año 338 a.C. con la batalla de Queronea. Tras ella desapareció para siempre la autonomía de las polis-estados griegas y surgió el Imperio Macedonio. Posteriormente, Alejandro Magno extendió el imperio por Egipto y por una gran parte de Asia, introduciendo en la cultura griega aportaciones bárbaras. A su muerte, en el año 323, Grecia trató de recobrar su anterior estructura política; pero los reyes macedonios continuaron imponiendo su dominio hasta el siglo III a.C., prácticamente hasta la llegada de los romanos.

La nueva situación afectó profundamente a la vida de Atenas y de otras ciudades griegas. Si hasta entonces, los ciudadanos, integrados en la pólis, participando en los asuntos públicos y próximos a sus gobernantes, se sentían insertos en la vida política, tras el establecimiento del imperio y la disolución de la polis comenzaron a percibir su insignificancia ante las nuevas autoridades y las nuevas instituciones; de este modo surgió una ética pesimista, resignada e individualista que predicaba la indiferencia con respecto a los asuntos sociales y la autosuficiencia (la autarquía) individual en relación a las normas morales.
Estas manifestaciones comenzaron en el siglo IV a.C. con los filósofos cirenaicos y cínicos y alcanzaron su máximo exponente con los epicúreos y los estoicos en los siglos posteriores.

1. La evolución del Liceo
A la muerte de Aristóteles, le sucedió en la dirección del Liceo su discípulo Teofrastro de Lesbos; durante su mandato se multiplicó el número de discípulos, pero el aumento cuantitativo supuso un rápido descenso cualitativo y, mientras que en lo intelectual vio eclipsada su influencia por las escuelas epicúreas y estoicas, en lo que se refiere a su doctrina, surgió una cultura ecléctica que pesó enormemente sobre la tradición científica posterior. Atenas dejó pronto de ser el centro cultural de los siglos anteriores y aparecieron en la periferia del helenismo numerosos centros de investigación científica, entre los que destacaron Antioquía y Pérgamo en el Asia Menor, Siracusa en Sicilia, Rodas en el mar Egeo y, sobre todo, Alejandría en Egipto, con su célebre Museo, en donde durante los siglos III y II a.C. la investigación científica alcanzó altas cotas por obra de matemáticos, como Euclides, Aristarco de Samos, Erastóstenes de Cirene, Hiparco de Nicea... físicos como Herón de Alejandría, Arquímides de Siracusa... médicos, como Herófilo de Calcedonia y Erasistrato de Quíos, etc., y se realizaron numeroso trabajos geográficos y astronómicos.

2. Arquímides de Siracusa
Arquímides de Siracusa (287-212 a.C.), uno de los sabios griegos más destacados de la época helenística y de todos los tiempos, sobresalió en Física y Matemáticas: descubrió el principio que lleva su nombre (el principio de Arquímides), inventó el tornillo sinfín, la rueda dentada, la palanca, numerosas fórmulas matemáticas, como la del área del cilindro y la de la esfera, perfeccionó el sistema numérico griego, etc.

3. Las escuelas morales socráticas: cirenaicos y cínicos
Tradicionalmente se considera a la Academia de Platón y al Liceo de Aristóteles como las escuelas socráticas mayores; frente a ellas, las corrientes seguidas por otros discípulos de Sócrates reciben el nombre de escuelas menores, entre éstas destacan la escuela cirenaica, fundada por Aristipo de Círene, y la escuela cínica, fundada por Antístenes de Atenas. Dichas corrientes, que, por su carácter resignado y por su visión negativa del mundo y de la sociedad, pueden ser consideradas como precedentes de la filosofía epicúrea y estoica, surgieron en Atenas a comienzos del siglo IV a.C., en el seno de una sociedad inestable, sacudida por numerosas guerras tanto civiles como exteriores, con grandes desigualdades económicas entre pobres y ricos y notables diferencias en las capacidades jurídicas y políticas entre los esclavos, los extranjeros y los atenienses de pleno derecho.
Por encima de sus aspectos divergentes, los cirenaicos y los cínicos presentaban gran cantidad de puntos en común:
  • Desde el punto de vista epistemológico, influidos por los sofistas, adoptaron una postura fenomenista, relativista y escéptica, en virtud de la cual rechazaban el valor objetivo de los conocimientos científicos y, en consecuencia, negaban a los seres humanos la capacidad de conocer la realidad.
  • Desde la perspectiva moral, perseguían la consecución de la autarquía, es decir, la autosuficiencia, o lo que es lo mismo, conformarse con poco y no dejarse arrastrar por los bienes materiales: el auténtico camino hacia la felicidad consiste en ser dueño de sí mismo, en necesitar lo menos posible.
  • En política predicaban el cosmopolitismo y el rechazo de todas las normas y convenciones sociales (contra la polis y las leyes de la ciudad). Desde esta posición merece resaltar que los representantes de estas escuelas, como algunos sofistas, propendieron a rechazar la esclavitud y otras muchas discriminaciones y segregaciones sociales.
En cuanto a las diferencias más significativas, los filósofos cirenaicos adoptaron una postura predominantemente hedonista, mientras que los cínicos concedieron especial relieve al ascetismo. 

4. El hedonismo de los cirenaicos
Según el hedonismo (hedoné = placer) de la escuela cirenaica, el bien humano consiste en el placer, y éste es originado por una experiencia o sentimiento positivo producido por las sensaciones. Si dichas sensaciones son violentas sentimos dolor (por ejemplo, si recibimos un puñetazo); pero si es suave experimentamos placer. En consecuencia, el objetivo de la vida ha de consistir en huir del dolor y en buscar el placer. Ahora bien, debemos saber dominar el placer, sin permitir que él nos domine a nosotros, pues, en el primer caso, seremos autárquicos y felices, mientras que en el segundo esclavos y desgraciados.

5. El ascetismo de los cínicos
Los cínicos (kýon = perro, en alusión a que los seguidores de esta corriente amaban la fidelidad y la naturalidad de este animal) insistían en que la auténtica virtud humana consiste en permanecer fieles a uno mismo, fieles guardianes de la imperturbabilidad o eliminación de toda preocupación. En este sentido, para vencer las veleidades de la fortuna o del destino es necesario adaptarse a la naturaleza y conformarse con sus restricciones y sus inclemencias: conformarse con escasos alimentos, beber únicamente agua, soportar impasibles el sofocante calor en verano y el lacerante frío en invierno, dormir en cualquier lugar y, en último término, aceptar el sufrimiento y la muerte.
En cuanto al contacto con la naturaleza, como los perros, los cínicos arremetieron contra las convenciones y el sentido de la estética ateniense, comían, dormían y realizaban sus diferentes necesidades en cualquier parte, vestían pobremente, con andrajos y ropa sucia y provocaban a sus enemigos mediante sarcasmos, burlas o insultos. 

Diógenes se dio a una vida frugal y parca, sin buscar lecho, no temía la oscuridad ni anhelaba ninguna de las cosas que servían para vivir regaladamente. Según algunos, fue el primero que utilizó el manto doble, con el fin de tener con él lo necesario y servirse de él para dormir. Proveyóse también de zurrón, en el cual llevaba la comida y para satisfacer sus necesidades se servía de cualquier lugar.

Diógenes Laercio, Vidas de los más ilustres filósofos griegos

miércoles, 11 de febrero de 2026

Saber analizar

Uno de los más importantes presupuestos a la hora de aprender filosofía es desarrollar la capacidad de realizar análisis. El término "análisis" procede del verbo griego analúo, que significa "desatar". Y este sigue siendo su significado más notable. Analizar quiere decir desplegar y desatar lo que se encuentra concentrado, atado, unido entre sí; es decir, elaborar un análisis exige separar y dividir algo determinado en sus componentes.

Hay otro significado del término analizar: "estudiar o considerar algo atentamente y con detenimiento". Pero esta consideración se hace siempre intentando descomponer lo que estudiamos en sus partes fundamentales para conocer su estructura.

Tras el concepto de análisis hay una gran cantidad de problemas, y muchas de las más importantes creaciones filosóficas lo han sido por ejercer determinadas formas de análisis. Sin embargo, todo análisis riguroso exige un método preciso y debe cumplir unas normas.

Por otra parte, el análisis es una condición de la actividad crítica. Por eso, una de las tareas de las filosofía estriba en la capacidad de realizar análisis precisos que no admitan, sin más, lo que aparece unido a primera vista.

Sugerencias para "aprender a analizar"

A continuación, proponemos unas sugerencias para aprender a realizar análisis precisos:

1) Antes de analizar algo es necesario situarse ante ello y observarlo atentamente. Cuando mejor observemos el objeto y mejor describamos su estructura, mejor lo analizaremos.

En esta primera observación cuidadosa, veremos cómo el objeto de nuestro análisis tiene una unidad determinada y se compone de elementos diferentes.

2) Tras considerar la unidad del objeto de análisis, es necesario dividir y separar sus componentes más importantes en niveles diferentes.

3) Tras separar los componentes de nuestro objeto, conviene analizar los rasgos propios de cada uno de estos componentes, así como las relaciones que se establecen entre ellos.

4) El último paso de un análisis consiste en volver a analizar el objeto desde la estructura de sus componentes y de las relaciones que se establecen entre ellos.

Advertiremos entonces que lo hemos conocido mejor y que hay aspectos de ese objeto en los que no habíamos reparado en su consideración inicial. Con ello, no solo hemos ampliado nuestro conocimiento, sino que podemos realizar una crítica debidamente fundamentada.

domingo, 25 de enero de 2026

Kant y el destino de la razón humana

Kant, I.Crítica de la razón pura (1781)

La razón humana tiene el destino singular [...] de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades.

La perplejidad en que cae la razón no es debida a culpa suya alguna. Comienza con principios cuyo uso es inevitable en el curso de la experiencia, uso que se halla, a la vez, suficientemente justificado por esta misma experiencia. Con tales principios la razón se eleva, cada vez más (como exige su propia naturaleza), llegando a condiciones progresivamente más remotas. Pero advirtiendo que, de esta forma, su tarea ha de quedar inacabada, ya que las cuestiones nunca se agotan, se ve obligada a recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico [...]. Es así como incurre en oscuridades y contradicciones. Y, aunque puede deducir que estas se deben necesariamente a errores ocultos en algún lugar, no es capaz de detectarlos, ya que los principios que utiliza no reconocen contrastación empírica alguna por sobrepasar los límites de toda experiencia. El campo de batalla de estas inacabables disputas se llama metafísica.

sábado, 24 de enero de 2026

La existencia de tres ámbitos de realidad según Popper

Sin tomar los términos "mundo" o "universo" demasiado en serio, podemos distinguir los siguientes tres mundos o universos: primero, el mundo de los objetos físicos o de los estados físicos; segundo, el mundo de los estados de conciencia o de los estados mentales, o quizás de las disposiciones para actuar; y, en tercer lugar, el mundo de los contenidos objetivos de pensamiento, especialmente el mundo compuesto por los pensamientos científicos y poéticos y el de las obras de arte. [...] Desde un principio quiero confesar que soy un realista: pienso, de modo semejante a un realista ingenuo, que hay un mundo físico (mundo 1) y un mundo de estados de conciencia (mundo 2) y que ambos mundos interactúan entre sí. También creo que existe un tercer mundo [...]. Entre los componentes de mi "mundo 3" se encuentran los sistemas teóricos, así como los problemas y las situaciones problemáticas. Y mantendré que los más importantes componentes de este mundo son los argumentos críticos [...] y, por supuesto, el contenidos de revistas, libros y bibliotecas.

Popper, K.Conocimiento objetivo

miércoles, 21 de enero de 2026

La persona, un valor universalmente aceptado

Vivimos en una sociedad plural; los criterios morales y de todo tipo son muy variados. Pero hay un valor, originariamente moral y que fundamenta los restantes ámbitos de la vida humana, que es aceptado, en la actualidad, por todas las éticas occidentales: la persona.

1. Origen del concepto de persona

Aunque entre los estoicos (griegos y romanos) aparece cierta idea de igualdad entre todos los seres humanos dotados de razón, el concepto de persona, tal como nosotros lo concebimos, se incorpora a nuestra cultura de mano de la tradición judeo-cristiana.
En el judaísmo, todos los seres humanos hemos sido creados por Dios a su imagen y semejanza, con lo que se amplía el horizonte estoico, si bien no se utiliza todavía la palabra "persona".
Será en el cristianismo, al intentar los primeros teólogos explicar la revelación del Dios Trinitario, cuando el concepto de persona haga su irrupción en la historia: todos los seres humanos somos personas, pues hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios, que es tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; además, y puesto que Dios es Padre, todos los hombres son hermanos.


  Etimología 

La palabra persona traduce el mismo término latino, el cual, a su vez, proviene del griego πρόσωπον (prósopon), con el que los griegos designaban la máscara que los actores utilizaban en el teatro para representar a sus personajes y para dirigir adecuadamente la voz hacia los espectadores. Esta significación casi nada tiene que ver con la que nosotros le damos en la actualidad, solvo si la entendemos en els entido de que todas las personas "representamos un papel" (el carácter que nos vamos forjando) a lo largo de nuestra vida.

2. Desde la antigüedad hasta nosotros

La primera definición de persona la da Boecio (Anicius Manlius Torquatus Severinus Boethius, 480-525 d.C.): "Sustancia individual de naturaleza racional". Dicha definición se mantiene, con ligeras variaciones formales, hasta la Ilustración, siendo entonces reformulada por Kant, para quien la persona es un fin en sí misma, dado que es un ser autónomo (capaz de darse a sí mismo normas morales); por esto precisamente, porque las personas somos autónomas y, por tanto, fines en nosotras mismas y dignas de respeto, es posible que la razón halle en la ética un imperativo moral incondicionado, es decir, que ha de ser cumplido por todos y siempre, si queremos que nuestra conducta sea moral. Esta norma moral incondicionada se fundamenta y justifica en el valor absoluto de todas y cada una de las personas, y Kant enuncia así la segunda reformulación que da de ella en Fundamentación de la metafísica de las costumbres:

Obra de tal modo que trates la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio.


  La persona en el judaísmo 

Y dijo Dios:
- Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles.
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo Dios:
- Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los vivientes que reptan sobre la tierra.
Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno.

Génesis (adaptado)

 La persona en el estoicismo   

¡Oh Tú, el más glorioso de los inmortales, de numerosos nombres, siempre omnipotente, Zeus, principio soberano de la naturaleza, que todo gobiernas de acuerdo con la ley, te saludo! Pues es lícito a todos los humanos invocarte de viva voz. Porque somos de tu estirpe, y somos los únicos que recibimos la imagen de la razón divina de todos cuantos seres viven y se mueven sobre la tierra. Por eso te celebraré en mi himno y tu poder siempre cantaré.
Cleantes de AsoHimno a Zeus

 La persona en el cristianismo 

Ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón y hembra, pues vosotros hacéis todos uno, mediante el Mesías Jesús.
Gálatas

Dejad de mentiros unos a otros, ya que os despojasteis del hombre que erais antes y de su manera de obrar y os vestisteis de ese hombre nuevo que por el conocimiento se va renovando a imagen de su Creador; y aquí no hay más griego ni judío, circunciso ni incircunciso, extranjero, bárbaro, esclavo ni libre.
Colosenses 

 La persona en Immanuel Kant 

Los seres racionales llámanse personas porque su naturaleza los distingue ya como fines en sí mismos, esto es, como algo que no puede ser usado meramente como medio, y, por tanto, limita en ese sentido todo capricho (y es un objeto de respeto). Éstos no son, pues, meros fines subjetivos, cuya existencia, como efecto de nuestra acción, tiene un valor para nosotros, sino que son fines objetivos, esto es, cosas cuya existencia es en sí misma un fin, y un fin tal, que en su lugar no puede ponerse ningún otro fin para el cual debieran ellos servir de medios, porque sin esto no hubiera posibilidad de hallar en parte alguna nada con valor absoluto; mas si todo valor fuere condicionado y, por tanto, contingente, no podría encontrarse por la razón ningún principio práctico supremo.
I. KantFundamentación de la metafísica de las costumbres

 La persona en Emmanuel Mounier (Filósofo francés, 1905-1950)  

La aventura de la persona es una aventura continua desde el nacimiento hasta la muerte. Así pues, la consagración a la persona, el amor, la amistad, sólo son perfectos en la continuidad. Éste no es un despliegue, una repetición uniforme como los de la materia o de la generalidad lógica, sino un continuo resurgir. La fidelidad personal es una fidelidad creadora.
El acto de amor es la certidumbre más fuerte del hombre, el cógito existencial irrefutable: "Amo, luego el ser es y la vida vale la pena de ser vivida."
E. Mounier, El personalismo (adaptado)

martes, 6 de enero de 2026

Los dos "mundos" de Ortega y Gasset

Hay, pues, toda una parte de la realidad que se nos ofrece sin más esfuerzo que abrir ojos y oídos: el mundo de las puras impresiones. Bien que le llamemos mundo patente. Pero hay un trasmundo constituido por estructuras de impresiones, que si es latente con relación a aquel que no los es, por ello, menos real. Necesitamos, es cierto, para que este mundo superior exista ante nosotros, abrir algo más que los ojos, ejercitar actos de mayor esfuerzo; pero la medida de este esfuerzo no quita ni pone realidad a aquel. El mundo profundo es tan claro como el superficial, solo que exige más de nosotros.

Ortega y Gasset, J.: Meditaciones del Quijote

miércoles, 31 de diciembre de 2025

El problema de la religión y la existencia de Dios

Uno de los temas clásicos de la metafísica es el problema de la religión y de la existencia de un ser supremo, así como el análisis de las relaciones entre Dios y el mundo. Estos problemas tienen su origen en la consideración de la finitud humana y de la contingencia del mundo.

1. La religión

Todas las culturas han desarrollado diferentes formas de religión como respuesta a los problemas últimos de la realidad y de la existencia. La metafísica pretende realizar un análisis racional de la religión.

Mediante la religión, el ser humano y las sociedades se "unen" (religare significa "unir") a realidades trascendentes que explican la contingencia de la existencia y de la realidad. Así, la religión posee dos funciones:

1) Establece la comunicación del ser humano con un ámbito que le trasciende y explica los misterios de su existencia.

2) Tiene un componente social: une a quienes comparten las mismas creencias religiosas e influye en las formas de organización social.

2. Lo sagrado y el hecho religioso

En el núcleo de toda religión se encuentra el fenómeno del hecho religioso, entre cuyos rasgos comunes cabe señalar los siguientes, como apuntan Rudolf Otto y Mircea Eliade:

1) El reconocimiento de un ámbito que trasciende la vida humana y la existencia física contingente.

2) Este ámbito trascendente es sagrado: está separado de lo contingente, de lo profano, pero influye sobre ello.

3) Lo sagrado tiene dos rasgos fundamentales: a) Inspira miedo por su poder, y ante ello sólo se puede mantener una actitud de sumisión y de piedad; b) Es un misterio fascinante que inspira admiración.

4) Lo sagrado se expresa en símbolos y en manifestaciones misteriosas. En muchas ocasiones, la interpretación de los símbolos queda en manos de una casta o grupo social determinado, que tiene privilegios sociales y es objeto de temeroso reconocimiento por la sociedad.

La religión es un hecho cultural siempre presente en la historia. Tras ella se encuentra el problema del sentido de realidades que nos superan, como es la muerte, la posible realidad del "más allá" o la trascendencia.

Para algunos filósofos, la religión es un hecho de importancia indiscutible. Así pensaron Tomás de Aquino o Kierkegaard, entre otros. Para otros, aun cuando no hay un fundamento racional para admitir la religión, ésta fundamenta una acción correcta, como decía Kant.

Sin embargo, la religión ha sido también objeto de críticas negativas. Así, para Marx es una forma de adormecimiento ante la injusticia social. Nietzsche pensaba que surgía del resentimiento y era propia de quienes no aceptan la vida. Freud afirmaba que sólo es una ilusión.

3. Ateísmo y agnosticismo

El ateísmo afirma que Dios no existe y que, por tanto, no tiene sentido mantener una discusión sobre Dios y los problemas religiosos.

El agnosticismo sostiene que sólo se puede conocer aquello que se encuentra dentro de los límites de la razón y es acorde con los resultados del conocimiento científico: por ello, entiende que no es posible mantener un juicio fundamentado acerca de los problemas religiosos y de la existencia de Dios.

4. Dios y el mundo

Podemos distinguir tres conjuntos de problemas metafísicos que se ocupan racionalmente del problema de Dios:

1) El concepto de Dios: Dios es considerado un ser autosuficiente que existe eternamente por sí mismo. Es el ser supremo y representa la máxima perfección. En cierto modo, es el contrapunto a la finitud y a la contingencia.

2) La prueba de la existencia de Dios: La metafísica analiza la posibilidad de una prueba racional de la existencia de Dios. Tres han sido los tipos de argumentos utilizado para probar la existencia de Dios mediante el mero empleo de la razón humana:

a) El argumento ontológico: Puesto que Dios es el ser perfecto, no puede no existir, pues sería una imperfección.

b) El argumento cosmológico: Es necesario que exista una causa última del cosmos o universo.

c) El argumento de la finalidad: El orden del mundo exige admitir la existencia de un ser ordenador supremo, que es Dios.

3) Las relaciones entre Dios y el mundo: Dos son las posturas fundamentales que la metafísica clásica admite ante estas relaciones:

a) La creación: Reconoce a Dios como creador de un mundo que tiene leyes propias. Pero una vez creado, el universo sigue sus propias leyes, sin que Dios intervenga en él.

b) La providencia: Mantiene que, tras la creación, Dios ejerce una labor providente sobre el mundo.

En ambas posturas se reconoce el papel creador de Dios y su existencia como ser trascendente al mundo.