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domingo, 5 de marzo de 2023

Instintos, lenguaje y símbolos: aprendizaje y cultura

En el caso del ser humano, la evolución biológica ha sustituido progresivamente el instinto, como respuesta heredada, por el hábito, como respuesta aprendida.

El proceso de hominización puede ser considerado, por tanto, como un camino de progresiva liberación de la dependencia del medio externo. La evolución ha hecho a los seres humanos fundamentalmente culturales.

Los seres humanos nacen con un número reducido de instintos. Algunos sociólogos consideran que un recién nacido sólo tiene dos instintos: chupar y llorar. El resto es cultura. Los etólogos han luchado contra esta idea buscando las conductas preprogramadas del ser humano.

Sin embargo, hay una peculiaridad que determina el proceso de la evolución cultural humana. El ser humano introduce entre el estímulo y la respuesta un elemento nuevo: el símbolo. Los humanos viven en un medio ambiente lingüísticamente conformado.

Con el lenguaje se accede a información que no hace falta experimentar, lo que permite el conocimiento por asimilación como forma específica de adquisición de cultura de los seres humanos.

El lenguaje es el depósito del conocimiento que permite transmitir información y acumularla de generación en generación. Esta característica abre paso al proceso de humanización y a la constitución de un mundo básicamente cultural.

Con el desarrollo de la cultura, el ser humano consigue adaptarse a cualquier ambiente. A partir de la interacción de un conjunto de individuos entre ellos y con los elementos presentes en su entorno se generan unos modos de actuar y se producen unos instrumentos que facilitan la supervivencia del grupo. Se constituye una cultura, que se acumula generación tras generación, hasta el punto de que el mundo de los humanos parece exclusivamente cultural, ajeno a la naturaleza.

Ahora bien, a partir del desarrollo de la sociobiología y de las investigaciones con primates, las fronteras entre naturaleza y cultura basadas en la distinción entre innato y aprendido se disuelven, porque hay conductas que, a pesar de ser innatas, necesitan de un ambiente adecuado para desarrollarse; por ejemplo, la capacidad de construir nidos de los gorilas.

La distinción entre aprendizaje y herencia no sirve para establecer una diferenciación radical entre culturas humanas y culturas animales en sentido objetivo, en tanto que algunos animales son capaces de aprender ciertas conductas que, por tanto, son culturales, no innatas. Por ejemplo, un chimpancé puede utilizar una ramita para extraer termitas del termitero, y este comportamiento no es innato, sino aprendido de otros chimpancés.

domingo, 26 de febrero de 2023

De la naturaleza a la cultura: el aprendizaje

El enfrentamiento entre naturaleza y cultura a veces se ha presentado como la disyunción entre aprendizaje (cultura) y herencia (naturaleza). Podemos considerar válida esta distinción en el ámbito de la cultura subjetiva.

La cultura subjetiva se constituye con aquellos conocimientos que adquiere el sujeto a través del proceso de aprendizaje, situándose frente a todo aquello que es producto del instinto o innato. La naturaleza sería lo programado genéticamente, lo que se adquiere durante el desarrollo embrionario.

El debate acerca de la relación entre los aspectos naturales (instintivos o biológicos) de los seres humanos, frente a lo que representa la cultura (educación o sociedad) es muy antiguo, casi tanto como la reflexión sobre qué es el ser humano.

Todos los animales necesitan extraer información del medio en el que viven para mejorar sus posibilidades de supervivencia. A medida que se sube en la escala evolutiva, la capacidad de adquirir conocimiento y de intervenir en el entorno se va haciendo más compleja y creativa.

Muchos animales se comportan exclusivamente de acuerdo con conductas determinadas genéticamente. Ante una situación ambiental se desencadena siempre la misma respuesta. Por ello, carecen de capacidad para controlar de forma voluntaria la mayor parte de sus conductas. Aunque los instintos no definan por completo todas sus acciones, muchos animales nacen preparados para actuar de una manera concreta ante las situaciones que van a encontrar en el nicho ecológico en el que viven. Su aprendizaje se reduce a encadenar unas respuestas con otras.

Las conductas innatas limitan las posibilidades de respuesta. Es la capacidad de aprender la que permite actuar libremente. El aprendizaje hace posible la construcción de la cultura. Solo los animales con esta capacidad generan cultura.

Los mecanismos de aprendizaje de la cultura se basan en los siguientes procesos:

  1. Educación, o enseñanza consciente y programada, mediante la que se adquiere una conducta nueva en función de las consecuencias que de ella se deriven. Se trata del aprendizaje por condicionamiento: un comportamiento adecuado es reforzado por algún tipo de premio o para evitar un castigo.

  2. Imitación de otro sujeto: este tipo de aprendizaje requiere un importante grado de desarrollo del cerebro que permita descubrir la intencionalidad que subyace bajo la conducta a imitar. Esta es la forma habitual de transmisión cultural entre animales.

  3. Asimilación de la información, comunicada oralmente por un emisor o presente en libros, discos o cualquier otro soporte material. Esta última posibilidad es exclusiva de los seres humanos, porque requiere una serie de capacidades como el uso del lenguaje, el razonamiento lógico, etc.