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martes, 2 de abril de 2024

El nacimiento del pluralismo

1. La moral primitiva

En las tribus primitivas existe una total identificación entre los proyectos de cada uno de sus miembros y el de la comunidad en su conjunto. Las normas vigentes se legitiman recurriendo a narraciones míticas sobre el origen del mundo y de la humanidad, de las que la tribu extrae enseñanzas y orientaciones para su vida cotidiana. A cada miembro de la tribu el importa más la supervivencia del grupo que la suya propia, porque sin el grupo tampoco él sobrevive. Su valor supremo es, pues, la comunidad, y los que no pertenecen a ella son los enemigos a los que hay que combatir: son «holistas». El término holismo viene del griego ὅλον, que significa «todo». Los holistas dan primacía al todo social frente al individuo.

2. Las grandes civilizaciones

En la época de las grandes civilizaciones, con la aparición de la filosofía griega (siglo VII a.C.) y de la religión cristiana, empieza a cambiar el modo de legitimar las normas morales de convivencia. En general, las comunidades siguen siendo moralmente homogéneas (todos comparten los mismos valores y normas) y también conceden primacía a la colectividad frente al individuo. Pero a la hora de legitimar las normas (¿por qué han de estar vigentes éstas y no otras?), no recurren ya a narraciones que consideran válidas sólo para su propio pueblo, sino a narraciones y a razonamientos que pretenden valer para todos los seres humanos. La idea de universalidad había hecho su aparición en la historia de la moral.

3. La primera Modernidad

Durante la Edad Media y a comienzos de la Moderna, las guerras de religión fueron verdaderamente crueles. Aunque en lugares como España la convivencia entre árabes, judíos y cristianos llegó a ser pacífica, en la mayoría de los casos los distintos grupos religiosos eran incapaces de tolerar que las demás tuvieran una visión distinta del mundo y de la sociedad, y no entendían más solución a las diferencias que la tortura y la muerte. Los poderosos de la política y de la economía canalizaban este fanatismo en provecho propio y utilizaban la coartada de la religión para ampliar su poder. El resultado fue espantoso: expulsión de musulmanes y judíos de Europa, matanzas de herejes, quema de brujas, expolio de los sospechosos.


4. Los comienzos del pluralismo

Sin embargo, hacia los siglos XVI y XVII algunas voces se alzan defendiendo expresamente la tolerancia entre aquellos que tienen distintas cosmovisiones. Los textos de John Locke, de Voltaire y de otros filósofos de la época exigen la tolerancia desde posiciones religiosas, pero van utilizando cada vez más argumentos que son aceptables por creyentes y no creyentes: el germen del pluralismo estaba ya sembrado.

sábado, 1 de abril de 2023

Dentro y fuera de una cultura: "emic" / "etic"

En el siglo XVII, Locke, fijándose en la diversidad de los modos y las costumbres humanas, puso de manifiesto la influencia que ejercía el ambiente sobre los pensamientos y las creencias de los individuos. Al nacer, los sujetos son "papeles en blanco" sobre los que el contexto cultural va escribiendo las costumbres y las formas de entender el mundo. Este proceso es lo que se denomina enculturación, esto es, el aprendizaje de la cultura.

Aprender una cultura consiste en entender y en interpretar el mundo y las cosas que suceden en él desde los parámetros establecidos en el marco de esa cultura.

El lingüista Kenneth L. Pike introdujo la distinción "emic"/"etic" para señalar las diferentes posiciones que podía mantener un lingüista a la hora de estudiar los usos del lenguaje propios de una comunidad de hablantes. Posteriormente, esta distinción comenzó a ser utilizada en antropología cultural para poner de manifiesto la diferente manera en la que se interpretan y justifican las costumbres, las ceremonias o cualesquiera otras prácticas culturales características de un grupo desde fuera o desde dentro de ese grupo:


1) El punto de vista "emic" es el que adoptan los propios participantes, es la visión que ellos consideran real, significativa o apropiada. Consiste en interpretar una ceremonia, ritual u otra práctica cultural dentro de los parámetros del agente que la ejecuta y, por tanto, tomando en consideración la justificación que la propia cultura hace de dichas prácticas.

La posición "emic" es la que se mantiene dentro de una cultura, producto del proceso de enculturación, y hace que se valoren las propias prácticas y creencias como correctas y legítimas.

2) La perspectiva "etic" es la que adopta el observador externo. Es el punto de vista que toma el sociólogo, el antropólogo, etc., cuando intenta valorar una situación cultural desde su propia cultura, desde los parámetros establecidos por esta.

La posición "etic" es la perspectiva que se mantiene desde fuera de una cultura, siempre se mantiene desde otra cultura, aunque se pretenda conservar la objetividad.


Las perspectivas "emic" y "etic" no tienen por qué coincidir. El problema reside en determinar cuál de las dos explica mejor los contenidos de una cultura: los propios agentes que la producen o el observador exterior.

Algunos autores plantean que si las posiciones "emic" y "etic" resultan irreconciliables, entonces no es posible la comunicación entre culturas ni la comprensión de prácticas distintas a las propias. Esto deja cerrado el camino de una multiculturalidad sin conflicto.

Sin embargo, otros autores consideran que el diálogo entre culturas es posible partiendo de elementos comunes (universales lingüísticos y otros patrones universales) que aparecen en todas las formas culturales humanas, producto de la pertenencia a la misma especie.


Un caso práctico de interpretación "emic"/"etic":


Entre los agricultores de Kerala, la tasa de mortalidad de los terneros es casi el doble que la de las crías que son hembras. Los mismos agricultores son plenamente conscientes de que los primeros tienen más probabilidades de morir que las segundas, pero atribuyen la diferencia a la relativa debilidad de los machos. "Los machos -suelen decir- enferman más que las hembras." La perspectiva emic de la situación es que nadie, consciente o voluntariamente, acortaría la vida de un ternero. Una y mil veces los agricultores aseguraban que todas las crías, independientemente de su sexo, tenían derecho a la vida. Pero la dimensión etic de la situación es que la proporción de sexos del ganado se ajusta de un modo sistemático a las necesidades de la ecología y la economía locales mediante un bovicidio preferencial de los machos. Aunque no se sacrifican los terneros indeseables, más o menos a la mayoría se les deja morir de hambre.

Harris, M.: Introducción a la antropología general