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miércoles, 24 de julio de 2024

El método científico

1. Inducción y experiencia

El método científico, o hipotético-deductivo, es un procedimiento inductivo, una generalización de la experiencia. Se llama hipotético porque comienza formulando hipótesis o conjeturas sobre los acontecimientos. Y deductivo porque para poder comprobar esas hipótesis necesita deducir de ellas unos enunciados más simples que puedan ser contrastados.

Francis Bacon, filósofo renacentista, pensaba que la generalización era posible por mera acumulación de observaciones. Y así estableció tablas comparativas para relacionar la presencia o ausencia de un determinado fenómeno junto a otro y poder consignar esas conexiones en leyes.

El método hipotético-deductivo comienza, sin embargo, por la formulación de hipótesis. Es la razón quien pregunta a la naturaleza con una hipótesis y un experimento de modo que la naturaleza responda en los términos o condiciones propuestos. La pregunta se formula en términos matemáticos.

2. Elementos del método hipotético-deductivo

3. Naturalismo y convencionalismo

Dos han sido las teorías que básicamente se han propuesto en medios científicos acerca del valor de las leyes y teorías científicas:

1) El naturalismo o realismo defiende que la ciencia explica una realidad independiente y anterior a nuestras observaciones. Las leyes y teorías científicas son objetivas y responden a lo que realmente se da.

2) El convencionalismo niega una realidad independiente de nuestras observaciones. Las leyes y teorías son instrumentos teóricos de la razón para salvar las apariencias de los fenómenos.

4. Los límites de la ciencia
Los espectaculares avances de la ciencia y la tecnología pueden suscitar la creencia de que son actividades ilimitadas, tanto en sus explicaciones como en su capacidad de contribuir al progreso humano. Nada más alejado del mismo concepto de ciencia, siempre abierta, cautelosa y crítica.

La ciencia es un saber limitado, en primer lugar, por su propia metodología. Karl Popper ha insistido en el carácter no absolutamente cierto y, por tanto, provisional del conocimiento. Según él, se puede considerar válida una hipótesis en tanto no se demuestre su falsedad.

El rigor científico debe llevar siempre a la búsqueda de esa contradicción para acercarse cada vez más a la verdad. Este método se rige más por el criterio de la refutación sucesiva que por el de la verificación acumulada.

A este criterio se le llama principio de falsabilidad: un enunciado es científico si puede ser falsado por la experiencia. Es una postura contraria a todo dogmatismo.

Otra limitación de la ciencia es la reducción a los hechos. No hay posibilidad de conocer aquello de lo que no se tiene experiencia. Así lo afirmó Hume. Por tanto, ante las grandes preguntas o la problemática condición humana, la ciencia mantiene un respetuoso silencio: "Ante lo que no se puede hablar se debe callar", decía Wittgenstein.

La ciencia es un asunto humano, y está sometida a la resistencia social y psicológica de la comunidad científica y de las mentalidades de cada época. Thomas Kuhn ha insistido en la dimensión sociológica de la ciencia: una nueva teoría no es solo resultado de nuevas contrastaciones. Es también una revolución o cambio de paradigma, que conlleva convulsiones internas en el ámbito de la comunidad científica.

Junto a Popper y Kuhn, otros filósofos de la ciencia han insistido en que es una construcción histórica. Imre Lakatos se interesa por la historia interna de la investigación científica, por el itinerario intelectual en que se producen las leyes y las teorías. Por eso, propone que las investigaciones se realicen en el marco de un programa de investigación.

Según Paul Feyerabend, la ciencia ha estado excesivamente constreñida por las reglas metodológicas, y otros saberes como los mitos y la metafísica también son útiles. Por ello, sugiere cierto anarquismo metodológico: "todo vale"; no hay métodos absolutos para llegar a la verdad científica.

La investigación científica ha de ser libre y responsable. No siempre es así. La ética de la responsabilidad insiste en el compromiso con la verdad, la prioridad social de los programas y las exigencias ecológicas.

martes, 23 de enero de 2024

El proceso del conocimiento: razón y experiencia

1. Introducción

Hay dos cuestiones que preocupan a la filosofía desde sus orígenes. Por una parte, la existencia de un mundo físico real e independiente de la experiencia. Por otra parte, como cuestión fundamental en teoría del conocimiento, una vez afirmada la existencia del mundo, cómo se llegan a conocer sus características y cómo se puede determinar la verdad o precisión de ese conocimiento.

Nuestro conocimiento está codificado por el lenguaje. Éste es el instrumento del que disponen los seres humanos para transmitir e interpretar lo que se conoce. Nos vamos a plantear si es posible pensar o conocer sin tener un lenguaje o si nuestra lengua determina la forma en que interpretamos el mundo.


2. El conocimiento hasta la Edad Moderna: lo universal

De los griegos a la Edad Moderna, el conocimiento es conocimiento universal:

1) En Platón, es un proceso de superación de la información de los sentidos (apariencias) hasta alcanzar las ideas, que son universales y están separadas tanto del individuo que conoce como de las cosas.

2) Para Aristóteles, el conocimiento sigue siendo universal, pero ahora el entendimiento abstrae los rasgos universales a partir de la experiencia particular de los objetos del mundo.

3) En la Edad Media, la preocupación en torno al conocimiento fue la de elaborar esos juicios universales y necesarios.

El conocimiento de la realidad no estaba mediatizado por el sujeto, que se limitaba a recibir pasivamente la información que proporcionan los sentidos. Fue en la modernidad cuando se introdujo la idea de que el conocimiento era resultado de la actividad del sujeto.


3. Dos posturas en la Modernidad: la razón y los sentidos

La aproximación moderna a la idea de conocimiento parte de su comprensión como un proceso en el que intervienen dos elementos: un sujeto, que conoce, y un objeto, que es conocido.

Hay que tener en cuenta, por un lado, las características físicas de los objetos y, por otro, la estructura fisiológica de quien percibe. Muchos animales no ven el color porque no tienen sentidos receptores con los pigmentos adecuados. La percepción del color es una capacidad que en el proceso evolutivo ha aparecido en muchas especies y ha desaparecido en otras.

Los humanos vemos el mundo con una amplia gama de colores, lo que determina nuestra forma de describir, entender y movernos en nuestro entorno. Ahora bien, si ocurre lo mismo con el resto de percepciones de la realidad, ¿vemos el mundo tal como es o tal como somos capaces de verlo?

En el pensamiento moderno, el empirismo y el racionalismo propusieron dos explicaciones divergentes a la cuestión de cómo conocemos:

1) Para el empirismo, el conocimiento comienza y termina con la experiencia, a partir de la información que proporcionan los sentidos.

Los empiristas parten de la idea de que la mente humana es como una página en blanco sobre la que se imprimen todos los conocimientos a partir del contacto con la realidad. Hume distingue entre dos tipos de percepciones: las impresiones, que son inmediatas a la observación del objeto, y las ideas simples, o copias de las impresiones. Las ideas más complejas y abstractas se forman a partir de la asociación de las simples, según unas leyes determinadas.

El empirismo es muy restrictivo con las ideas a las que no corresponde ninguna impresión, como, según Hume, la de causa o la de sujeto.

2) El racionalismo fue la tradición filosófica dominante durante los siglos XVII y XVIII.

Todos los racionalistas comparten la confianza en la razón como el instrumento de los seres humanos para descubrir los procesos que ocurren en la realidad. Los sentidos tienen un papel secundario.

La mente construye la realidad mediante la actividad de la razón, al elaborar las ideas. Por ello, Descartes desconfía de la información sensorial, y busca las ideas innatas (con las que nacen todos los sujetos) y en las que se funda el verdadero conocimiento.

3) Por su parte, Kant plantea una posición conciliadora, de acuerdo con la cual admite con los empiristas la necesidad de la experiencia para conocer, pero coincide con los racionalistas en señalar que el entendimiento aporta conceptos puros, vacíos de contenido empírico, en el proceso de conocimiento.

Para Kant, los sentidos aportan el material del conocimiento, pero es la razón humana quien lo organiza de una forma determinada, común para todos.

Así, establece unas relaciones muy complejas entre sujeto cognoscente y objeto conocido. El sujeto conoce la realidad participando activamente en el proceso, de tal modo que impone sus estructuras mentales al mundo. Por lo tanto, en el conocimiento intervienen ineludiblemente los dos elementos: la razón y los sentidos.

Este debate filosófico está en la base de las modernas investigaciones acerca del conocimiento o de la relación entre lenguaje y pensamiento. Las neurociencias y la psicología han tratado de dar respuesta a esta vieja cuestión de cómo a través de los sentidos nos relacionamos con el mundo. Al mismo tiempo, la sociología y la antropología han tratado de dilucidar la determinación social del conocimiento humano.


Almendro en flor (Van Gogh), Museo Van Gogh de Ámsterdam: El sujeto humano participa activamente en la construcción del conocimiento, pues organiza la información de los sentidos mediante la razón.

lunes, 22 de enero de 2024

David Hume (1711-1776)

Filósofo escocés que defendió la importancia de la experiencia como fuente de todo conocimiento. Destacó el valor de la costumbre en muchos de los conocimiento habituales. Criticó muchos de los conceptos de la metafísica clásica e hizo de la práctica de la duda y del escepticismo una guía para el conocimiento y la acción. Fue uno de los más notables representantes del empirismo británico.

jueves, 8 de junio de 2023

El enigma de la conciencia

La conciencia es uno de los rasgos específicos del ser humano. Nos permite "darnos cuenta de algo" y hace posible mantener una especial relación con el mundo exterior y con nosotros mismos. Por otro lado, la conciencia hace posible que nos concibamos como sujetos independientes: somos algo en cuanto tenemos conciencia de aquello que somos.
Como toda actividad mental, la conciencia tiene una base fisiológica en el cerebro y se desarrolla evolutivamente a lo largo de la vida. En ella influye el ambiente, las condiciones materiales de nuestra vida, el lenguaje y nuestras relaciones con otros seres humanos. Es fuente de conocimiento, pero también produce ilusiones. Analicemos sus características.
1. "Volver sobre sí mismo": la reflexividad

La conciencia es una actividad mental que permite una "vuelta a sí", una "re-flexión". Tener conciencia implica "volver sobre uno mismo". Supone "darse cuenta"; es decir, darse una razón a sí mismo de algo, explicarse algo; o, cuando menos, plantearse esa explicación.

Por su reflexividad, la conciencia permite pensar sobre la realidad exterior, sobre los otros seres humanos y sobre lo que somos.

Es posible distinguir dos formas de conciencia:

1) La conciencia inmediata posibilita conocer y advertir nuestra propia presencia. Se llama inmediata porque aparece sin necesidad de intermediario alguno. Por ella, somos capaces de "vernos" a nosotros mismos y pensar en lo que somos o podemos ser.

2) La conciencia mediata exige intermediarios, entre otros, la realidad exterior y la actividad de otros seres humanos. Mediante este tipo de conciencia mediada, podemos pensar y juzgar el mundo exterior, las consecuencias de nuestros actos y lo que son las otras personas.

Ambos tipos de conciencia se encuentran relacionados: nos conocemos a nosotros mismos porque pensamos y juzgamos lo que son las cosas y las personas que nos rodean.

2. El carácter intencional de la conciencia

A comienzos del siglo XX, Brentano y Husserl afirmaron que la conciencia no es una sustancia o una realidad encerrada en sí misma, sino una realidad intencional.

Toda conciencia posee siempre una intención a la que apunta: es una conciencia "de algo"; se dirige a un objeto diferente a ella misma.

Por ser intencional, la conciencia es siempre esencialmente abierta y dinámica. Quien tiene conciencia se encuentra siempre en relación con otras cosas y con otros seres vivos. La conciencia es, entre otras cosas, la capacidad de crear relaciones. Tenemos conciencia propia cuando mantenemos relaciones con nosotros mismos, con otras personas y con el mundo exterior. La intencionalidad amplía el significado de la reflexividad de la conciencia, y no permite que ésta sea una sustancia cerrada.

3. Críticos de la conciencia

Spinoza no dudó en recordar que la conciencia puede ser fuente de ilusiones. Los empiristas británicos, y en especial Hume, pensaban que la conciencia como tal no se correspondía con una impresión sensible precisa y que, por lo tanto, tenía un limitado valor como idea. Marx advirtió que la conciencia humana no era algo abstracto o ideal: dependía de las condiciones materiales de la existencia.

4. Las ilusiones de la conciencia y la actividad del inconsciente

La conciencia es un instrumento de lucidez, que nos permite orientarnos en nuestra vida y en nuestras relaciones con otros seres humanos. Pero también puede ser fuente de error y de falsas ilusiones. Y, a veces, es origen de enfermedades. La psicología y la psiquiatría modernas se encargan de analizar los trastornos neurológicos y conductuales que produce una conciencia enferma.

Han sido muchos los filósofos que han destacado el valor de la conciencia como fuente de conocimiento y como criterio de acción moral. Pero también hubo otros que vieron en la conciencia una fuente de engaño y de conflictos.

La crítica más importante acerca del valor incuestionable de la conciencia procede de Sigmund Freud. Freud piensa que el comportamiento manifiesto o consciente del ser humano se apoya en un complejo universo de elementos inconscientes.

Lo que denominamos conciencia se basa en todo un conjunto de sentimientos e ideas inconscientes que sólo aparecen en los sueños y en los actos fallidos.

El inconsciente reúne todo aquello que ha sido prohibido por la religión, la sociedad o la educación, y que permanece siempre oculto. Solamente si se entiende el inconsciente podrá analizarse la conciencia. El método del análisis del inconsciente se denominó psicoanálisis.

La perspectiva de Freud hizo tambalearse el valor que se atribuía a la conciencia y fue el origen de su análisis crítico desde comienzos del siglo XX.

jueves, 4 de mayo de 2023

Cuerpo y mente: una relación compleja

Cuando se analiza lo que es el ser humano aparece un problema fundamental: somos una relación entre un cuerpo material y un conjunto de actividades mentales. La física, la química, la biología y la medicina profundizan en el conocimiento de nuestro cuerpo. La psicología, la psiquiatría y las nuevas ciencias del cerebro analizan la estructura de la mente. Pero, más allá de los resultados de estas ciencias, hay muchas preguntas que son propias de la filosofía.

1. El cuerpo: materia viva

La física y la química muestran que los componentes últimos del cuerpo son los átomos y las moléculas, que se encuentran presentes en todos los cuerpos. Por ello, somos una parte de la naturaleza material.

El cuerpo humano no es materia inerte, sino materia viva. Como organismo vivo que es, el cuerpo desarrolla unas funciones que le permiten subsistir de modo autónomo, alimentarse, reproducirse, etc. Estas funciones tienen diversos grados de complejidad, que van desde la aparente simplicidad de la célula a la complejidad del sistema nervioso.

Vivimos, sentimos y conocemos a través del cuerpo. Es decir, nuestro cuerpo es un instrumento indispensable para poder vivir. La experiencia del propio cuerpo es imprescindible para sentir el mundo, y también para sentir a los otros. Vivir el cuerpo permite vivir el mundo. Estamos "encarnados en un cuerpo", como sostiene Merleau-Ponty.

2. La mente y el cerebro

Pero el ser humano no solo es un cuerpo, sino que también tiene lo que denominamos mente.

El término "mente" designa el conjunto de actividades propias de la inteligencia y de la afectividad humanas, que procesan la información del mundo exterior y dirigen las funciones vitales.

Ha recibido nombres variados, como alma o espíritu. En muchas ocasiones se la ha considerado superior al cuerpo y distinta de él. Actualmente, ninguna discusión acerca de la mente puede sostenerse sin tener en cuenta el cerebro. Éste es el órgano más complejo del ser humano, y hace posible ejercer las funciones intelectuales, afectivas y motoras de nuestra vida.

A comienzos del siglo XX, Santiago Ramón y Cajal estudió, por ver primera, la originalidad de las células cerebrales o neuronas, sus conexiones o sinapsis, y el sorprendente funcionamiento del cerebro. Desde entonces, las ciencias del cerebro han progresado mucho.

La investigación del cerebro es el objeto de las neurociencias, que analizan cómo se produce el proceso de razonamiento que el cerebro realiza. Para ello, crean máquinas y autómatas que simulan el comportamiento racional de los seres humanos, resolviendo problemas y respondiendo a preguntas sencillas; es decir, procesando información.

Sus resultados son muy variados y han abierto uno de los frentes más interesantes de la ciencia contemporánea. Tras estos resultados se encuentra una pregunta acuciante: ¿es posible construir máquinas y robots que piensen? Y lo más importante, ¿puede desvelarse el fundamento cerebral del razonamiento? Si esto se logra, podría conocerse el fundamento material de la mente. Ésta es una tarea ambiciosa, que está lejos de ser resuelta, pero que ya ha producido resultados sorprendentes.

3. Tres concepciones clásicas de la mente

Es posible señalar tres concepciones clásicas de la mente:

1) La mente es el pensamiento y el conjunto de actividades intelectuales, como señaló Descartes.

2) La mente es un conjunto desordenado o "manojo" de percepciones diferentes del mundo exterior que se suceden sin cesar, como indicó Hume.

3) La mente es una "corriente incesante" de estados de conciencia, que procesan la realidad del mundo exterior y tiene un carácter dinámico, como indicó William James.