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sábado, 28 de junio de 2025

Metafísica

Todos sabemos que existen objetos y seres individuales. Para conocerlos, disponemos de nuestra capacidad de conocer, del uso del lenguaje y de los datos científicos. Sin embargo, hay una pregunta esencial para el ser humano: ¿qué es la realidad?

El análisis del problema de la realidad es el objeto de la metafísica, la más abstracta y compleja disciplina filosófica.

1. Introducción

Una de las más importantes preguntas que se hace la filosofía tiene por objeto comprender los rasgos comunes que posee todo aquello que "es", es decir, comprender el sentido de la realidad y de la trascendencia. Esa es la tarea de la metafísica.

La respuesta a este problema ha llevado a la construcción de grandes sistemas filosóficos que pretenden interpretar el conjunto de la realidad.

2. La ciencia y la realidad

A comienzos del siglo XXI, la ciencia ofrece la imagen generalmente admitida de eso que llamamos realidad. Pero los descubrimientos y los logros de la ciencia abren la puerta a enigmas cada vez más complejos.

En la Antigüedad, todo lo que hoy denominamos conocimiento era atribuido a la filosofía, considerada la máxima forma de saber racional. Pero el progreso científico hizo que muchos conocimientos siguieran un camino independiente de la filosofía. Estos conocimientos se convirtieron en ciencias especializadas, y la suma de todas ellas ofrece una imagen cabal del mundo que nos rodea.

Sin embargo, hay cuestiones comunes a todas las ciencias que no se resuelven en un laboratorio. Son problemas muy generales, que se encuentran más allá de toda especialidad y que afectan a todas las ciencias. Señalemos algunos: ¿cuál es el origen de las cosas?, ¿hay diferencia entre ser y existir?, ¿cuáles son los principios básicos de la realidad?, ¿hay algo que permanece en medio de los cambios y modificaciones de las cosas? Y, sobre todas ellas, una muy difícil de responder: ¿qué es la realidad? Todas son preguntas que se encuentran "más allá" de la ciencia.

3. ¿Qué es lo que hay?: La pregunta por la realidad

Ante la variedad de cosas que nos rodean, se plantean dos preguntas importantes. Parecen sencillas, pero su respuesta es compleja:

1) Heidegger se preguntaba "¿por qué hay algo y no más bien hay nada?"; es decir, ¿qué supone el que "haya" cosas?

2) La otra pregunta se expresa de este modo: ¿cuáles son los rasgos de "lo que hay"?; es decir, ¿qué queremos expresar cuando decimos de algo que es "real"?

4. Lo real y la ilusión

Eso de la realidad parece sencillo, pues nosotros somos reales y vivimos entre cosas reales que nos afectan. Ahora bien, algunas de estas cosas existen y otras no. Y ambas, curiosamente, "son". Es decir, forman parte de "lo que hay". Consideremos tres ejemplos:

1) Mi bolígrafo, mis vaqueros y mis amigos son reales y existen. Es decir, poseen una realidad concreta, que puedo ver, tocar y sentir. Pero hay muchas otras cosas que son reales y no tienen esa existencia tan inmediata. Por ejemplo, mis sentimientos, mis miedos, mi pasado; todos ellos son reales, pero no tienen la misma existencia que los objetos materiales.

2) El asunto se complica más si pensamos que hay algunas cosas que no son reales, pero lo parecen y tienen influencia en nuestras vidas. Pensemos en un juego de la consola, en lo que aparece en la pantalla de nuestro ordenador o de nuestra televisión, en lo que hemos visto cuando visitamos un parque temático. Todas esas cosas no tienen existencia material, pero "son" de alguna manera. Es decir, forman parte de la realidad. Las llamamos realidades virtuales.

3) Por último, sabemos que hay ilusiones, alucinaciones, engaños. Algunos son positivos, como los deseos o las esperanzas. Otros son negativos, como las alucinaciones, que nos ocultan la realidad verdadera y nos hacen creer que ellas son la realidad. Pero ambos tienen relación con la realidad: son producidos por ella. Y muestran hasta qué punto la realidad puede ser fuente de engaños.

5. La realidad del mundo externo

Los problemas que se derivan de los ejemplos indicados han ocupado durante siglos el trabajo de los filósofos. Pueden ordenarse en una serie de posturas que permiten situar nuestra relación con la realidad. Mencionemos las más importantes:

1) Realismo del sentido común: Hay un mundo real y exterior a nosotros que es captado por los sentidos y analizado por la ciencia. Esta postura es la más habitual y extendida.

2) Escepticismo: Nuestros sentidos no nos proporcionan una imagen fiable del mundo externo; muchas veces nos engañan y nos hacen ver u oír cosas que no son reales. Por tanto, es preciso dudar de los datos que nos proporcionan los sentidos acerca del mundo exterior.

3) Idealismo: Cuando analizamos el mundo real, sólo contamos con nuestras ideas acerca de ese mundo. Por tanto, sólo existe el universo de nuestra mente y de nuestras percepciones. Es decir, únicamente existen nuestras "ideas" del mundo exterior. El mundo sólo existe cuando lo percibo.

4) Fenomenismo: No es posible ofrecer una imagen general del mundo. El mundo real no es más que el conjunto de "fenómenos" sensoriales y percepciones que de él podemos tener.

Estas posturas se encuentran en el origen de las discusiones acerca de la realidad y del conocimiento del mundo exterior. La pregunta por la realidad es el objeto de una rama especializada de la filosofía denominada metafísica.

viernes, 9 de mayo de 2025

El horóscopo y otras pseudociencias

En el periódico podemos leer las predicciones de los horóscopos, que podrían servir para cualquier signo del zodíaco y para cualquier momento. Es una información, una predicción del futuro, basada en la posición relativa de los astros en el sistema solar. Su pretensión científica se basa en la influencia de la radiación planetaria en los genes y en el carácter de las personas.
El horóscopo es una de las múltiples formas de adivinación del futuro, como las líneas de la mano, la bola de cristal, el tarot, etc. Existen también otras muchas prácticas que pretenden contactar con el "más allá", como son la magia, los hechizos, los contactos extraterrestres, las apariciones y demás fenómenos parapsicológicos y ciencias ocultas. Todos ellos son tan antiguos como la curiosidad, el miedo y la credulidad.
Si observamos de cerca un horóscopo, encontraremos enseguida profundas diferencias con la ciencia. Y también con el valor antropológico que se da a la religión desde la filosofía. Mario Bunge establece una distinción muy clara entre el proceder científico y el pseudocientífico. La pseudociencia invoca entes inaccesibles a la observación empírica, no somete sus especulaciones a contrastación, no cambia sus principios cuando fallan o ante nuevos hallazgos, y no es el resultado de un trabajoso proceso de análisis y matematización.
La lógica de las "mancias" o pseudociencias incurre en falacias. Citemos por ejemplo las predicciones vagas, que son tan imprecisas y frecuentes que se dan siempre ("En algún momento te sentirás feliz junto a los tuyos") y también la predicción múltiple, que alguna vez ha de acertar ("Serás feliz", "Tendrás amor", "Ganarás dinero", etc.).
Los psicólogos y los sociólogos insisten, por otro lado, en la función ilusoria y de sustitución que cumplen estas "mancias" ante la sensación de vacío e inseguridad de la sociedad contemporánea. La mentalidad postmoderna ha roto con los grandes sistemas políticos y religiosos, dejando un vacío ideológico que permite el resurgir de estas pseudociencias.

lunes, 30 de diciembre de 2024

Las revoluciones científicas del siglo XX

En el siglo XX se han producido tres grandes revoluciones que han cambiado el modo de entender la realidad:

  1. En el ámbito de la física, las teorías de la relatividad y cuántica originan un nuevo concepto de la estructura del universo y de la materia.
  2. En el ámbito biológico, la bioquímica y la genética muestran la vida como resultado de la complejidad y autoorganización de la materia.
  3. En el ámbito humano, la revolución digital y las neurociencias relacionan la conciencia con la física y la biología, respectivamente.

1. La teoría de la relatividad

Albert Einstein, a partir del descubrimiento del efecto fotoeléctrico, llegó a la conclusión de que la luz se comporta como onda y como partícula, y su velocidad es constante. Era el inicio de la teoría de la relatividad.

Según la teoría especial de la relatividad, no hay ningún movimiento absoluto, ni ningún punto de referencia fijo, como exigía la física de Newton. Y, por tanto, no existen el tiempo y el espacio separados, sino un continuo espacio-tiempo. La masa y la energía son intercambiables, de acuerdo con la consabida fórmula:  E = m c²

La teoría general de la relatividad explica el movimiento acelerado de los cuerpos y, en especial, la gravedad como una curvatura del espacio-tiempo, representado, gracias a la nueva geometría, como un espacio cuatridimensional.

La comprensión de estos enunciados es poco intuitiva. Su elevada abstracción requiere de analogías para entenderlos. La relatividad de toda observación puede comprenderse si nos situamos en el interior de un tren y comprobamos que los postes de la catenaria parecen pasar más deprisa o más despacio según estemos quietos o caminemos dentro del tren.

2. La teoría cuántica

Esta teoría pretende explicar la estructura de la materia en el nivel atómico y subatómico. En 1900, Max Planck demostró que la materia absorbe o emite energía en unidades limitadas llamadas quanta. Más adelante, otros físicos, como Bohr, Dirac, Heisenberg y Schroedinger, llegaron a la conclusión de que la materia se compone de átomos, y estos, de pequeñas partículas muy próximas al límite de lo inobservable.

Estas partículas tienen una naturaleza dual: unas veces se comportan como puntos de masa y otras como ondas, de manera que sola una ecuación matemática puede expresarla. Esta ecuación no describe un comportamiento exacto, sino solamente una tendencia o probabilidad.

Heisenberg formula este carácter indeterminista del mundo subatómico en el llamado principio de indeterminación: "No se puede medir a la vez la velocidad y la posición de una partícula". Es decir, se puede predecir, bien la velocidad, bien la posición de una partícula, pero no ambas a la vez. Este descubrimiento supone el fin del determinismo.

3. El big-bang y la nueva imagen del universo

El gran reto de la física actual es la unificación de las teorías cuánticas y de la relatividad. La revolución cuántica trajo consigo el descubrimiento de dos nuevas fuerzas que se suman a las ya conocidas de la gravedad y el electromagnetismo. Estas son la fuerza nuclear "fuerte", que mantiene unido el núcleo del átomo, y la fuerza nuclear "débil", que actúa en el interior de los protones y neutrones del núcleo.

Las fuerzas nucleares "fuerte" y "débil" desarrollan una extraordinaria energía muy concentrada y de alcance muy limitado. En el otro extremo, la gravedad opera de forma inversa. No es la de mayor potencia, pero sí la de mayor alcance. Las fuerza electromagnética mantiene la cohesión de los átomos mediante la atracción y la repulsión de los protones y electrones, fenómeno que llamamos electricidad.

A estas cuatro fuerzas se les llama también metafóricamente "cuerdas", por su función energética de integración o enlace. La teoría de unificación más aceptada es la teoría de la supercuerda. Propuesta en la década de 1980, intenta describir la totalidad del universo como constituido por unas entidades abstractas semejantes a cuerdas, infinitamente pequeñas, que se encuentran vibrando y girando bajo una gran tensión. Las partículas serán estados vibracionales, nodos o puntos de oscilación de esas cuerdas.

Bajo esta misma perspectiva unificadora se sitúan las teorías sobre el origen del universo. La más consistente es la conocida como big-bang o gran explosión. En 1948, George Gamow, basándose en estudios anteriores sobre la radiación del fondo del universo, propuso una imagen de éste en expansión. El momento inicial fue una gran explosión de un punto primordial de energía casi infinita y materia casi nula, por tanto, de elevadísima densidad y temperatura.

El espacio-tiempo se originó en la misma explosión y con él las primigenias partículas y los primeros núcleos de hidrógeno y helio. En billonésimas de segundo se fueron constituyendo los átomos y, en virtud de la atracción de la gravedad, se fueron concentrando en estrellas y planetas. Este universo podría seguir expandiéndose o, previsiblemente, acabar en una implosión (big-crunch), en la que todos los elementos constituyentes retrocederán hasta fusionarse de nuevo en la partícula inicial.

4. Los agujeros negros

Un agujero negro es una deformación del espacio-tiempo causada por una estrella en extinción que al enfriarse provoca una gran campo gravitatorio. Todo cuanto se acerca a él, incluida la luz, es absorbido. Según Stephen Hawking, el universo es un continuo de infinitos y pequeñísimos agujeros negros, y lo que llamamos el vacío cósmico no es tal, sino el resultado de la neutralización de una partícula y su antipartícula. En los agujeros negros siempre se pierde una partícula o su antipartícula, borrándose así la mitad de la información e incrementando, por tanto, la naturaleza indeterminada de la materia. Incluso, a veces, el agujero se perfora abriendo paso a otros universos paralelos.

5. La revolución digital

La investigación teórica nunca ha sido separada de la técnica. Pero hoy día, la relación es tan estrecha que no se daría la una sin la otra. Así, hemos creado el término tecnociencia para indicar esta dependencia recíproca.

Actualmente, no es posible realizar una investigación sin la colaboración de complejos sistemas informáticos. La revolución digital es otra gran aportación de la tecnociencia en nuestro tiempo.

La digitalización consiste en reducir toda información a un sistema matemático basado en dos valores o dígitos: el uno y el cero. Estos valores numéricos se traducen, mediante un transistor, en impulsos eléctricos. Toda imagen, texto o sonido puede ser convertida en dígitos y procesada electrónicamente en los ordenadores, permitiendo cálculos y simulaciones inconcebibles por la mente humana.

Esta tecnología abre un nuevo universo: el espacio cibernético, semejante a una gran "retícula neuronal", una tupida red de conexiones libres donde la mente humana entra y sale cuando y donde quiere. Esta profunda transformación ha dado lugar a una visión globalizada del mundo y sobre todo a una situación de comunicación total.

En este especio cibernético, la televisión, la telefonía e internet cumplen una función mediadora entre la realidad física y la mente humana. En muchos casos, ya la realidad física va siendo sustituida por la realidad virtual. Así se va configurando una especie de "mente universal" como si de otro espacio infinito se tratara.

Las neuronas de nuestro cerebro funcionan como diminutos ordenadores conectados en red, y el espacio cibernético, como una actividad cerebral ejecutada por millones de neuronas artificiales. Incluso, se está planteando la conexión directa entre el ordenador y el cerebro.

En este contexto, se difuminan las fronteras entre lo material y lo mental, entre la máquina y la inteligencia. La relación entre inteligencia natural y artificial se constituye como lugar de encuentro de las revoluciones cuántica y digital. La energía, la materia y la información no son ámbitos tan dispares como aparecen ante el sentido común y, como veremos a continuación, también el ámbito de la vida está íntimamente unido a ellos.

6. La revolución biológica

La revolución biológica es el resultado de tres grandes aportaciones. La primera es la teoría de la evolución. Las otras dos surgen del campo de la bioquímica y de la genética.

En 1953, Stanley Miller logró sintetizar en laboratorio los primeros elementos de la vida, y con ello mostró la vida surgiendo de la materia. Estableció la relación entre química y vida. Consiguientemente, también la relación entre el origen del universo y el origen de la vida.

A partir del big-bang, los procesos oscilatorios de la energía y la materia cristalizaron en diminutas partículas que iniciaron un camino de complejidad y autoorganización que constituyen la prehistoria de la vida. Algunas de las primeras biomoléculas adquirieron, en virtud de esa complejidad, dos rasgos muy característicos de la vida: la replicación y la relación consigo mismas. El ser vivo adquiere interioridad y se convierte en un sistema abierto con propiedades emergentes. La conciencia sería una de estas propiedades.

Tanto la identidad como la replicación son posibles por la información o programación que posee la célula: el código genético. El descubrimiento de la doble hélice de ADN por Francis Crick y James Watson y el posterior desciframiento de sus secuencias o genes han sido un paso decisivo en la explicación y el dominio de la diversidad biológica. Tal diversidad es el resultado de casi infinitas combinaciones de solo cuatro elementos o bases (adenina, citosina, timina y guanina).

lunes, 2 de septiembre de 2024

La imagen de la realidad en la ciencia clásica

La ciencia da lugar a una imagen general del mundo; a lo largo de la historia se pueden considerar los tres grandes modelos de interpretación que analizaremos a continuación.

1. La ciencia antigua: un universo cerrado

La visión clásica se sustenta en un modelo organicista: el universo es un gran organismo jerarquizado y diferenciado en sus partes. El espacio se concibe cerrado y finito, y su centro es la Tierra (geocentrismo).

Aristóteles pensó el universo dividido en dos niveles: el inferior se encuentra por debajo de la órbita de la Luna y es imperfecto, y el superior se sitúa más allá y es perfecto. En el ámbito inferior, los cuerpos se componen de cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. En el mundo supralunar, se encuentran las estrellas fijas girando en esferas concéntricas y cristalinas llenas de un quinto elemento llamado éter.

Es un universo dinámico en el que todo lo que se mueve es movido por otro, de manera que en última instancia todo es atraído jerárquica y ordenadamente por un primer motor inmóvil. Es decir, se trata de un universo dotado de una finalidad (teleología).

En el siglo II, Ptolomeo asumió el geocentrismo aristotélico, y atribuyó a los planetas una doble órbita. Así explica el misterio hasta ese momento impenetrable: el aparente desplazamiento hacia atrás de algunos planetas. Su sistema, llamado por los árabes almagesto (el más grande), perduró hasta el Renacimiento.

El cristianismo añadió el concepto de Creación a esta imagen del mundo cerrado y teleológico. Asimiló el primer motor aristotélico con Dios y el orbe supralunar con el cielo. Así se formó la interpretación medieval del mundo centrada en Dios y en el mundo sobrenatural (teocentrismo).

2. La nueva ciencia: el universo abierto

En el Renacimiento se revisó el sistema aristotélico y se inició un cambio de perspectiva cuyas características más destacables son el heliocentrismo, el descubrimiento de las matemáticas como estructura del universo y un nuevo método de conocimiento. Junto a ellas surgió una actitud de dominio de la naturaleza, muy diferente al anterior talante contemplativo, que dio lugar a un gran desarrollo de la técnica.

Copérnico cuestionó el geocentrismo y la división del espacio en dos orbes de la cosmología aristotélica. Situó el Sol en el centro del universo y concibió un mundo homogéneo, en el que la Tierra ya no era el centro.

Galileo revolucionó la física de Aristóteles. Al estudiar la caída libre de los cuerpos, descubrió el movimiento acelerado y consideró que el universo está escrito en clave matemática. Si preguntamos a la realidad con este lenguaje nos desvelará sus leyes.

La ciencia antigua observaba y contemplaba las cualidades del mundo. La ciencia nueva mide y extrae leyes para dominarlo.

Descubrió el método resolutivo-compositivo, hoy llamado hipotético-deductivo. Consiste en reducir la observación a los datos más significativos (resolución) para elaborar una hipótesis (composición) de la que se pueda extraer consecuencias comprobables experimentalmente.

3. El sistema de Newton: el mundo como máquina

Con la caída de la física y la astronomía aristotélicas cayó también la imagen del mundo ordenado teleológicamente por un motor inmóvil. Kepler extendió a todo el orbe celeste las leyes del movimiento propuestas por Galileo. Esto le permitió concebir el universo como una gran máquina, en el que el cielo y la tierra seguían las mismas leyes exactas.

Pero fue Newton quien formuló definitivamente la nueva imagen del mundo. Lo concibió como un espacio homogéneo constituido por masas independientes que se atraen unas a otras en virtud de la fuerza de la gravedad. No solo la Tierra, sino el universo entero está sometido a esta ley de gravitación universal.

Ahora, el universo se concibe como un gran mecanismo de relojería regulado por leyes necesarias y donde el espacio y el tiempo son referencias absolutas de todo movimiento. El universo es infinito, tridimensional y homogéneo, y está regido por un determinismo estricto. Laplace llegó a afirmar que una inteligencia que conociera las leyes del universo y su estado inicial podría predecir cualquier acontecimiento.

El mecanismo perduró hasta bien entrado el siglo XIX, cuando entró en crisis con el descubrimiento del electromagnetismo y por las nuevas teorías evolutivas y genéticas, que ponían en entredicho el fijismo y proponían el azar como explicación de la variación de las especies.

En la década de 1830, Faraday descubrió la inducción electromagnética e introdujo el concepto de campo, que supuso una alternativa a la dinámica basada en la gravedad y su actuación a través del éter. La fuerza que mueve las partículas y las masas ya no viene directamente de ellas, sino de un campo o contexto en el que están situadas.

Las grandes transformaciones científicas del siglo XX deben su éxito, en gran medida, a las matemáticas.

miércoles, 24 de julio de 2024

El método científico

1. Inducción y experiencia

El método científico, o hipotético-deductivo, es un procedimiento inductivo, una generalización de la experiencia. Se llama hipotético porque comienza formulando hipótesis o conjeturas sobre los acontecimientos. Y deductivo porque para poder comprobar esas hipótesis necesita deducir de ellas unos enunciados más simples que puedan ser contrastados.

Francis Bacon, filósofo renacentista, pensaba que la generalización era posible por mera acumulación de observaciones. Y así estableció tablas comparativas para relacionar la presencia o ausencia de un determinado fenómeno junto a otro y poder consignar esas conexiones en leyes.

El método hipotético-deductivo comienza, sin embargo, por la formulación de hipótesis. Es la razón quien pregunta a la naturaleza con una hipótesis y un experimento de modo que la naturaleza responda en los términos o condiciones propuestos. La pregunta se formula en términos matemáticos.

2. Elementos del método hipotético-deductivo

3. Naturalismo y convencionalismo

Dos han sido las teorías que básicamente se han propuesto en medios científicos acerca del valor de las leyes y teorías científicas:

1) El naturalismo o realismo defiende que la ciencia explica una realidad independiente y anterior a nuestras observaciones. Las leyes y teorías científicas son objetivas y responden a lo que realmente se da.

2) El convencionalismo niega una realidad independiente de nuestras observaciones. Las leyes y teorías son instrumentos teóricos de la razón para salvar las apariencias de los fenómenos.

4. Los límites de la ciencia
Los espectaculares avances de la ciencia y la tecnología pueden suscitar la creencia de que son actividades ilimitadas, tanto en sus explicaciones como en su capacidad de contribuir al progreso humano. Nada más alejado del mismo concepto de ciencia, siempre abierta, cautelosa y crítica.

La ciencia es un saber limitado, en primer lugar, por su propia metodología. Karl Popper ha insistido en el carácter no absolutamente cierto y, por tanto, provisional del conocimiento. Según él, se puede considerar válida una hipótesis en tanto no se demuestre su falsedad.

El rigor científico debe llevar siempre a la búsqueda de esa contradicción para acercarse cada vez más a la verdad. Este método se rige más por el criterio de la refutación sucesiva que por el de la verificación acumulada.

A este criterio se le llama principio de falsabilidad: un enunciado es científico si puede ser falsado por la experiencia. Es una postura contraria a todo dogmatismo.

Otra limitación de la ciencia es la reducción a los hechos. No hay posibilidad de conocer aquello de lo que no se tiene experiencia. Así lo afirmó Hume. Por tanto, ante las grandes preguntas o la problemática condición humana, la ciencia mantiene un respetuoso silencio: "Ante lo que no se puede hablar se debe callar", decía Wittgenstein.

La ciencia es un asunto humano, y está sometida a la resistencia social y psicológica de la comunidad científica y de las mentalidades de cada época. Thomas Kuhn ha insistido en la dimensión sociológica de la ciencia: una nueva teoría no es solo resultado de nuevas contrastaciones. Es también una revolución o cambio de paradigma, que conlleva convulsiones internas en el ámbito de la comunidad científica.

Junto a Popper y Kuhn, otros filósofos de la ciencia han insistido en que es una construcción histórica. Imre Lakatos se interesa por la historia interna de la investigación científica, por el itinerario intelectual en que se producen las leyes y las teorías. Por eso, propone que las investigaciones se realicen en el marco de un programa de investigación.

Según Paul Feyerabend, la ciencia ha estado excesivamente constreñida por las reglas metodológicas, y otros saberes como los mitos y la metafísica también son útiles. Por ello, sugiere cierto anarquismo metodológico: "todo vale"; no hay métodos absolutos para llegar a la verdad científica.

La investigación científica ha de ser libre y responsable. No siempre es así. La ética de la responsabilidad insiste en el compromiso con la verdad, la prioridad social de los programas y las exigencias ecológicas.

viernes, 28 de junio de 2024

La ciencia y la pregunta por la naturaleza

1. Introducción

La ciencia es un modo de conocimiento derivado de los hechos de la experiencia. Aspira a formular leyes y teorías dotadas de rigor y objetividad. Para ello, se sirve del método hipotético-deductivo, basado en la formulación matemática y en la experimentación.

En el último siglo, el desarrollo científico y técnico ha sido tan espectacular que ha transformado el entorno humano y ha suscitado nuevos modos de pensar. En consecuencia, ha abierto nuevos problemas filosóficos.

2. La necesidad de explicarse el mundo

El ser humano siempre ha querido explorar su entorno para satisfacer su curiosidad y responder a la necesidad de sentido. Al principio, se preocupó por lo más próximo a su experiencia. Luego, al distanciarse de la realidad, se preguntó por el universo y el orden de las cosas. A partir de estas preguntas, el ser humano construyó cosmogonías.

A continuación, buscó nuevos instrumentos para ampliar y mejorar la exactitud de sus observaciones, y desechó las opiniones poco rigurosas. Se preguntó por la existencia de algún principio o ley que explicase la regularidad de los acontecimientos. Así nació una primera ciencia del universo o cosmología. En ella se da una integración de la física, las matemáticas y la astronomía.

La cosmología es la parte de la filosofía que estudia el mundo físico. Sus resultados proporcionan una imagen general del mundo. La cosmología es una reflexión crítica, y a lo largo de la historia ha revisado siempre estas imágenes y se ha preguntado por los métodos utilizados. Una de las primeras cuestiones que se planteó fue la relación entre la razón y los sentidos, entre la teoría y la observación. El método científico propiamente dicho surgió como un ensamblaje de ambas, y provocó la sustitución de la cosmología por lo que hoy llamamos ciencia.

3. La ciencia

Se entiende por ciencia "una actividad humana que da lugar a un cuerpo sistemático y organizado de conocimientos que hace uso de leyes y principios generales" (Marx W. Wartofsky). Pero no todas las disciplinas que llamamos científicas satisfacen por igual estos requisitos. No es lo mismo explicar un fenómeno meteorológico que demostrar un teorema matemático o que comprender una emoción.

El problema de la demarcación, o de la delimitación de lo que es y no es ciencia, ha sido siempre una cuestión importante para los científicos. Tradicionalmente, se ha considerado a la física el modelo de ciencia, porque se presta mejor a la verificación empírica de los enunciados. Así, los rasgos característicos de la ciencia son la contrastación con la realidad y la precisión en la formulación, a ser posible matemática.

La ciencia parte del supuesto de la regularidad de los acontecimientos. Si no fuera así, no se podrían formular las leyes que son, al fin y al cabo, expresiones del orden. Sin embargo, tampoco este orden es en principio absoluto, e incluso también el caos y la indeterminación pueden ser expresados mediante las matemáticas.

4. Los diferentes tipos de ciencias

Se suelen clasificar las ciencias en virtud de su objeto de estudio y del método utilizado. Cada modelo de ciencia utiliza una clase específica de enunciados a la que corresponde también un criterio de verdad. Veamos las distinciones más claras entre estos tipos de ciencias.

1) Las ciencias formales

La lógica y las matemáticas, fundamentalmente, no se refieren a objetos observables por los sentidos y no ofrecen, por tanto, información sobre el mundo. Son, precisamente por ello, universales y necesarias. Encuentran su consistencia en la propia coherencia de la razón que las construye.

Sus enunciados se llaman "de razón" o "a priori", porque son construidos por la razón con anterioridad a la experiencia. Un ejemplo es "El todo es mayor que las partes": no hace falta medir los objetos para percatarse de su verdad. Estas ciencias proceden por deducción.

2) Las ciencias empíricas

La física, la biología, etc., parten de la observación de los hechos y, por lo tanto, aportan información sobre el mundo. Por lo mismo, no son universales ni necesarias; son generalizaciones de la experiencia.

Sus enunciados se llaman "de hecho" o "a posteriori", pues se forman a partir de los hechos de la experiencia. Un ejemplo es la ley de la gravedad de Newton, considerada absoluta en su tiempo, pero superada hoy por la teoría de la relatividad de Einstein. La verdad consiste en la correspondencia de lo que se afirma con la realidad, y su método propio es el método hipotético-deductivo.

3) Las ciencias sociales

La historia, la psicología, la economía, etc., son un grupo particular dentro de las ciencias empíricas. Su objeto de estudio son los hechos humanos, caracterizados por la intencionalidad, algo que no es observable. Además, en casi todas estas ciencias, uno mismo es a la vez observador y objeto observado. Por tanto, son ciencias con una capacidad de generalización y de predicción menor y una neutralidad y una objetividad relativas.

En algunas de estas ciencias no se busca tanto una explicación cuanto una comprensión. La explicación busca las causas de los fenómenos, mientras que la comprensión intenta captar su sentido. La hermenéutica es el método propuesto con esta finalidad comprensiva.