jueves, 15 de febrero de 2024

La construcción individual y social del conocimiento

1. La construcción subjetiva del conocimiento

No existe conocimiento sin un sujeto cognoscente, esto es, sin alguien capaz de conocer. Por eso, la pregunta sobre cómo es el conocimiento tiene que partir de estudiar cómo se origina y se desarrolla a nivel subjetivo.
Las sensaciones
Todos los seres vivos tienen en común que son sensibles a los estímulos externos. Aunque cada organismo manifieste esa sensibilidad de distinta manera, los órganos de los sentidos son la estructura mediante la que el sistema nervioso se comunica con el mundo.
Los sistemas sensibles de los organismos responden a cantidades específicas de estímulos. Por ejemplo, la frecuencia del movimiento ondulatorio de las moléculas de aire para que una persona oiga oscila entre 20 y 20.000 hercios. Por debajo o por encima de este umbral no percibiría el sonido. Cada especie animal tiene diferentes grados de captación de los estímulos del medio y, por ello, su experiencia del entorno es distinta.

Numerosas especies pueden percibir considerablemente menos que el ser humano, más otras están provistas de sentidos que nos son del todo extraños. Las palomas mensajeras, las aves migratorias o las abejas cuentan con un sentido magnético; algunos peces llegan a registrar campos eléctricos. Las serpientes cascabel ven en la oscuridad como si portaran una cámara de infrarrojos y, de esta manera, localizan sus presas de sangre caliente.

Penzlin, H.: Mundo real e imagen percibida

Los diferentes tipos de componentes del medio (ondas electromagnéticas, en el caso de la visión, o moléculas químicas, en el caso del olfato) interaccionan continuamente con los sentidos dando lugar al primer nivel de acercamiento a la realidad: las sensaciones. Sin embargo, para empezar a hablar de conocimiento es necesario que esas sensaciones se organicen y tengan un sentido, es decir, se conviertan en una percepción.
La percepción
La percepción del ser humano es un proceso a través del cual organiza, elabora e interpreta la información del medio que le rodea. Percibir es asimilar las sensaciones dándoles un significado.
De esta manera, el acto de percibir supone la participación activa del sujeto, porque cuando percibe está anticipando, construyendo su mundo desde sus experiencias, emociones, conceptos e intereses.
Así, cuando se percibe una manzana, llegan una serie de ondas electromagnéticas a la retina que se traducen en impulsos nerviosos. Inicialmente, la manzana no será recibida por la retina como un objeto único, sino que atenderá a sus componentes: forma, color, orientación, profundidad y su relación con otros objetos del espacio. En el córtex visual del cerebro hay diversas áreas específicas dedicadas a procesar todos estos aspectos; cada característica individual se almacenará en un lugar del cerebro.
A la hora de evocar la manzana se activan todas las neuronas implicadas en el análisis de cada propiedad de la manzana. Ahora bien, la manzana no se percibirá de la misma forma por alguien que lleva días sin comer que por quien acaba de salir del banquete de una boda. La percepción es, por lo tanto, un proceso constructivo.
Este proceso presupone otras facultades intelectuales, como la memoria o la motivación, y los intereses, inquietudes o el contexto social del sujeto.
Pensar el mundo: los conceptos
El conocimiento sensible es el comienzo del proceso de conocimiento. El siguiente paso es el salto hacia la generalización, es decir, hacia la formación de conceptos y, en último término, hacia el pensamiento complejo, que construye razonamientos.
El conocimiento humano trabaja con conceptos. A partir de las percepciones de objetos particulares se construyen conceptos generales, que integran la información particular. Así, por ejemplo, el concepto de gato no hace referencia a ningún felino en concreto, pero recoge las características comunes que comparten e identifican a los gatos. Sin esta capacidad conceptual sería necesario asignar un nombre para cada objeto del universo.
El pensamiento representa los objetos mediante conceptos; por ello, un concepto es la representación mental y simbólica de un objeto, prescindiendo de sus características concretas e individuales, para recoger las que comparte con otros.
En resumen, el proceso de conocimiento comienza con una serie de estímulos externos que se convierten en reacciones orgánicas y que dan lugar a conceptos generales, abstractos, que no tienen correspondencia inmediata con ningún individuo concreto.

2. La construcción social del conocimiento

El conocimiento humano tiene dos aspectos centrales: pretende conocer la realidad y es un producto socialmente construido; esto es, solamente adquiere sentido cuando varios sujetos lo comparten y construyen comunicándose. La sociología del conocimiento analiza la relación entre el pensamiento y el contexto social en el que se origina.
El ser humano es el animal con menor repertorio de instintos; sin embargo, es el que tiene mayor capacidad de aprendizaje en sus primeros años de vida. Esa capacidad de conocer el mundo y de actuar sobre él en función de ese conocimiento han sido su mayor ventaja adaptativa. Ahora bien, ese proceso de adquisición de conocimiento se produce siempre en un contexto social, que le proporciona un orden específico, esto es, unas categorías predeterminadas para entender la realidad.
A través del proceso de socialización se interiorizan las normas sociales, se aprende una serie de hábitos y normas ético-morales que indican cómo comportarse, que estructurarán la conducta. Al mismo tiempo, se adquieren una serie de aprendizajes cognitivos, sobre cómo funciona el mundo.
El aprendizaje de un lenguaje es clave en este proceso, en tanto que nos introduce en las ideas compartidas por los miembros del grupo. A medida que se adquiere, se asimila un universo simbólico, un conjunto de significados que explican, interpretan y ayudan a percibir de forma no problemática ese entorno social.
Así, el conocimiento se da en la sociedad como algo previo (un "a priori") a la experiencia individual, proporcionando a esta última su significado. Esta organización, si bien es particular de una situación histórico-social, se le presenta al individuo como la forma natural de ver el mundo.

martes, 23 de enero de 2024

El proceso del conocimiento: razón y experiencia

1. Introducción

Hay dos cuestiones que preocupan a la filosofía desde sus orígenes. Por una parte, la existencia de un mundo físico real e independiente de la experiencia. Por otra parte, como cuestión fundamental en teoría del conocimiento, una vez afirmada la existencia del mundo, cómo se llegan a conocer sus características y cómo se puede determinar la verdad o precisión de ese conocimiento.

Nuestro conocimiento está codificado por el lenguaje. Éste es el instrumento del que disponen los seres humanos para transmitir e interpretar lo que se conoce. Nos vamos a plantear si es posible pensar o conocer sin tener un lenguaje o si nuestra lengua determina la forma en que interpretamos el mundo.


2. El conocimiento hasta la Edad Moderna: lo universal

De los griegos a la Edad Moderna, el conocimiento es conocimiento universal:

1) En Platón, es un proceso de superación de la información de los sentidos (apariencias) hasta alcanzar las ideas, que son universales y están separadas tanto del individuo que conoce como de las cosas.

2) Para Aristóteles, el conocimiento sigue siendo universal, pero ahora el entendimiento abstrae los rasgos universales a partir de la experiencia particular de los objetos del mundo.

3) En la Edad Media, la preocupación en torno al conocimiento fue la de elaborar esos juicios universales y necesarios.

El conocimiento de la realidad no estaba mediatizado por el sujeto, que se limitaba a recibir pasivamente la información que proporcionan los sentidos. Fue en la modernidad cuando se introdujo la idea de que el conocimiento era resultado de la actividad del sujeto.


3. Dos posturas en la Modernidad: la razón y los sentidos

La aproximación moderna a la idea de conocimiento parte de su comprensión como un proceso en el que intervienen dos elementos: un sujeto, que conoce, y un objeto, que es conocido.

Hay que tener en cuenta, por un lado, las características físicas de los objetos y, por otro, la estructura fisiológica de quien percibe. Muchos animales no ven el color porque no tienen sentidos receptores con los pigmentos adecuados. La percepción del color es una capacidad que en el proceso evolutivo ha aparecido en muchas especies y ha desaparecido en otras.

Los humanos vemos el mundo con una amplia gama de colores, lo que determina nuestra forma de describir, entender y movernos en nuestro entorno. Ahora bien, si ocurre lo mismo con el resto de percepciones de la realidad, ¿vemos el mundo tal como es o tal como somos capaces de verlo?

En el pensamiento moderno, el empirismo y el racionalismo propusieron dos explicaciones divergentes a la cuestión de cómo conocemos:

1) Para el empirismo, el conocimiento comienza y termina con la experiencia, a partir de la información que proporcionan los sentidos.

Los empiristas parten de la idea de que la mente humana es como una página en blanco sobre la que se imprimen todos los conocimientos a partir del contacto con la realidad. Hume distingue entre dos tipos de percepciones: las impresiones, que son inmediatas a la observación del objeto, y las ideas simples, o copias de las impresiones. Las ideas más complejas y abstractas se forman a partir de la asociación de las simples, según unas leyes determinadas.

El empirismo es muy restrictivo con las ideas a las que no corresponde ninguna impresión, como, según Hume, la de causa o la de sujeto.

2) El racionalismo fue la tradición filosófica dominante durante los siglos XVII y XVIII.

Todos los racionalistas comparten la confianza en la razón como el instrumento de los seres humanos para descubrir los procesos que ocurren en la realidad. Los sentidos tienen un papel secundario.

La mente construye la realidad mediante la actividad de la razón, al elaborar las ideas. Por ello, Descartes desconfía de la información sensorial, y busca las ideas innatas (con las que nacen todos los sujetos) y en las que se funda el verdadero conocimiento.

3) Por su parte, Kant plantea una posición conciliadora, de acuerdo con la cual admite con los empiristas la necesidad de la experiencia para conocer, pero coincide con los racionalistas en señalar que el entendimiento aporta conceptos puros, vacíos de contenido empírico, en el proceso de conocimiento.

Para Kant, los sentidos aportan el material del conocimiento, pero es la razón humana quien lo organiza de una forma determinada, común para todos.

Así, establece unas relaciones muy complejas entre sujeto cognoscente y objeto conocido. El sujeto conoce la realidad participando activamente en el proceso, de tal modo que impone sus estructuras mentales al mundo. Por lo tanto, en el conocimiento intervienen ineludiblemente los dos elementos: la razón y los sentidos.

Este debate filosófico está en la base de las modernas investigaciones acerca del conocimiento o de la relación entre lenguaje y pensamiento. Las neurociencias y la psicología han tratado de dar respuesta a esta vieja cuestión de cómo a través de los sentidos nos relacionamos con el mundo. Al mismo tiempo, la sociología y la antropología han tratado de dilucidar la determinación social del conocimiento humano.


Almendro en flor (Van Gogh), Museo Van Gogh de Ámsterdam: El sujeto humano participa activamente en la construcción del conocimiento, pues organiza la información de los sentidos mediante la razón.

lunes, 22 de enero de 2024

David Hume (1711-1776)

Filósofo escocés que defendió la importancia de la experiencia como fuente de todo conocimiento. Destacó el valor de la costumbre en muchos de los conocimiento habituales. Criticó muchos de los conceptos de la metafísica clásica e hizo de la práctica de la duda y del escepticismo una guía para el conocimiento y la acción. Fue uno de los más notables representantes del empirismo británico.

jueves, 21 de diciembre de 2023

La importancia de los nombres: aprender a nombrar

La filosofía se esfuerza en crear nombres precisos y en nombrar con rigor. Por eso, aprender a hacer filosofía exige aprender a nombrar. Es una tarea compleja que encierra una serie de problemas importantes. Veamos algunos de ellos.
Dar un nombre es un acto de extraordinaria importancia. Los dioses daban nombre a cuanto habían creado. Y es que dar un nombre supone reconocer la existencia y la importancia de aquello que se nombra. El nombre es, en cierto modo, un carnet de identidad. Nuestro nombre propio nos identifica como sujetos y como personas, con nuestros deberes, nuestros derechos y nuestra historia.
El acto de nombrar es un combate contra la oscuridad y la imprecisión. Los diccionarios son un reflejo de esta lucha. Aunque parezcan aburridos, son libros vivos: registran los significados de los nombres para que podamos usarlos de un modo preciso.
Por último, dar un nombre supone, casi siempre, advertir que todo nombre tiene una historia. Los nombres son seres vivos que hunden sus raíces en tiempos remotos. Los grandes filósofos, como los grandes poetas y los científicos relevantes, se esforzaron en encontrar nombres y en nombrar de modo adecuado.

Sugerencias para "aprender a nombrar"

Saber nombrar es una tarea muy difícil que puede durar toda una vida, pero en cualquier momento podemos iniciarnos en ella. Aquí te presentamos algunas indicaciones para practicarla. Imaginemos que queremos dar nombre a un objeto que no conocemos. Para ello, podemos realizar las siguientes tareas:

1 - Observar detalladamente aquello que deseamos nombrar para conocer sus rasgos esenciales.

2 - Escribir todos los nombres que se nos ocurran para identificar esos rasgos. Posteriormente podemos ordenarlos según sea su importancia y su adecuación para describir el objeto que queremos nombrar.

3 - Seleccionar dos o tres nombres de nuestra lista y probar cuál de ellos describe mejor lo que estamos nombrando.

4 - Consultar el diccionario para buscar el origen de los nombres que hemos elegido (su etimología), así como las semejanzas (sinónimos) y las diferencias (antónimos) entre ellos.

5 - Elegir, finalmente, un nombre que sirva para describir el objeto en cuestión, y comunicar a los demás nuestra elección para ver si lo entienden y saben emplearlo. Si los demás comprenden nuestra decisión, podemos utilizar ese nombre.

Nombres nuevos, situaciones nuevas

En nuestra época hay nombres que todos usamos incluso aunque no sepamos muy bien lo que significan y que no se conocían a comienzos del siglo pasado, como por ejemplo, ordenador, televisión, antibiótico, tarjeta de crédito, sida.

Emplear nombres prestados

En el lenguaje cotidiano empleamos nombres y expresiones que pertenecen a idiomas distintos del nuestro. Y lo hacemos sin pensar en ello, aunque esto puede plantear algunos problemas de comprensión.

miércoles, 20 de diciembre de 2023

La moda y el ser humano

El actual fenómeno de la moda tiene mucho que ver con lo que sea el ser humano: su personalidad, sus deseos, sus pasiones y sus inquietudes. Quiere darles una respuesta y pretende, como dicen los creadores de moda, que cada uno "se sienta bien".
Podmoes decir que la moda es un conjunto de convenciones que afectan al modo de entender la apariencia del ser humano y de la sociedad en la que vive. Su esencia es el cambio: se modifica cada temporada. Impone unas normas que permiten identificar con su tiempo a quienes las cumplen.
Podemos comparar la moda con una "máquina" de igualar y uniformizar. Los vaqueros son un producto universal que se lleva en todo el mundo. Lo mismo ocurre con determinados trajes o formas de peinado. Hace que hombres y mujeres parezcan clones.
Ahora bien, la moda también pretende destacar algunos rasgos de cada uno de nosotros, y crea, con ellos, una determinada apariencia, o look, que nos da la ilusión de ser la "nuestra". Pero a veces no es así. Y es que la moda equipara la apariencia y la identidad, aunque no sean lo mismo.
Además, la moda combina la mirada propia y la mirada de los otros. En efecto, cuando nos ponemos una ropa determinada, nos sentimos de una manera y deseamos encontrarnos bien con ella. Es decir, crea una mirada sobre nosotros mismo. Pero esta mirada se combina siempre con la que los demás tienen sobre nosotros.
Finalmente, la moda pretende crear imágenes diferentes de cada uno de nosotros. Es como un almacén de disfraces. Seguir la moda supone, en muchas ocasiones, construirse una imagen distinta de sí mismo en cada temporada. Eso nos da la ilusión de modificar nuestra identidad sin que hayamos cambiado nada, pues seguimos siendo lo que somos.

martes, 19 de diciembre de 2023

Sócrates: El inicio de la ciencia

"Sócrates, por su parte, se ocupaba de estudiar las virtudes éticas y trataba, el primero, de definirlas universalmente [...] Dos son, pues, las cosas que cabe atribuir en justicia a Sócrates: los razonamientos inductivos y las definiciones universales. Y ambas están, ciertamente, en el principio de la ciencia."

Aristóteles: Metafísica

lunes, 18 de diciembre de 2023

Protágoras: el agnosticismo sofista

"En lo referente a los dioses, no estoy en disposición de saber si existen o si no existen, ni a qué se asemejan o cómo son en cuanto a su forma; porque hay muchas cosas que impiden saberlo, la oscuridad del asunto y la brevedad de la vida."

Protágoras