jueves, 30 de noviembre de 2023

Los sofistas y la religión

Los sofistas rechazaban la religión, cuyo origen y desarrollo explicaban racionalmente. Así, Pródico de Ceos sostenía que los seres humanos empezaron por divinizar las fuerzas de la naturaleza, el sol, los ríos, etc., para pasar luego a divinizar a otro tipo de criaturas, inventores de cosas útiles, como el pan, el vino y las técnicas básicas, dando lugar a la totalidad del panteón. Critias sostenía que los dioses habían sido inventados por un astuto legislador, a fin de inducir a los ciudadanos a cumplir las leyes, incluso cuando nadie los vigilaba. Respecto a los dioses mismos, unos sofistas –como Protágoras– se declaraban agnósticos, no sabían decir nada de ellos, ni siquiera si los había o no, mientras que otros eran francamente ateos.

domingo, 22 de octubre de 2023

La diferencia entre cosas y personas según Kant

El hombre y, en general, todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no solo como medio para usos cualesquiera de esta o aquella voluntad; debe en todas sus acciones, no sola las dirigidas a sí mismo, sino las dirigidas a los demás seres racionales, ser considerado siempre al mismo tiempo como fin. [...] Los seres cuya existencia no descansa en nuestra voluntad, sino en la naturaleza, tiene, empero, si son seres irracionales un valor meramente relativos como medios, y por eso se llaman cosas; en cambio, los seres racionales se llaman personas porque su naturaleza los distingue ya como fines en sí mismos; esto es, como algo que no puede ser usado meramente como medio y, por tanto, limita en ese sentido todo capricho y es un objeto de respeto.

Immanuel Kant: Fundamentación de la metafísica de las costumbres

domingo, 15 de octubre de 2023

La muerte no es nada para nosotros: la lección de Epicuro

Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y todo mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir. Por lo tanto, el recto conocimiento de que nada es para nosotros la muerte, hace dichosa la condición mortal de nuestra vida, no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de inmortalidad.
Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir. De modo que es necio quien dice que teme a la muerte no porque le angustiará al presentarse, sino porque le angustia esperarla. Pues lo que al presentarse no causa perturbación, vanamente afligirá mientras se aguarda. Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos.

Epicuro: Carta a Meneceo

sábado, 14 de octubre de 2023

La fuerza y la debilidad del ser humano, según Pascal

El hombre no es más que una caña, la más frágil de la naturaleza, pero es una caña pensante. No hace falta que el universo entero se arme para destruirla; un vapor, una gota de agua es suficiente para matarlo. Pero, aun cuando el universo le aplaste, el hombre sería todavía más noble que lo que le mata, puesto que él sabe que muere y la ventaja que el universo tiene sobre él. El universo no sabe nada.
Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento. De ahí es de donde tenemos que elevarnos y no del espacio y del tiempo, que no sabríamos llenar. Trabajemos, pues, en pensar bien: he ahí el principio de la moral.

Blaise Pascal: Pensamientos (XV, 200)

jueves, 5 de octubre de 2023

El ser humano como persona

El concepto de persona reúne, en cierto modo, los rasgos más importantes del ser humano en sus aspectos individuales y sociales. Por eso, se establece una diferencia esencial entre el mundo de las "cosas" y el mundo de las "personas". Consideremos algunas cuestiones que permitan analizar este concepto central de la antropología filosófica.


1. Un concepto complejo: la unidad de la máscara


El término persona tiene un curioso origen. Persona es un término latino que, a su vez, se corresponde con el significado del término griego prósopon. Era el nombre que se daba a la máscara que los actores del teatro llevaban para identificar el personaje que representaban, evitando su confusión con otros. Así, persona era la máscara que daba unidad al personaje. De ahí que el término personalidad quiera decir el modo propio de ser de cada uno, y que un sujeto humano posea siempre una personalidad propia.

El tránsito desde el concepto de máscara al de persona posee una larga historia que resalta el valor del individuo humano frente a las cosas. Sócrates señaló que uno de los rasgos esenciales del ser humano era poder "conocerse a sí mismo". Su discípulo Platón, por su parte, afirmó que el ser humano tenía valor porque poseía un alma inmortal. Pero fueron el derecho humano y el cristianismo los que dieron un extraordinario impulso al concepto de persona:

1) En la antigua Roma se reconocía a sus ciudadanos una existencia civil como individuos concretos, que se traducía en la posesión de una serie de derechos. Los esclavos no tenían esos derechos y, por eso, no eran considerados personas, sino simples cosas. Por ello, en el derecho romano se encuentra la raíz del concepto jurídico de persona como sujeto de derechos y deberes.

2) En el cristianismo se piensa que cada ser humano es una criatura de Dios que posee un alma capaz de recibir premios o castigos según sea su actuación. Y además se cree que la vida se prolonga más allá de la muerte. Todo ello no hace sino subrayar el valor de la persona como una entidad autónoma, con identidad propia y, sobre todo, con una permanencia y continuidad que no termina en esta vida.


2. La persona, sujeto de derechos y de responsabilidad moral


Hay dos elementos fundamentales del concepto de persona que es preciso destacar: es sujeto de derechos y de responsabilidad moral. Consideremos lo que ello representa:

1) El derecho romano, como ya hemos comentado, identificaba el concepto de persona con la posesión de una serie de derechos. Claro que, en la antigua Roma, las "personas" eran solamente los ciudadanos romanos: los esclavos, que eran una parte importante de la población, no tenían esta consideración y valían lo mismo que las cosas y los animales.

La expansión del cristianismo supuso el progresivo reconocimiento del valor del ser humano, pero durante muchos siglos, los derechos solo se les reconocerían a los nobles y a las clases privilegiadas.

La Revolución Francesa supuso un cambio fundamental, al terminar con los privilegios del Antiguo Régimen y proclamar, en 1789, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Por primera vez en la historia se reconocía que el ser humano, por el mero hecho de ser tal, era sujeto de derechos.

2) Pero la persona no es sólo sujeto de derechos. Una persona es capaz de actuar libremente y de "responder" de sus acciones frente a los otros seres humanos. Es decir, es "responsable" de sus actos. Por ello, no sólo tiene derechos, sino que también tiene deberes. Y es que tener derechos propios supone tener también deberes hacia los otros. Ambos aspectos se unen en el concepto de persona.

Kant vio con suma claridad que la diferencia fundamental entre las cosas y las personas era que éstas podían actuar de modo libre y, por ello, dar cuenta de sus actos. En el núcleo de la persona se encuentra la fuente de la moralidad: no precisa que nadie le diga cómo debe actuar. La persona es la fuente del deber y de la moralidad, y se encuentra en la base del concepto de ciudadanía.

Muchos filósofos del siglo XX, desde Scheler a Habermas o Levinas, han desarrollado esta misma perspectiva. Derecho y deber son dos aspectos del valor de la persona que no pueden olvidarse nunca.


3. Una filosofía de la persona: el personalismo y el existencialismo


En el siglo XX, dos escuelas filosóficas han subrayado el valor de la persona como uno de los temas esenciales de la filosofía:

1) El existencialismo: es una escuela filosófica inspirada en el pensamiento de Heidegger y en el de Sartre. Para estos pensadores, la tarea más importante de la filosofía es dilucidar el sentido de la existencia humana y, sobre todo, advertir que el sujeto humano es tal porque debe enfrentarse a un mundo de posibilidades y necesita elegir entre ellas y construir su vida como un proyecto.

A veces, las conclusiones del existencialismo no son optimistas, pues la existencia humana no siempre es agradable, pero en ella y en sus rasgos trágicos es donde debe encontrarse el sentido de la persona.

2) El personalismo: Emmanuel Mounier, influido por la tradición cristiana, cree que la persona es la única fuente de los valores verdaderos.

Una persona no es una sustancia cerrada, sino un principio de esfuerzos y proyectos que nunca puede ser dominado. Es la fuente de la libertad y de la creatividad. Por ello, defender el valor de la persona es el verdadero remedio contra todo totalitarismo. El auténtico concepto de persona, además, debe tener en cuenta la comunidad en la que vive el individuo, de modo que resalte los valores sociales.

Otros filósofos del siglo XX, como Scheler, Buber o Ricoeur, han desarrollado tesis cercanas al personalismo, y han hecho del concepto de persona un elemento esencial de reflexión. 

lunes, 28 de agosto de 2023

La muerte, un final siempre presente

La muerte se encuentra siempre presente como horizonte de la vida humana. Es un acontecimiento terrible que plantea incesantes preguntas: desde el sentido de la vida presente hasta el misterio de una vida futura. Y, ante todo, muestra que la vida humana es limitada y contingente.

Un final siempre presente: las preguntas de la muerte

La muerte es un hecho biológico que afecta a todos los organismos vivos. Pero es también un fenómeno cultural y social. Todas las sociedades han considerado la muerte uno de los acontecimientos centrales de la vida humana. Y lo han revestido de ritos, costumbres y creencias.

La reflexión filosófica sobre la muerte tiene en cuenta sus aspectos biológicos y culturales, pero va más allá de ellos, y se interroga por los problemas que plantea el enigma de la muerte. Veamos algunos de ellos:

1) La muerte es siempre un final, y recuerda que la vida humana es limitada y no dura eternamente. Pero, también, la muerte es un destino cierto para los humanos. Es una de las pocas cosas verdaderamente democráticas que existen: llega a todos por igual y llega siempre. Nadie puede escapar de ella, aunque sueñe con hacerlo.

2) La muerte nunca puede predecirse, excepto en casos extremos como el suicidio o el asesinato; llega siempre, pero no se sabe con certeza su camino. Por ello, es fuente de angustia. Pero, además, muestra que no somos necesarios o indispensables, aunque nos gustaría serlo. Tras nuestra muerte, otros tomarán lo que hemos dejado. Por eso, se ha dicho que la muerte es maestra de lecciones universales.

3) La muerte es un acto personal, nadie puede morir por nosotros. Y se realiza en la más profunda soledad, aunque el moribundo se encuentre acompañado de sus parientes y amigos. La muerte enseña que las cosas realmente importantes son las que ocurren en la soledad. Nadie está preparado para afrontar esta soledad, pero la muerte revela su valor.

4) Por último, la muerte es una fuente de interrogantes fundamentales, que se pueden resumir en dos: la muerte es el final y la extinción definitiva y completa de nuestra vida, y la muerte es el anuncio de una vida futura. La primera pregunta se responde con la razón y la evidencia biológica. La segunda abre el mundo de la esperanza y de las creencias.


La filosofía como meditación de la muerte

A lo largo de la historia, la filosofía ha reflexionado sobre el sentido de la muerte y ha ofrecido, fundamentalmente, dos respuestas: la primera, la muerte es un asunto de gran importancia sobre el que es preciso reflexionar; la segunda, no tiene sentido reflexionar sobre la muerte, pues lo importante es pensar en la vida.

A continuación, consideremos algunas de las posturas que entienden la muerte como un tema fundamental de la reflexión filosófica:

1) Platón, en su diálogo Fedón y siguiendo a su maestro Sócrates, afirmó que filosofar es lo mismo que aprender a morir. Creía que el alma era inmortal y la sede del conocimiento. Por eso, practicar la filosofía suponía liberarse del mundo sensible y alcanzar la eternidad: era una fuente de libertad y de eternidad, al tiempo que permitía separarse de las ataduras del cuerpo. La teoría platónica tuvo una extraordinaria influencia en la filosofía cristiana medieval.

2) Los estoicos pensaron que la vida era un simple préstamo de los dioses y que debíamos vivir cada día como si fuera el último de nuestra existencia. Por ello, la meditación sobre la muerte es, en realidad, una invitación para alcanzar la tranquilidad máxima, ya que es algo inevitable.

3) Montaigne retomó, en un sentido diferente, la tesis de Platón, y afirmó que debemos reflexionar sobre la muerte para conocerla y dominar, lo más posible, sus secretos. Por eso, afirma que la filosofía es, en realidad, una meditación sobre la muerte. Cuando hemos logrado conocer algunos de sus rasgos, nos parece un sueño y podemos vivir con tranquilidad, sin que nos afecte su amenaza.

4) En el siglo XX, Heidegger concedió una extraordinaria importancia a la reflexión sobre la muerte como elemento fundamental para comprender al ser humano. El ser humano es el único que tiene conciencia de que va a morir. Enfrentarse a ello le permite asumir proyectos radicales que pueden calificar el conjunto de su vida.

5) Unamuno pensaba que todo ser humano desea la inmortalidad, y ello lleva a desarrollar un "sentimiento trágico de la vida", ya que desear la inmortalidad sabiendo que se debe morir es una paradoja imposible. Pero no se puede dejar de pensar en ella; por eso, dicho pensamiento es trágico.


La muerte, un problema inútil

Frente a las posturas anteriores, algunos filósofos han insistido en la idea de que pensar sobre la muerte no debe ocupar nuestros esfuerzos. Para todos ellos, lo importante es reflexionar sobre la vida:

1) Epicuro creía únicamente en la realidad material y en la experiencia sensible. La muerte ocurre siempre, pero no podemos experimentarla. Y es que cuando nosotros estamos vivos, la muerte no es todavía nada para nosotros. En cambio, cuando se produce la muerte, nosotros ya no existimos. Por eso, la filosofía debe ayudar a eliminar el pensamiento de la muerte como fuente de turbación y angustia.

2) Spinoza afirmó que la filosofía debía ser siempre una "meditación sobre la vida". La muerte es inevitable, pero pensar sobre ella resulta inútil. Lo importante para la filosofía es dilucidar cómo podemos vivir mejor y cómo podemos ser felices. Pensar sobre la muerte no nos ayudará a ello.

3) Sartre elaboró, en El ser y la nada, una perspectiva interesante sobre la muerte. Afirma que la muerte no es, en realidad, una propiedad personal del que muere. Cuando se produce la muerte, yo no soy ya nada, porque he terminado mi existencia. En cambio, la muerte permite que los otros me juzguen y que formen una opinión sobre mí. Pero esto no me afecta: es un problema de los otros, no es un problema mío. Pensar sobre la muerte es pensar sobre algo cerrado e inevitable, que no ayuda a vivir mejor.


Dos teorías biológicas sobre el envejecimiento

La biología actual maneja dos teorías para explicar el proceso de envejecimiento que lleva a la muerte:

1) La primera de ellas es la "teoría de la acumulación de errores", que afirma que el envejecimiento es resultado de una serie de fallos acumulados a lo largo de la vida celular.

2) La otra se denomina "teoría de la activación genética programada", que considera el envejecimiento un proceso provocado por la actividad de genes malignos que son causantes del envejecimiento y de la muerte de los organismos.

martes, 8 de agosto de 2023

Miguel de Unamuno (1864-1936)

Escritor y filósofo bilbaíno, miembro de la Generación del 98. Señaló la importancia del deseo de inmortalidad de los seres humanos. Este deseo imposible convierte la vida humana en una tragedia y hace de las paradojas y las contradicciones necesarios componentes de la existencia.