sábado, 28 de junio de 2025

Metafísica

Todos sabemos que existen objetos y seres individuales. Para conocerlos, disponemos de nuestra capacidad de conocer, del uso del lenguaje y de los datos científicos. Sin embargo, hay una pregunta esencial para el ser humano: ¿qué es la realidad?

El análisis del problema de la realidad es el objeto de la metafísica, la más abstracta y compleja disciplina filosófica.

1. Introducción

Una de las más importantes preguntas que se hace la filosofía tiene por objeto comprender los rasgos comunes que posee todo aquello que "es", es decir, comprender el sentido de la realidad y de la trascendencia. Esa es la tarea de la metafísica.

La respuesta a este problema ha llevado a la construcción de grandes sistemas filosóficos que pretenden interpretar el conjunto de la realidad.

2. La ciencia y la realidad

A comienzos del siglo XXI, la ciencia ofrece la imagen generalmente admitida de eso que llamamos realidad. Pero los descubrimientos y los logros de la ciencia abren la puerta a enigmas cada vez más complejos.

En la Antigüedad, todo lo que hoy denominamos conocimiento era atribuido a la filosofía, considerada la máxima forma de saber racional. Pero el progreso científico hizo que muchos conocimientos siguieran un camino independiente de la filosofía. Estos conocimientos se convirtieron en ciencias especializadas, y la suma de todas ellas ofrece una imagen cabal del mundo que nos rodea.

Sin embargo, hay cuestiones comunes a todas las ciencias que no se resuelven en un laboratorio. Son problemas muy generales, que se encuentran más allá de toda especialidad y que afectan a todas las ciencias. Señalemos algunos: ¿cuál es el origen de las cosas?, ¿hay diferencia entre ser y existir?, ¿cuáles son los principios básicos de la realidad?, ¿hay algo que permanece en medio de los cambios y modificaciones de las cosas? Y, sobre todas ellas, una muy difícil de responder: ¿qué es la realidad? Todas son preguntas que se encuentran "más allá" de la ciencia.

3. ¿Qué es lo que hay?: La pregunta por la realidad

Ante la variedad de cosas que nos rodean, se plantean dos preguntas importantes. Parecen sencillas, pero su respuesta es compleja:

1) Heidegger se preguntaba "¿por qué hay algo y no más bien hay nada?"; es decir, ¿qué supone el que "haya" cosas?

2) La otra pregunta se expresa de este modo: ¿cuáles son los rasgos de "lo que hay"?; es decir, ¿qué queremos expresar cuando decimos de algo que es "real"?

4. Lo real y la ilusión

Eso de la realidad parece sencillo, pues nosotros somos reales y vivimos entre cosas reales que nos afectan. Ahora bien, algunas de estas cosas existen y otras no. Y ambas, curiosamente, "son". Es decir, forman parte de "lo que hay". Consideremos tres ejemplos:

1) Mi bolígrafo, mis vaqueros y mis amigos son reales y existen. Es decir, poseen una realidad concreta, que puedo ver, tocar y sentir. Pero hay muchas otras cosas que son reales y no tienen esa existencia tan inmediata. Por ejemplo, mis sentimientos, mis miedos, mi pasado; todos ellos son reales, pero no tienen la misma existencia que los objetos materiales.

2) El asunto se complica más si pensamos que hay algunas cosas que no son reales, pero lo parecen y tienen influencia en nuestras vidas. Pensemos en un juego de la consola, en lo que aparece en la pantalla de nuestro ordenador o de nuestra televisión, en lo que hemos visto cuando visitamos un parque temático. Todas esas cosas no tienen existencia material, pero "son" de alguna manera. Es decir, forman parte de la realidad. Las llamamos realidades virtuales.

3) Por último, sabemos que hay ilusiones, alucinaciones, engaños. Algunos son positivos, como los deseos o las esperanzas. Otros son negativos, como las alucinaciones, que nos ocultan la realidad verdadera y nos hacen creer que ellas son la realidad. Pero ambos tienen relación con la realidad: son producidos por ella. Y muestran hasta qué punto la realidad puede ser fuente de engaños.

5. La realidad del mundo externo

Los problemas que se derivan de los ejemplos indicados han ocupado durante siglos el trabajo de los filósofos. Pueden ordenarse en una serie de posturas que permiten situar nuestra relación con la realidad. Mencionemos las más importantes:

1) Realismo del sentido común: Hay un mundo real y exterior a nosotros que es captado por los sentidos y analizado por la ciencia. Esta postura es la más habitual y extendida.

2) Escepticismo: Nuestros sentidos no nos proporcionan una imagen fiable del mundo externo; muchas veces nos engañan y nos hacen ver u oír cosas que no son reales. Por tanto, es preciso dudar de los datos que nos proporcionan los sentidos acerca del mundo exterior.

3) Idealismo: Cuando analizamos el mundo real, sólo contamos con nuestras ideas acerca de ese mundo. Por tanto, sólo existe el universo de nuestra mente y de nuestras percepciones. Es decir, únicamente existen nuestras "ideas" del mundo exterior. El mundo sólo existe cuando lo percibo.

4) Fenomenismo: No es posible ofrecer una imagen general del mundo. El mundo real no es más que el conjunto de "fenómenos" sensoriales y percepciones que de él podemos tener.

Estas posturas se encuentran en el origen de las discusiones acerca de la realidad y del conocimiento del mundo exterior. La pregunta por la realidad es el objeto de una rama especializada de la filosofía denominada metafísica.

viernes, 9 de mayo de 2025

El horóscopo y otras pseudociencias

En el periódico podemos leer las predicciones de los horóscopos, que podrían servir para cualquier signo del zodíaco y para cualquier momento. Es una información, una predicción del futuro, basada en la posición relativa de los astros en el sistema solar. Su pretensión científica se basa en la influencia de la radiación planetaria en los genes y en el carácter de las personas.
El horóscopo es una de las múltiples formas de adivinación del futuro, como las líneas de la mano, la bola de cristal, el tarot, etc. Existen también otras muchas prácticas que pretenden contactar con el "más allá", como son la magia, los hechizos, los contactos extraterrestres, las apariciones y demás fenómenos parapsicológicos y ciencias ocultas. Todos ellos son tan antiguos como la curiosidad, el miedo y la credulidad.
Si observamos de cerca un horóscopo, encontraremos enseguida profundas diferencias con la ciencia. Y también con el valor antropológico que se da a la religión desde la filosofía. Mario Bunge establece una distinción muy clara entre el proceder científico y el pseudocientífico. La pseudociencia invoca entes inaccesibles a la observación empírica, no somete sus especulaciones a contrastación, no cambia sus principios cuando fallan o ante nuevos hallazgos, y no es el resultado de un trabajoso proceso de análisis y matematización.
La lógica de las "mancias" o pseudociencias incurre en falacias. Citemos por ejemplo las predicciones vagas, que son tan imprecisas y frecuentes que se dan siempre ("En algún momento te sentirás feliz junto a los tuyos") y también la predicción múltiple, que alguna vez ha de acertar ("Serás feliz", "Tendrás amor", "Ganarás dinero", etc.).
Los psicólogos y los sociólogos insisten, por otro lado, en la función ilusoria y de sustitución que cumplen estas "mancias" ante la sensación de vacío e inseguridad de la sociedad contemporánea. La mentalidad postmoderna ha roto con los grandes sistemas políticos y religiosos, dejando un vacío ideológico que permite el resurgir de estas pseudociencias.

sábado, 3 de mayo de 2025

El buen uso del lenguaje en filosofía

Se puede decir que el lenguaje es una conversación colmada de secretos; a veces, nos entendemos con medias palabras, y otras, nos malentendemos con discursos muy largos. Todo lenguaje se desenvuelve entre la transparencia y la ocultación. El lenguaje es un conjunto de signos que no siempre representan el significado de modo ajustado y, por eso, llama con frecuencia al engaño.

El uso que hacemos de las palabras y de los enunciados también es a menudo una fuente de error. No es lo mismo utilizar el término fuego para pedir lumbre que gritar "¡Fuego!" en una sala abarrotada de público. Por otra parte, la ambigüedad del lenguaje es tal que muchas veces se usa para ocultar realidades desagradables o inconvenientes.

El lenguaje esconde trampas y malentendidos aun cuando se use con voluntad de verdad; por eso, la función de la filosofía es su clarificación. La filosofía vela para que el lenguaje describa correctamente la realidad y no sea un teatro de ilusiones y errores.

Sugerencias para el buen uso del lenguaje en filosofía

A continuación, vamos a proponer algunas pautas para el buen uso del lenguaje en el discurso filosófico:

  1. Debe utilizarse para elaborar ideas, no para confundir como, parece ser, hacías los sofistas. Cuando algo se puede exponer con un término sencillo y claro no acudir a otro oscuro y complicado.

  2. Resistir la tentación de la imprecisión, pues conduce al error. No darse por satisfecho hasta encontrar la expresión adecuada. Éste es un proceso que conlleva muchas revisiones. Los lenguajes filosóficos se caracterizan por la constancia en la verdad y el ejercicio de la crítica.

  3. Desenmascarar las trampas del lenguaje, como, por ejemplo, la creencia en objetos abstractos, que no por tener un nombre son reales; la confusión de ámbitos, generalmente el mental y el físico; la definición sesgada de términos por para deducir conclusiones favorables, o la mezcal del lenguaje-objeto, que habla del mundo, y el metalenguaje.

  4. Analizar supuestos y presuposiciones. Es una tarea previa a la formulación de hipótesis y a la elaboración de un discurso. Se trata de advertir los supuestos implícitos en nuestro pensamiento, de ordenarlos y de constatar lo que puede ocurrir cuando no se diferencia entre presuposiciones y hechos.

  5. Aceptar el pluralismo en la expresión del pensamiento. Algunos filósofos hacían preguntas para ayudar a engendrar la vedad en el otro. Tal fue el caso de Sócrates. Otros se confiaron al arte de la metáfora, como Heráclito o Nietzsche. Otros elaboraron abstractos discursos perfectamente ensamblados, como Hegel o Spinoza.

lunes, 30 de diciembre de 2024

Las revoluciones científicas del siglo XX

En el siglo XX se han producido tres grandes revoluciones que han cambiado el modo de entender la realidad:

  1. En el ámbito de la física, las teorías de la relatividad y cuántica originan un nuevo concepto de la estructura del universo y de la materia.
  2. En el ámbito biológico, la bioquímica y la genética muestran la vida como resultado de la complejidad y autoorganización de la materia.
  3. En el ámbito humano, la revolución digital y las neurociencias relacionan la conciencia con la física y la biología, respectivamente.

1. La teoría de la relatividad

Albert Einstein, a partir del descubrimiento del efecto fotoeléctrico, llegó a la conclusión de que la luz se comporta como onda y como partícula, y su velocidad es constante. Era el inicio de la teoría de la relatividad.

Según la teoría especial de la relatividad, no hay ningún movimiento absoluto, ni ningún punto de referencia fijo, como exigía la física de Newton. Y, por tanto, no existen el tiempo y el espacio separados, sino un continuo espacio-tiempo. La masa y la energía son intercambiables, de acuerdo con la consabida fórmula:  E = m c²

La teoría general de la relatividad explica el movimiento acelerado de los cuerpos y, en especial, la gravedad como una curvatura del espacio-tiempo, representado, gracias a la nueva geometría, como un espacio cuatridimensional.

La comprensión de estos enunciados es poco intuitiva. Su elevada abstracción requiere de analogías para entenderlos. La relatividad de toda observación puede comprenderse si nos situamos en el interior de un tren y comprobamos que los postes de la catenaria parecen pasar más deprisa o más despacio según estemos quietos o caminemos dentro del tren.

2. La teoría cuántica

Esta teoría pretende explicar la estructura de la materia en el nivel atómico y subatómico. En 1900, Max Planck demostró que la materia absorbe o emite energía en unidades limitadas llamadas quanta. Más adelante, otros físicos, como Bohr, Dirac, Heisenberg y Schroedinger, llegaron a la conclusión de que la materia se compone de átomos, y estos, de pequeñas partículas muy próximas al límite de lo inobservable.

Estas partículas tienen una naturaleza dual: unas veces se comportan como puntos de masa y otras como ondas, de manera que sola una ecuación matemática puede expresarla. Esta ecuación no describe un comportamiento exacto, sino solamente una tendencia o probabilidad.

Heisenberg formula este carácter indeterminista del mundo subatómico en el llamado principio de indeterminación: "No se puede medir a la vez la velocidad y la posición de una partícula". Es decir, se puede predecir, bien la velocidad, bien la posición de una partícula, pero no ambas a la vez. Este descubrimiento supone el fin del determinismo.

3. El big-bang y la nueva imagen del universo

El gran reto de la física actual es la unificación de las teorías cuánticas y de la relatividad. La revolución cuántica trajo consigo el descubrimiento de dos nuevas fuerzas que se suman a las ya conocidas de la gravedad y el electromagnetismo. Estas son la fuerza nuclear "fuerte", que mantiene unido el núcleo del átomo, y la fuerza nuclear "débil", que actúa en el interior de los protones y neutrones del núcleo.

Las fuerzas nucleares "fuerte" y "débil" desarrollan una extraordinaria energía muy concentrada y de alcance muy limitado. En el otro extremo, la gravedad opera de forma inversa. No es la de mayor potencia, pero sí la de mayor alcance. Las fuerza electromagnética mantiene la cohesión de los átomos mediante la atracción y la repulsión de los protones y electrones, fenómeno que llamamos electricidad.

A estas cuatro fuerzas se les llama también metafóricamente "cuerdas", por su función energética de integración o enlace. La teoría de unificación más aceptada es la teoría de la supercuerda. Propuesta en la década de 1980, intenta describir la totalidad del universo como constituido por unas entidades abstractas semejantes a cuerdas, infinitamente pequeñas, que se encuentran vibrando y girando bajo una gran tensión. Las partículas serán estados vibracionales, nodos o puntos de oscilación de esas cuerdas.

Bajo esta misma perspectiva unificadora se sitúan las teorías sobre el origen del universo. La más consistente es la conocida como big-bang o gran explosión. En 1948, George Gamow, basándose en estudios anteriores sobre la radiación del fondo del universo, propuso una imagen de éste en expansión. El momento inicial fue una gran explosión de un punto primordial de energía casi infinita y materia casi nula, por tanto, de elevadísima densidad y temperatura.

El espacio-tiempo se originó en la misma explosión y con él las primigenias partículas y los primeros núcleos de hidrógeno y helio. En billonésimas de segundo se fueron constituyendo los átomos y, en virtud de la atracción de la gravedad, se fueron concentrando en estrellas y planetas. Este universo podría seguir expandiéndose o, previsiblemente, acabar en una implosión (big-crunch), en la que todos los elementos constituyentes retrocederán hasta fusionarse de nuevo en la partícula inicial.

4. Los agujeros negros

Un agujero negro es una deformación del espacio-tiempo causada por una estrella en extinción que al enfriarse provoca una gran campo gravitatorio. Todo cuanto se acerca a él, incluida la luz, es absorbido. Según Stephen Hawking, el universo es un continuo de infinitos y pequeñísimos agujeros negros, y lo que llamamos el vacío cósmico no es tal, sino el resultado de la neutralización de una partícula y su antipartícula. En los agujeros negros siempre se pierde una partícula o su antipartícula, borrándose así la mitad de la información e incrementando, por tanto, la naturaleza indeterminada de la materia. Incluso, a veces, el agujero se perfora abriendo paso a otros universos paralelos.

5. La revolución digital

La investigación teórica nunca ha sido separada de la técnica. Pero hoy día, la relación es tan estrecha que no se daría la una sin la otra. Así, hemos creado el término tecnociencia para indicar esta dependencia recíproca.

Actualmente, no es posible realizar una investigación sin la colaboración de complejos sistemas informáticos. La revolución digital es otra gran aportación de la tecnociencia en nuestro tiempo.

La digitalización consiste en reducir toda información a un sistema matemático basado en dos valores o dígitos: el uno y el cero. Estos valores numéricos se traducen, mediante un transistor, en impulsos eléctricos. Toda imagen, texto o sonido puede ser convertida en dígitos y procesada electrónicamente en los ordenadores, permitiendo cálculos y simulaciones inconcebibles por la mente humana.

Esta tecnología abre un nuevo universo: el espacio cibernético, semejante a una gran "retícula neuronal", una tupida red de conexiones libres donde la mente humana entra y sale cuando y donde quiere. Esta profunda transformación ha dado lugar a una visión globalizada del mundo y sobre todo a una situación de comunicación total.

En este especio cibernético, la televisión, la telefonía e internet cumplen una función mediadora entre la realidad física y la mente humana. En muchos casos, ya la realidad física va siendo sustituida por la realidad virtual. Así se va configurando una especie de "mente universal" como si de otro espacio infinito se tratara.

Las neuronas de nuestro cerebro funcionan como diminutos ordenadores conectados en red, y el espacio cibernético, como una actividad cerebral ejecutada por millones de neuronas artificiales. Incluso, se está planteando la conexión directa entre el ordenador y el cerebro.

En este contexto, se difuminan las fronteras entre lo material y lo mental, entre la máquina y la inteligencia. La relación entre inteligencia natural y artificial se constituye como lugar de encuentro de las revoluciones cuántica y digital. La energía, la materia y la información no son ámbitos tan dispares como aparecen ante el sentido común y, como veremos a continuación, también el ámbito de la vida está íntimamente unido a ellos.

6. La revolución biológica

La revolución biológica es el resultado de tres grandes aportaciones. La primera es la teoría de la evolución. Las otras dos surgen del campo de la bioquímica y de la genética.

En 1953, Stanley Miller logró sintetizar en laboratorio los primeros elementos de la vida, y con ello mostró la vida surgiendo de la materia. Estableció la relación entre química y vida. Consiguientemente, también la relación entre el origen del universo y el origen de la vida.

A partir del big-bang, los procesos oscilatorios de la energía y la materia cristalizaron en diminutas partículas que iniciaron un camino de complejidad y autoorganización que constituyen la prehistoria de la vida. Algunas de las primeras biomoléculas adquirieron, en virtud de esa complejidad, dos rasgos muy característicos de la vida: la replicación y la relación consigo mismas. El ser vivo adquiere interioridad y se convierte en un sistema abierto con propiedades emergentes. La conciencia sería una de estas propiedades.

Tanto la identidad como la replicación son posibles por la información o programación que posee la célula: el código genético. El descubrimiento de la doble hélice de ADN por Francis Crick y James Watson y el posterior desciframiento de sus secuencias o genes han sido un paso decisivo en la explicación y el dominio de la diversidad biológica. Tal diversidad es el resultado de casi infinitas combinaciones de solo cuatro elementos o bases (adenina, citosina, timina y guanina).

domingo, 3 de noviembre de 2024

Los valores orientan nuestra vida

La experiencia de estar perdidos en el monte, o en un bosque, puede ser angustiosa. Aunque al principio tenga cierto sabor de aventura, conforme van pasando las horas se convierte en la pesadilla de no saber qué hacer ni hacia dónde caminar. El resultado puede ser la pérdida de la propia vida. Pero este tipo de situaciones puede prevenirse aprendiendo a utilizar los instrumentos de orientación, como la brújula y el mapa. Para ello es necesario entrenarse con ayuda de quienes ya saben manejar esas herramientas. De ese modo será más fácil encontrar el camino de salida.

De manera parecida, para no sentirse perdido en la vida personal y social, es preciso aprender a valorar lo que verdaderamente merece la pena y es necesario tomar como guía de la propia vida los valores y las normas que realmente nos humanizan. Los valores morales son la brújula y el mapa que nos ayudan a encontrar el camino de una vida mejor para todos.

1. Los valores nos sirven de guía

Una caravana en el desierto necesita un experto guía para llegar a su meta. En la vida moral, los valores que prefiramos orientan nuestras decisiones.

Las personas somos seres capaces de tomar decisiones y de adquirir hábitos de conducta. De ese modo construimos nuestro propio carácter y personalidad moral conforme a ciertos valores. Los valores son cualidades de las personas y de las cosas, por las que nos resultan atractivas (valores positivos) o repulsivas (valores negativos). La belleza de un paisaje, la generosidad de una persona y la justicia de una sociedad son ejemplos de cualidades valiosas o valores positivos. Muchos valores pueden ser incorporados a la vida personal y social si se hacen los esfuerzos precisos. Los valores positivos nos atraen, mientras que los negativos nos repelen; y aquellos que nos parecen superiores a otros nos llevan a preferirlos o a darles prioridad frente a los valores que consideramos inferiores.

Para conocer nuestra identidad personal y la de las demás personas o la de una sociedad, es fundamental saber qué valores son los preferidos, porque ellos configuran los modos de ser. Para averiguarlo hay que mirar a las acciones concretas: en nuestras elecciones diarias es donde se descubre qué es lo que verdaderamente preferimos. Esto es así porque los valores tienen un componente emotivo (mueven el sentimiento), un componente intelectual (son razonables) y otro componente experiencial (se les comprende mejor cuanto más se incorporan a la propia vida).

 Concepto de valores y normas  
Para modificar nuestras actitudes o adquirir otras nuevas, los hombres necesitamos un referente o una guía por la que orientarnos: los valores, que muchas veces se concretan en normas.
Los valores son cualidades de las cosas (por ejemplo, la belleza), de las personas (por ejemplo, la lealtad) o de la sociedad (por ejemplo, la solidaridad). Encontramos valores positivos y negativos, y unos valores nos parecen superiores a otros. Para comportarnos mejor y ser mejor persona, es necesario saber qué valores son los preferidos por la sociedad.
Las normas son reglas y deberes de convivencia que se deben seguir y a las que se deben ajustar las conductas, las tareas, las actividades, etc.

2. Hechos y valores

Para comprender mejor qué son los valores, hemos de subrayar la diferencia que hay entre describir hechos y hacer valoraciones. Por ejemplo, no es lo mismo relatar cómo es el físico de una persona expresando datos de estatura, peso, color de piel, color de pelo, etc. (hechos), que afirmar que la persona en cuestión «es insobornable» (valor) o bien que es «digna de toda confianza» (valor).

Al describir hechos estamos utilizando un lenguaje descriptivo que permite expresar datos fácilmente comprobables como verdaderos o falsos: «mide 1'80», «pesa ochenta kilos», «su pelo es castaño oscuro», etc.

En cambio, cuando hacemos juicios de valor estamos usando un lenguaje valorativo que indica orientaciones para la acción de uno mismo o de los demás. Porque si decimos, por ejemplo, «esta persona es insobornable», normalmente estamos indicando que valoramos positivamente la rectitud moral que esa persona muestra a través de sus comportamientos habituales, y al mismo tiempo estamos dando a entender que ese valor positivo debería orientar la conducta de cualquier persona, incluido uno mismo.

Con el lenguaje descriptivo decimos cómo es una realidad, mientras que el lenguaje valorativo nos sirve para indicar cómo debería ser. En el primer caso hablamos de cuestiones de hecho, mientras que en el segundo se trata de cuestiones de valor. En la práctica, ambos aspectos de la realidad aparecen mezclados, pero no conviene confundirlos.

3. Tipos de valores

El ejemplo de la persona insobornable tiene relación con los valores morales. En este caso, decir que esa persona tiene incorporado el valor de la insobornabilidad equivale a decir que dicha persona, hasta hoy, se ha venido comportando de una manera que consideramos moralmente positiva, a saber, ha sabido rechazar el soborno.

Pero existen también otros tipos de valores: económicos (eficacia, eficiencia, etc.), vitales (salud, vitalidad, energía, etc.), religiosos (santidad, fe religiosa, etc.), intelectuales (verdad, exactitud, rigor científico, etc.) y estéticos (belleza, elegancia, armonía, creatividad, etc.).

Para cada tipo de valores necesitamos criterios o cánones de valoración diferentes, que estudian las disciplinas correspondientes.

4. Los valores morales

Los rasgos característicos de los valores específicamente morales son los siguientes:

 Son valores que podemos incorporar, con mayor o menor esfuerzo, en la vida personal y social, a diferencia de otros valores que no dependen tanto de nosotros. No todas las personas pueden ser bellas, sanas o eficientes, por mucho que se lo propongan, y eso no significa que no puedan ser personas moralmente buenas. Porque, en el caso de los valores morales, sí que está en nuestras manos incorporarlos en la propia vida.
 Los valores morales sólo pueden ser cualidades de las personas, de sus acciones o de sus formas de relación, no de los animales ni de las plantas. Únicamente los seres capaces de elegir son libres y, por tanto, responsables de sus acciones. Sólo ellos pueden ser honrados, leales o buenos en sentido moral.
 Son valores que creemos que debería apreciar cualquier persona que desee realmente comportarse como tal. Cuando hablamos en serio de ser justo o de ser una persona respetuosa con los demás y con el medio ambiente, lo que estamos expresando es que toda persona debería apreciar esas cualidades y tratar de incorporarlas en su vida cotidiana.

Los valores pueden ser apreciados por todos, es decir, todas las personas pueden incorporarlos a sus vidas. Por tanto, los valores morales valen universalmente, es decir, todas las personas los pueden considerar igualmente válidos.

5. Normas morales

Una norma moral es cualquier imperativo que orienta la conducta de las personas para ir realizando valores morales. Por ejemplo, si pretendemos tomar en serio el valor de la igualdad, trataremos de cumplir la norma "No se debe discriminar a nadie por la raza, el sexo, el idioma o las creencias". Pero ha de hacerse en conciencia y no como una estrategia para lograr algún beneficio egoísta. Porque las normas morales no tienen nada que ver con posibles recompensas o castigos, sino que obligan a cada cual ante sí mismo: si uno las cumple, siente que se humaniza, y si no las cumple, siente remordimientos.

Esto lo veremos más claro si comparamos los principales tipos de normas:



sábado, 2 de noviembre de 2024

La ética epicúrea

La teoría del conocimiento nos ha indicado el modo de acceder al conocimiento de la realidad; la Física ha puesto de relieve la auténtica esencia del mundo y de los seres humanos, haciéndonos comprender que es absurdo temer los fenómenos naturales, la muerte y los dioses; la Ética, según los epicúreos, nos muestra el auténtico camino que conduce a la felicidad. Esta vía consiste, justamente, en procurar liberar al alma de todos los temores y de todas las preocupaciones para que pueda arribar a una situación de tranquila indiferencia o ataraxia (αταραξία).

La Ética socrática, platónica y aristotélica era activa y social y se desenvolvió en estrecha relación con la política: Sócrates, por ejemplo, salía a la plaza pública, a las termas, etc., a dialogar con sus convecinos sobre la virtud, la justicia, los deberes, etc.; en Platón, el sabio (el filósofo) aparecía comprometido en el gobierno de la sociedad; y según Aristóteles, el ser humano, por naturaleza, es "animal político". La moral epicúrea, por el contrario, intentó refugiarse en un individualismo alejado de todas aquellas preocupaciones. Epicuro predicaba la renuncia a toda actividad pública, la huida de la turba social y la retirada al Jardín de los Sabios. Según él, la verdadera moral debe conducir a la inactividad, a la imperturbabilidad, a la soledad o, si acaso, a la tranquila charla amistosa entre "los pocos sabios que son capaces de retirarse del mundanal ruido".

1. El placer

Decimos que el placer es el principio y el fin de la vida feliz. En efecto, de acuerdo con la naturaleza, él es el primer bien y él nos sirve de guía para llevar a cabo toda elección y todo rechazo y de acuerdo con él valoramos todas las cosas por el afecto que producen. Y puesto que por naturaleza éste es el primer bien, justamente por eso no elegimos todos los placeres, antes bien rechazamos muchos cuando de ellos se han de derivar mayores males para nosotros. Y preferimos algunos dolores si de soportarlos han de seguirse mayores placeres.
Diógenes LaercioCarta a Meneceo

La doctrina ética de Epicuro se fundamenta en las afecciones de placer y dolor que las sensaciones producen en los seres humanos: el placer es bueno y el dolor es malo. En este sentido, todos los seres humanos buscan el placer y huyen del dolor; la propia naturaleza muestra que tal principio posee una extensión universal, pues tanto los animales como los niños se comportan de este modo sin ningún tipo de aprendizaje.
Pero, ¿qué se entiende por placer? De modo primario y radical, el placer corpóreo, el "placer de la carne" o el "placer del vientre". Este autor entendió por placer un estado negativo en el que no se experimenta absolutamente dolor en el cuerpo ni perturbación en el alma; pero las primeras formas, y las más terribles, de dolor y de perturbación son las que se derivan de la carencia de los bienes necesarios: alimentos, agua, vestidos; es decir, las primeras causas de dolor y perturbación son sufrir hambre, sed, frío... en consecuencia, el primer modo de placer consistirá en la satisfacción de dichas necesidades o, lo que es lo mismo, en lograr el equilibrio fisiológico de tener satisfechas las necesidades elementales y en manera alguna de exaltar los placeres de las personas viciosas, intemperantes o ambiciosas.

2. Placeres del cuerpo y placeres del alma
Epicuro distinguió entre los placeres y dolores del cuerpo y los del alma; los primeros guardan relación directa con las afecciones que produce la sensación y permanecen localizados en los órganos adecuados (el dolor se produce en una parte concreta del cuerpo: en el estómago si tienes hambre, en el rostro si se ha recibido un golpe en él, etc.); los placeres y los dolores del alma, en cambio, se refieren a la parte intelectiva y poseen un carácter duradero, flexible e independiente. El cuerpo no puede sufrir ni gozar otros dolores ni placeres que los presentes. El alma, en cambio, puede sufrir y gozar con placeres pasados, pues gracias a su capacidad de memoria y de previsión puede ignorar la situación actual del cuerpo, recordando situaciones pasadas de signo opuesto.


En sentido estricto, es posible afirmar que los únicos dolores y placeres existentes son los corporales, pues, en último término, los placeres y los dolores del alma no son más que placeres o dolores del cuerpo recordados o anticipados. En consonancia con estas ideas, Epicuro podía asegurar que para ser feliz toda la vida es suficiente con haberlo sido un instante, pues nuestra alma puede recordar una y mil veces la experiencia pasada y, de este modo, volver a ser feliz: el recuerdo de los placeres gozados puede borrar los dolores presentes. Pero también puede suceder lo contrario, que los deseos negativos que anidan en nuestra alma (odios, envidias, ambiciones...) perturben el bienestar actual.

Quien hace ocultamente algo contra la mutua convención de no dañar ni ser dañado, de nada sirve que se oculte, pues aunque esté oculto durante algún tiempo, no es seguro que lo pueda estar hasta su muerte.
EpicuroMáximas capitales

3. Deseos naturales y deseos no naturales
No todos los placeres son iguales, sino que existen placeres superiores y placeres inferiores; por tanto, se trata de elegir de modo conveniente los placeres adecuados sin dejarnos llevar por deseos inmediatos; pues algunos placeres son fuente de dolores y ciertos dolores origen de placeres. En este sentido, Epicuro estableció una triple distinción entre los deseos humanos, a saber: deseos naturales y necesarios, como beber cuando se tiene sed, abrigarse cuando se tiene frío...; deseos naturales no necesarios, que surgen de las preocupaciones por la vanidad y el lujo (son naturales los deseos de comer y beber, pero no es necesario el deseo de procurarse alimentos exquisitos ni sabrosos licores); y deseos ni necesarios ni naturales, que son los que se originan a causa de opiniones o juicios desmedidos, por ejemplo, deseo de riquezas y honores, ansia de poder, etc.
A este respecto, Epicuro proscribía los deseos no necesarios y minimizaba los necesarios, debemos huir de los exquisitos banquetes, anular el amor a las riquezas, cargos y honores, evitar el matrimonio, la intervención en políticas, etc., porque todos ellos son fuente de dolores y turbaciones. Además, señaló la conveniencia de tener satisfechos los deseos necesarios, pues la carencia de alimentos, agua y vestido dificulta enormemente la vida placentera; no obstante, recomendaba moderación y conformidad con poco. Como vemos, el hedonismo de Epicuro se encuentra en las antípodas de un mundo como el nuestro, obsesivamente preocupado por el lujo, el consumo, el derroche...

4. La elección de los placeres

Cuando decimos que el placer es el fin, no queremos entender los placeres lujuriosos y libertinos, como dicen algunos ignorantes de nuestra doctrina o contrarios a ella; sino que unimos la ausencia del dolor del cuerpo con la tranquilidad del ánimo. No son los convites ni los banquetes, ni el disfrute de muchachos y mujeres, ni de pescados y otros manjares que pueden darse en una suntuosa mesa los que hacen dulca la vida, sino un sobrio raciocinio que investiga perfectamente los motivos de toda elección y de todo rechazo.
Diógenes LaercioCarta a Meneceo

Para ser felices no basta cualquier clase de placeres, sino que mientras unos favorecen la felicidad, otros propenden a perturbarla. En consecuencia, debemos saber elegir, esto es, calcular adecuadamente entre los placeres y los dolores que se nos ofrecen. Este cálculo es llevado a cabo por la prudencia racional.
Vemos, pues, que también en Epicuro, siguiendo la tendencia de casi toda la filosofía griega, aparece un cierto intelectualismo moral, la elección la lleva a cabo la razón o el intelecto: la persona sabia y prudente, por una parte, sabe escoger y, por otra, siempre es dichoso. Las desgracias de los seres humanos se deben a los deseos desordenados, es decir, no elegidos conforme a la razón; pero vivir de este modo es vivir de modo irracional y convertidos en esclavos de nuestras pasiones y deseos. La persona sabia, al contrario, de acuerdo con los dictados de la naturaleza, se aleja de todas las preocupaciones y busca la autarquía (αυτἀρκεια), la autosuficiencia, pues sabe que no puede esperar nada de los dioses ni de los otros seres humanos, y la autarquía conduce a la ataraxia, a la imperturbabilidad: vivir indiferente a los avatares del mundo y de la sociedad; "para ser feliz vivamos escondidos", nos viene a decir Epicuro, ya que el sabio sólo aspira a vivir en la amistad de otros sabios; pues "de todas las cosas que nos ofrece la sabiduría para la felicidad de la vida, la más grande es la adquisición de la amistad".

Todo deseo inquieto y molesto se disuelve en el amor a la verdadera filosofía... Nadie debe dilatar el filosofar de joven ni sentirse cansado de hacerlo de viejo; pues nadie es nunca demasiado joven para buscar la salud del alma ni demasiado viejo para dejar de hacerlo. Y quien dice que la hora de filosofar aún no le ha llegado o que ya le ha pasado, es semejante a quien dice que todavía no le ha llegado o que ya se le ha pasado la hora de ser feliz.
EpicuroEpístola a Meneceo

5. El tetrafármacos
El camino para arribar a la autarquía y a la ataraxia lo resumió Epicuro con los cuatro preceptos (el tetrafármacos) siguientes: a) no temer a los dioses: los dioses ni tienen molestias ni se las producen a nadie; b) no temer a la muerte; c) los males y los dolores son breves, pues el dolor agudo o se acaba pronto o pronto acaba con nosotros; d) el bien es fácil de lograr, consiste en no prestar atención al dolor y en alejarse de él mediante el recuerdo de los pasados placeres.

Nada es la muerte para nosotros, pues todo mal y todo bien se hallan en la sensibilidad y la muerte es la privación de la sensibilidad.
Diógenes LaercioCarta a Meneceo

En conclusión, la ética de Epicuro era hedonista; ahora bien, el hedonismo así entendido, contra lo que frecuentemente se afirma, resulta profundamente ascético y hasta heroico, sin duda alguna alejado de los ideales y de las capacidades de la inmensa mayoría de las personas. Se trata, efectivamente, de buscar el placer, mas los epicúreos sabían que el placer sin norma ni medida es poco consistente y fácilmente nos convierte en esclavos; en consecuencia, se impone ser prudentes, conformarse con un mínimo de placer y procurar conseguir el dominio de nosotros mismos.

jueves, 12 de septiembre de 2024

Isaac Newton (1642-1727)

Físico británico que realizó la gran síntesis científica de la Edad Moderna, completando las aportaciones de Galileo. Formuló las leyes del movimiento y la ley de la gravedad, precisando que los fenómenos celestes y terrestres seguían las mismas leyes. Asimismo, estableció los principios esenciales del método científico, que debía combinar la experimentación y la formulación de hipótesis.