domingo, 12 de marzo de 2023

Dos tipos de realidades: naturales y culturales

La distinción entre la naturaleza y la cultura se presentó como un criterio para distinguir dos realidades: aquella en la que intervienen los seres humanos, la cultura, y aquella ajena a lo humano, la naturaleza.
A partir de la consolidación de un concepto objetivo de cultura, se dan varias formas de entender su relación con la naturaleza:
1) Algunos autores acentúan la oposición entre naturaleza y cultura, estableciendo la cultura como la frontera infranqueable de separación entre los seres humanos y el resto de animales. Se trata, sobre todo, de aquellos que consideran que la cultura tiene que ver con la capacidad de utilizar símbolos abstractos. Así, por ejemplo, Karl Popper, cuando formula la teoría de los tres mundos, sitúa en el mundo 3 el conocimiento objetivo (conjunto de los datos almacenados en libros, películas, etc., que constituyen el fundamento de la objetividad). Éste sería el mundo de la cultura, un espacio autónomo, producto de la creación humana, frente al mundo 1, de las entidades físicas, y al mundo 2, de los estados mentales.
2) La cultura puede ser vista como un elemento integrado en la naturaleza, no considerada como algo ajeno a ella. Desde esta perspectiva, se hablará de culturas animales, entre las que se encuentra la humana. Ésta es la línea en la que trabaja la etología.
3) La cultura se puede considerar un producto emergente del proceso de evolución natural, un producto que se constituye como algo completamente distinto de aquello de lo que ha surgido. Se buscará la excepcionalidad de los productos culturales humanos. En la actualidad, algunos pensadores subrayan que la relación entre naturaleza y cultura no debe entenderse de forma antagónica, sino más bien dialéctica. El proceso de hominización puede ser visto como un camino de relaciones entre naturaleza y cultura. La cultura emerge de un proceso natural y, a su vez, vuelve a actuar sobre ese proceso natural. Del mismo modo, todo comportamiento humano es resultado de la interacción entre componentes biológicos y culturales. El ser humano es un individuo biocultural.

jueves, 9 de marzo de 2023

La cultura como producto social: un espacio exclusivo de los humanos

En el proceso de hominización, los seres humanos se han caracterizado por ser creadores de un espacio cultural propio que paulatinamente se ha ido objetivando. De esta manera, la cultura, que es un producto de la naturaleza, acaba presentándose como algo distinto y opuesto a ella.
En un sentido amplio del concepto de cultura, no habría ningún problema en reconocer que un nido construido por un gorila, es cultura de igual manera que lo es una casa humana.
La diferencia fundamental entre la cultura animal y la humana reside en la complejidad de las producciones culturales humanas, así como en la capacidad para su acumulación facilitada por el lenguaje.
Es precisamente el uso de símbolos lo que ha hecho, además, que la cultura humana cambie de forma relativamente rápida.
La formulación de la idea de cultura objetiva se elabora en el ámbito de la antropología cultural y de la sociología. Una de las definiciones que más repercusiones ha tenido es la siguiente:
Cultura es "aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las ciencias, el arte, el derecho, la moral, las costumbres y todos aquellos hábitos y actitudes que el ser humano adquiere en cuanto miembro de una sociedad".
Partiendo de esta definición, podemos señalar una serie de características de la cultura humana:
1) La cultura es un todo complejo: es un conjunto de elementos de diferente índole relacionados entre sí.
2) La cultura trasciende lo orgánico-corporal: el ser humano amplía sus capacidades biológicas de supervivencia mediante la cultura. Y, además, construye una serie de instrumentos que le sirven para mejorar sus posibilidades adaptativas.
3) La cultura es un producto social: aparece en el momento en el que hay un entramado de relaciones sociales. La cultura está constituida, por un lado, por todo aquello que el individuo adquiere a través del aprendizaje en un contexto social y, por otro lado, por todos los objetos, instituciones y relaciones que se generan en este contexto. Por tanto, un sujeto aislado no puede dar origen a una cultura, que es el resultado de la interacción social.

domingo, 5 de marzo de 2023

Instintos, lenguaje y símbolos: aprendizaje y cultura

En el caso del ser humano, la evolución biológica ha sustituido progresivamente el instinto, como respuesta heredada, por el hábito, como respuesta aprendida.

El proceso de hominización puede ser considerado, por tanto, como un camino de progresiva liberación de la dependencia del medio externo. La evolución ha hecho a los seres humanos fundamentalmente culturales.

Los seres humanos nacen con un número reducido de instintos. Algunos sociólogos consideran que un recién nacido sólo tiene dos instintos: chupar y llorar. El resto es cultura. Los etólogos han luchado contra esta idea buscando las conductas preprogramadas del ser humano.

Sin embargo, hay una peculiaridad que determina el proceso de la evolución cultural humana. El ser humano introduce entre el estímulo y la respuesta un elemento nuevo: el símbolo. Los humanos viven en un medio ambiente lingüísticamente conformado.

Con el lenguaje se accede a información que no hace falta experimentar, lo que permite el conocimiento por asimilación como forma específica de adquisición de cultura de los seres humanos.

El lenguaje es el depósito del conocimiento que permite transmitir información y acumularla de generación en generación. Esta característica abre paso al proceso de humanización y a la constitución de un mundo básicamente cultural.

Con el desarrollo de la cultura, el ser humano consigue adaptarse a cualquier ambiente. A partir de la interacción de un conjunto de individuos entre ellos y con los elementos presentes en su entorno se generan unos modos de actuar y se producen unos instrumentos que facilitan la supervivencia del grupo. Se constituye una cultura, que se acumula generación tras generación, hasta el punto de que el mundo de los humanos parece exclusivamente cultural, ajeno a la naturaleza.

Ahora bien, a partir del desarrollo de la sociobiología y de las investigaciones con primates, las fronteras entre naturaleza y cultura basadas en la distinción entre innato y aprendido se disuelven, porque hay conductas que, a pesar de ser innatas, necesitan de un ambiente adecuado para desarrollarse; por ejemplo, la capacidad de construir nidos de los gorilas.

La distinción entre aprendizaje y herencia no sirve para establecer una diferenciación radical entre culturas humanas y culturas animales en sentido objetivo, en tanto que algunos animales son capaces de aprender ciertas conductas que, por tanto, son culturales, no innatas. Por ejemplo, un chimpancé puede utilizar una ramita para extraer termitas del termitero, y este comportamiento no es innato, sino aprendido de otros chimpancés.

lunes, 27 de febrero de 2023

Alfred Louis Kroeber (1876-1960)

No es necesario ningún argumento para demostrar que unas cosas de nuestra vida y constitución proceden de la naturaleza, a través de la herencia, y otras nos llegan a través de agentes con los que la herencia nada tiene que ver. No se ha encontrado todavía nadie que afirme que el ser humano nace con un conocimiento inherente de la tabla de multiplicar.

A. L. Kroeber, Lo superorgánico

domingo, 26 de febrero de 2023

De la naturaleza a la cultura: el aprendizaje

El enfrentamiento entre naturaleza y cultura a veces se ha presentado como la disyunción entre aprendizaje (cultura) y herencia (naturaleza). Podemos considerar válida esta distinción en el ámbito de la cultura subjetiva.

La cultura subjetiva se constituye con aquellos conocimientos que adquiere el sujeto a través del proceso de aprendizaje, situándose frente a todo aquello que es producto del instinto o innato. La naturaleza sería lo programado genéticamente, lo que se adquiere durante el desarrollo embrionario.

El debate acerca de la relación entre los aspectos naturales (instintivos o biológicos) de los seres humanos, frente a lo que representa la cultura (educación o sociedad) es muy antiguo, casi tanto como la reflexión sobre qué es el ser humano.

Todos los animales necesitan extraer información del medio en el que viven para mejorar sus posibilidades de supervivencia. A medida que se sube en la escala evolutiva, la capacidad de adquirir conocimiento y de intervenir en el entorno se va haciendo más compleja y creativa.

Muchos animales se comportan exclusivamente de acuerdo con conductas determinadas genéticamente. Ante una situación ambiental se desencadena siempre la misma respuesta. Por ello, carecen de capacidad para controlar de forma voluntaria la mayor parte de sus conductas. Aunque los instintos no definan por completo todas sus acciones, muchos animales nacen preparados para actuar de una manera concreta ante las situaciones que van a encontrar en el nicho ecológico en el que viven. Su aprendizaje se reduce a encadenar unas respuestas con otras.

Las conductas innatas limitan las posibilidades de respuesta. Es la capacidad de aprender la que permite actuar libremente. El aprendizaje hace posible la construcción de la cultura. Solo los animales con esta capacidad generan cultura.

Los mecanismos de aprendizaje de la cultura se basan en los siguientes procesos:

  1. Educación, o enseñanza consciente y programada, mediante la que se adquiere una conducta nueva en función de las consecuencias que de ella se deriven. Se trata del aprendizaje por condicionamiento: un comportamiento adecuado es reforzado por algún tipo de premio o para evitar un castigo.

  2. Imitación de otro sujeto: este tipo de aprendizaje requiere un importante grado de desarrollo del cerebro que permita descubrir la intencionalidad que subyace bajo la conducta a imitar. Esta es la forma habitual de transmisión cultural entre animales.

  3. Asimilación de la información, comunicada oralmente por un emisor o presente en libros, discos o cualquier otro soporte material. Esta última posibilidad es exclusiva de los seres humanos, porque requiere una serie de capacidades como el uso del lenguaje, el razonamiento lógico, etc.

jueves, 16 de febrero de 2023

Sigmund Freud (1856-1939)

Neurólogo y psiquiatra austriaco, creador del psicoanálisis. Sus trabajos mostraron la influencia del inconsciente sobre el psiquismo y abrieron el camino a una nueva interpretación de la conciencia y del sujeto humano. Propuso la necesidad de un análisis crítico de la cultura y la sociedad humana basada en la importancia del deseo y su represión.

lunes, 13 de febrero de 2023

Historia de las relaciones entre las ideas de naturaleza y cultura

En la Grecia clásica, los sofistas habían distinguido entre lo que es convencional o cultural (variable de una sociedad a otra, como las leyes, las costumbres, etc.) y lo que es por naturaleza, permanente y universal, común a todos los seres humanos. Aristóteles, a su vez, había distinguido entre dos tipos de entes: los que son producto de la naturaleza y los que son producto de las acciones del ser humano, de la técnica.

Durante mucho tiempo, el concepto de naturaleza se configuró como lo opuesto a la cultura, y viceversa. El dualismo cartesiano distingue entre cuerpo y mente. Por un lado, el cuerpo realiza las funciones "naturales" (respirar, comer, etc.). Por otro lado, están los procesos mentales y sus producciones, relacionados con la capacidad de simbolizar de la mente humana. De este modo, se abre una distancia entre los animales, todos ellos seres naturales, y los humanos, fundamentalmente seres culturales.

Rousseau, acentuando la oposición entre lo natural y lo cultural, afirma que cuanto más desarrollo cultural presenta un pueblo más alejadas se encuentran sus gentes de la felicidad y de la moralidad naturales. Por ello, propone una vuelta a la naturaleza.

Ahora bien, Herder puso de manifiesto que tanto la naturaleza como la cultura son componentes del ser humano. La cultura es la segunda naturaleza de la humanidad, el ámbito creado por ella misma. También para Marx la cultura es una segunda naturaleza, ya que el ser humano es un animal social que produce sus propias condiciones de vida.

Por el contrario, pensadores como Freud considerarán la cultura una fuente de represión de la naturaleza. Para este autor, el ser humano es un animal con instintos sexuales y agresivos. Para facilitar la convivencia social, la cultura debe reprimir esas disposiciones primitivas. Pero esta represión obligada causa malestar y culpabilidad.

Esta visión pesimista de la cultura, enfrentada a la naturaleza, es recogida también por la Escuela de Frankfurt. Habermas denuncia que el peligro de la cultura occidental reside en el creciente interés por el dominio de la naturaleza subyacente en el conocimiento y en la acción, y subraya el peligro de que este dominio instrumental eclipse los demás intereses de la humanidad.